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Aulas de papel

La gestión de Iris María Lima al frente de la DGE resulta uno de los ámbitos más conflictivos de la gestión de Celso Jaque. Las constantes polémicas y el posicionamiento de la educación en medio del fragor de la lucha política no parecen contribuir al rol que la escuela debería tener en una sociedad que aspira a eliminar desigualdades y a potenciar con inclusión y capacitación su futuro.
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“Para cambiar el mundo de la escuela pública se requieren al menos tres ingredientes: a) hay que saber qué hacer y cómo hacerlo; b) hay que tener voluntad política y poder efectivo; c) hay que movilizar recursos varios y significativos (al menos gente competente, tecnologías adecuadas, dinero y tiempo suficientes). Sin estos requisitos, las reformas se quedan en los papeles y nunca llegan a las cosas, es decir, a las aulas”.

Emilio Tenti Fanfani (En La educación media en la Argentina: desafíos de la universalización)


La educación sigue siendo en la provincia un espacio de experimentación y contienda, en el que especialmente la gestión de Celso Jaque no ha logrado encontrar el tono, ni el tiempo de la discusión que le permita encarar sus acciones sin ingresar en un despeñadero del cual (y como se puede presumir) no sale si no golpeado y tambaleante.

Desde un primer momento, la cartera encabezada por Iris María Lima produjo un sinnúmero de modificaciones que resultaron opinables para los especialistas, y polémicas para maestros, padres y alumnos. El rápido recuento arroja en la memoria ítems tales como la educación sexual, los libros de apoyo, la merienda escolar, la doble escolaridad, entre otros, y cuyo límite parece haberse superado con los vapuleados exámenes globales. Un debate que se dio en medio de una denuncia de un supervisor, ratificada ante la Justicia Federal, de utilización de niños para el tráfico de drogas en las escuelas.

Lo cierto es que a pesar de haber impulsado un pacto educativo que se presentó como la posibilidad de una política de Estado en la materia, esta área parece ser un enorme talón de Aquiles del gobierno provincial, y una constante fuente de rispidez que terminó de coronarse esta semana cuando, además, el Consejo Provincial de Educación votó negativamente la eliminación de los globales.

El asunto hizo entrar en crisis a la directora general de Escuelas, quien a pesar de expresar su desazón con lágrimas, al día siguiente ratificó la medida aduciendo que la decisión del Consejo no es vinculante, y que está muy bien escuchar las distintas opiniones, pero que la línea oficial establecida está clara y por ahí se avanzará.

Más allá de la “anécdota”, lo que parece en todo caso estar en crisis es la fenomenal pérdida de tiempo y esfuerzo que supone exponer un área tan sensible y estratégica al fragor cotidiano del juego de gobierno y oposición. Como si en todo caso lo que se jugara aquí no fuera el futuro de la provincia y de las próximas generaciones, sino algo muchísimo menos importante, y por ende prescindible y descartable.

La DGE es hoy para Jaque un escenario de constante puja en la opinión pública que esta semana se verá nuevamente en conflicto ante la cita en paritarias y el ya anunciado paro de 48 horas del SUTE aún sin fecha, que incluye como reivindicaciones desde aumento de sueldos hasta liquidaciones erróneas de haberes (motivo por el que escracharon a Lima hace días en plena Casa de Gobierno). Todo esto, no hace más que configurar un panorama complejo, de declaraciones cruzadas y pulseadas de gran esfuerzo y escasa gratificación para los actores, y mucho menos para sus destinatarios: los mendocinos.  

No en vano, diversos analistas consideran que Lima es una de las funcionarias que menos crédito tendría para seguir adelante en su puesto, precisamente por los constantes tropiezos y resistencias que al parecer, muchas de las medidas que ella y su equipo toman, tienen en el sector y la comunidad educativa.

Como bien indica el especialista de la UNESCO, Emilio Tenti Fanfani, la tarea de recuperación de esa institución fundamental de la conformación social argentina, como ha sido la escuela pública, requiere –en serio- asumir algunos cuantos compromisos reales que no parecen ser los que hoy encuentran los padres que envían sus hijos a clase.

¿Sabe el gobierno de Celso Jaque qué hacer y cómo hacer en materia de política educativa? El propio gobernador ha expresado sus deseos y su compromiso con una escuela inclusiva, de calidad y exigente; sin embargo, las medidas y la opinión de aquellos que trajinan a diario las escuelas, como de los que han dedicado su vida a la problemática educativa parecen desmentirlo. El tiempo dará la razón a unos o a otros, pero mientras tanto, la polémica asusta por lo que ello implica en términos de tiempo que no se dedica a la solución de problemas.

Asimismo, la voluntad política y el poder efectivo de un gobierno legítimo parecerían haberse diluido en el mismo arranque, cuando en el nombramiento de Iris Lima habría sobrevolado la influyente figura del obispo de San Rafael, Eduardo María Taussig. Una especie periodística que en su momento cobró fuerza y que de ninguna manera fue desmentido por los aludidos. 

Respecto a los recursos varios, la discusión parece centrarse como siempre en las asignaciones presupuestarias que terminan derivándose de manera importante para sueldos e infraestructura, y que sin embargo olvida la capacitación de los docentes, pero también la capacidad de los funcionarios, o la incorporación de tecnologías que ya tienen carácter de doméstico para los chicos pero no para esos mismos chicos en su rol de alumnos.

Finalmente, por estos días, Mendoza corre el gran riesgo que marca Tenti Fanfani de que tanta discusión y debate, fricción y ensimismamiento técnico, no llegue a las aulas. Este sería el precio final de lo que al menos aparece como erróneo en la elección de los ejecutores y en la orientación de una política que está enunciada pero que no puede corporizarse en un intento concreto de transformación.

De ser así, reparar el daño final puede ser más problemático que haber incorporado correcciones y advertencias a tiempo. No tanto en términos del rédito de una gestión, sino de lo que queda después que esa gestión se va, ya sea porque cumplió su ciclo o porque cambiaron las condiciones políticas que la hicieron posible. Lamentablemente, no sólo las reformas, como dice Tenti Fanfani se quedan en los papeles, sino que la desazón y el desencanto siguen repitiendo el eterno sinfín de frustración que la escuela promete superar, pero que por diversas razones, en la práctica no podemos ni siquiera comenzar a vislumbrar. Como un papel, se la puede llevar el mismo viento.