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Eclipse total de Cobos

El vicepresidente destella en el espacio con su mayor fulgor, mientras las figuras de Néstor y Cristina Kirchner se opacaron por su presencia. Más acá, muchos diputados y senadores apenas superaron el examen de Astronomía y el fatigado Celso Jaque ya no sabe cómo hacer para que alguna lamparita lo pueda hacer brillar.

Esta semana pasará a la historia como una de aquellas más emblemáticas y conmovedoras de la democracia argentina. Sin dudas, estará en el ránking junto con la Semana Santa y el ataque a la La Tablada durante la presidencia de Raúl Alfonsín; la de la declaración de los indultos de Carlos Menem; la renuncia de Chacho Álvarez primero y de Fernando De la Rúa después; o la hiperactiva de Adolfo Rodríguez Saá, entre otras.

Sin embargo, y más allá de las opiniones o interpretaciones, cuando se hable de lo que pasó, no podrá obviarse la figura del ex gobernador de Mendoza, el vicepresidente Julio Cobos. Su voto en contra del proyecto oficial de retenciones móviles para las exportaciones de granos, lo han convertido no sólo en un nuevo astro en la constelación política argentina, sino también (y según el telescopio con el que se mire) en un héroe o en un traidor.

Tamaña dicotomía, y el amplísimo rango de epítetos con el que se lo califica o se describe las sensaciones que genera, ha procurado que necesariamente su figura ocupe el centro de la escena no sólo política, sino también pública del país.

Pero lo cierto es que tal vez lo que sorprende, shockea, seduce o irrita es que con ese voto pronunciado con voz temblorosa, entre aprietes y medianoche, Cobos decidió más que votar en contra del gobierno del que forma parte, ir en contra de la lógica del poder, al menos el político. Claro, podrán decir sus detractores que desairó al poder político pero le guiñó un ojo al poder económico, aunque sin embargo, si algo ha demostrado este conflicto es que la irreductibilidad del análisis del blanco y el negro, no ha sido suficientemente explicativo de las razones por las cuales un país se dividió de una manera tan rotunda y tan tajante.

¿O acaso se puede decir, por citar un ejemplo rápido de un diputado y senador que votaron a favor del gobierno, que Eduardo Borocotó o Ramón Saadi, son claros exponentes del proyecto nacional, popular y progresista? Justamente, el oficialismo cayó en la trampa del discurso polarizado y tribunero que Néstor Kirchner ideó para contener una tropa que se desgajaba a diestra y siniestra.

A Cobos eso no pareció alcanzarle, y ya sea por convicción o por conveniencia, decidió dar un salto al vacío que le ha redituado en lo inmediato, pero nadie puede asegurarle que así sea en el largo plazo. Asegura que privilegió el consenso y la pacificación, pero lo cierto es que con alto costo personal, tomó una opción difícil y arriesgada en la que su intuición más que su análisis parece haber sido determinante.

El resto de los mendocinos no fueron la excepción y por razones diversas decidieron acompañar o no el proyecto oficial tanto en Diputados como en Senadores. En la mayoría de sus intervenciones y salvo honrosas justificaciones tanto de uno como de otro lado, sus actuaciones mostraron la tristeza institucional y la real debilidad democrática que significan las listas sábanas, o los arreglos de cúpulas con los que se liman diferencias internas en los partidos. Mendoza merece y necesita elevar la calidad de algunas representaciones que cada lector juzgará convenientemente y que parecen claras tras el fin del proceso.

Porque cuando de estos asuntos se trata, en el que el interés de la provincia parece verse afectado, se percibe que ciertas batallas no se pueden dar con algunos soldados, más allá del lugar que cada uno ocupe. Sin embargo, el protagonismo de Patricia Fadel, Omar De Marchi y Laura Montero en Diputados, o el correlato de Marita Perceval o Ernesto Sanz en el Senado, parece haber quedado muy por encima de la perfomances de otros colegas. De ahora en más se podrá ver en cuánto los benefició o perjudicó haber optado por lo que cada uno optó. Pero lo que sí queda claro, es que al menos sus papeles tuvieron la relevancia que otros no pudieron, no quisieron o no supieron cumplir en esta hora del país.

Celso Jaque, por su parte, volvió a quedar mal parado cuando a todas luces quiso hacer profesión de fe kirchnerista y acompañó sin ninguna crítica un proyecto polémico que nunca logró convencer a la opinión pública y mucho menos a la clase media, que también –como en el caso de la presidenta Cristina Fernández- parece encontrar allí sus principales escollos. Para colmo de males, tras los postres, la figura de Cobos, su archirival, apareció bendecida con las mieles del éxito y ese fervor popular que al malargüino le resulta tan esquivo en los últimos tiempos, lo que termina de confirmar una sensación de derrota política.

Tal vez el gobernador pueda sacar de aquí una lección que podría resumirse en la obligación de anteponer los intereses provinciales a la fidelidad partidaria. Pues, y ni siquiera este es el caso de otros colegas gobernadores (oficialistas o no tanto) que aprovecharon la crisis y obtuvieron de la Nación jugosos aportes para sus siempre necesitadas arcas. Jaque tampoco hizo negocio, simplemente adhirió para demostrar que es el mejor alumno. 

Cobos, por su parte, deberá enfrentarse ahora al dilema que implica recomponer su relación con el oficialismo sin convertirse en un ermitaño del poder. Y en términos más pragmáticos, resolver qué hacer con la Concertación y los radicales K ante la furia del PJ y el recelo aún latente de la UCR. En fin, todas incógnitas que se develarán con el tiempo.

Por ahora, estas estimaciones quedan sólo para el análisis cuando por encima flota, omnipresente e imposible de ser inadvertido, el eclipse total de Cobos. Un fenómeno que sucede cuando un astro se interpone entre otros dos, por ejemplo cuando la Tierra se interpone entre el Sol y la Luna. Algo que parece haber ocurrido en esta ocasión cuando Cobos se abrió paso entre Néstor y Cristina, borrando a uno y anulando a otro. ¿Su efecto durará algunos minutos siderales o será el comienzo de una catástrofe planetaria?