Presenta:

EE. UU. y sus peleas entre presidentes y vices

La Argentina debate, con una gran disposición de análisis que satisfacen todos los gustos, qué hizo, qué hace y qué debería hacer el vicepresidente Julio Cobos.

Los juicios periodísticos se adelantaron a los que seguramente hará la historia. Los más cercanos al Gobierno lo llaman “traidor”, sin más. Los más lejanos lo ascienden al rol de “superhéroe” y los que pretenden ser justos, hablan de su independencia como “representante de un partido aliado, no un apéndice”.

Ese debate se dio en los Estados Unidos. Y el análisis de lo que ocurrió en su historia, ya sea por casualidad o por destino (o bien por cualquier otra cosa), fue contado dos días antes en una nota periodística distribuida por el área de comunicación del Departamento de Estado Norteamericano (algo así como su "Ministerio del Interior"), UsInfo.

Con la firma de Michelle Austein, el texto fue titulado: “Proceso para seleccionar a un vicepresidente ha evolucionado con los siglos Antes un vicepresidente solía ser un adversario y no un aliado del presidente”

Arranca con una analogía que pareció fabricada a la medida de las necesidades argentinas: “Imagine si en las elecciones de 2008 los estadounidenses eligieran a un presidente demócrata y a un vicepresidente republicano. Si los ejecutivos principales fueran de dos partidos distintos, para la Casa Blanca sería  difícil presentar un mensaje unificado y las batallas políticas podrían causar retrasos en el proceso de gobernabilidad”.

Inmediatamente después, enumera los casos en que llevar de segundo en la fórmula para los primeros cargos de aquel país, resultaron un problema.

“Originalmente –escribió Austein- el candidato que terminaba segundo por la cantidad de votos en los colegios electorales era nombrado vicepresidente. Los fundadores del país parecían creer que esto aseguraba una vicepresidencia con credibilidad y del agrado de la gente y que quizá ayudaría en una sucesión ordenada”.

Rememora que “en 1796, el federalista John Adams se convirtió en presidente y Thomas Jefferson (ambos, en la imagen de la izquierda), del entonces partido demócrata-republicano, obtuvo la vicepresidencia. En el cargo Jefferson asumió el papel de líder de la oposición y dedicó gran parte de su tiempo a planificar su campaña contra Adams para la próxima elección”.

Cuenta luego que “en la elección de 1800 Jefferson y su compañero de fórmula Aaron Burr pertenecían al mismo partido político. Sin embargo, Burr y Jefferson recibieron cada uno la misma cantidad de votos en el colegio electoral y las reglas indicaban que para romper el empate tenía que votar la Cámara de Representantes. Esto despertó animosidad entre ambos ya que la Cámara de Representantes votó más de 30 veces antes de elegir ganador a Jefferson”.

“Rompedores de empates”

El artículo de UsInfo dio que cuenta de cuál es la misión de los vicepresidentes en la cultura estadounidense. No hay muchas diferencias con la realidad argentina, que, en realidad, reflejó sus principios constitucionales en el espejo norteamericano.

“Uno de los pocos deberes constitucionales del vicepresidente es emitir votos para romper empates en el Senado”, escribió Austein, para continuar luego con el relato histórico que venía fundando su opinión: “Burr se enfadó con Jefferson y se dedicó a votar en el Senado para romper empates en contra de las decisiones del presidente.

Para evitar este tipo de problemas en el futuro, Jefferson se dedicó a lograr la aprobación de la 12ª enmienda de la Constitución de Estados Unidos en 1804. La enmienda determina que los candidatos presidencial y vicepresidencial deben presentarse juntos en una boleta electoral”.

...Ypor eso cambiaron

Finalmente, el artículo dio cuenta de que para evitar aquellos problemas, desde el siglo pasado los candidatos a vice los elige quien obtiene la nominación para la primera magistratura.

“Los líderes del partido –señaló la nota de prensa- intentan influir la elección al sugerir candidatos que ayuden a equilibrar la fórmula y atraigan a votantes de distintas regiones del país o con diferentes antecedentes ideológicos”.

Nuevamente la historia demostró los peligros de un vicepresidente con pensamiento propio:

• “En principio, candidatos como el republicano Dwight Eisenhower en 1952, permitieron que los líderes del partido dieran una lista de candidatos adecuados de entre los que hacían su selección final”.

• “Después de 1952, los candidatos tendieron a elegir a sus compañeros por su cuenta, invitando discretamente a posibles nominados a vicepresidente a reuniones informales y eligiendo la persona con la que se sintieran más a gusto”.

• “En 1968, el candidato republicano Richard Nixon dejó perplejos a sus colaboradores cuando les anunció que le pediría a Spiro Agnew (ambos, en la foto de arriba), entonces gobernador de Maryland, que fuera su compañero de fórmula, pocos minutos antes de dar la noticia al país”.

Habas se cuecen en todos lados

Un caso de enfrentamiento entre los números uno y dos de la fórmula, ocurrió en estados Unidos en 1972.  Austein escribió que ese año “el demócrata George McGovern seleccionó al senador Thomas Eagleton (ambos, en la foto de la izquierda), para enterarse luego de haber hecho su anuncio que Eagleton había sido tratado con terapia de electrochoque para la depresión. Dos semanas más tarde, Eagleton fue eliminado de la boleta electoral”.

Como remedio contra ese tipo de inconvenientes que pueden empujar al abismo a toda una gestión gubernamental, la autora de la nota del Departamento de Estado norteamericano dijo que “los candidatos presidenciales Barack Obama y John McCain tienen la ayuda de un equipo encargado de hacer una lista de precandidatos, que hace entrevistas preliminares y completa exhaustivas investigaciones sobre los posibles seleccionados para identificar debilidades que puedan perjudicar a la campaña”.