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Seis meses de Cristina, Scioli y Macri: todos a marzo

Esta semana la Presidenta, el gobernador bonaerense y el Jefe de Gobierno porteño cumplen seis meses en el poder. La crisis del campo contamina la percepción generalizada, pero en síntesis ninguno de los tres aprueba aún la materia gestión, herramienta principal del gobernante de este siglo.
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Aclaro desde el inicio. Es mucho más fácil ser periodista que político. Nos dedicamos a buscar información, observar, relatar, preguntar y encima, cuando nos dejan la pelota en el arco, nos pavoneamos criticando y la chusma nos felicita.

Conseguimos trabajo por esfuerzo o por contactos pero jamás nos exponemos a que millones de personas nos digan en la cara si nos aprueban o desaprueban como les pasa a ellos (los políticos) cada vez que se enfrentan a una elección.

Ahora bien tampoco tenemos tanto poder. Podremos ser más o menos creíbles, queridos o no por la sociedad, etc, pero ni nuestras decisiones ni nuestras palabras por mejor ensambladas que estén cambian la vida de ningún ser humano, ni de ninguna provincia, y mucho menos de una Nación. Ergo, señores, bánquensela. O cambien de oficio…

Los números son odiosos. Pero también claros. Hablemos entonces en números.

La recaudación total del país pasará de unos 120 mil millones de pesos en el 2005 a casi 280 mil este año. Es decir, habrá aumentado una vez y media (150%).

En ese mismo período las retenciones al agro pasaron de recaudar unos 6 mil millones a casi 35 mil. Es decir, se incrementaron en su volumen casi un 600% (seis veces más).

El gasto público subió de 70 mil a casi 190 mil, casi tres veces más (un 300%). Y los intereses de la deuda se duplicaron (de 10 mil a 19 mil). Sólo para que vayamos teniendo en cuenta el próximo año tendremos que refinanciar unos 11 mil millones de dólares (esos son los vencimientos de la deuda).

Repasemos razonando: todo esto significa que en estos cuatro años el agro duplicó su importancia en el rubro ingresos al arca nacional, que pasamos de gastar un 60 a casi un 70 por ciento de lo que recaudamos anualmente sólo en el funcionamiento estatal y encima se nos duplicaron los servicios de la deuda. Si esto nos sucediera a cualquiera de nosotros en nuestros hogares, estaríamos pensando en que llegó el momento de moderar los gastos para evitar un desbalance financiero de nuestra economía.

Esto le está pasando a CFK. Pero con estos números en la mano, se pelea con el sector que más suma a su recaudación, no da muestras ni siquiera de querer empezar a gastar un poco menos (y no me refiero al Bulgary italiano) y de la deuda ni habla…

La explicación militante tanto de ella como de Néstor Kirchner sobre la pulseada con el agro es que están intentando redistribuir la riqueza. Tuvieron buenos golpes de efecto esta semana: “¿quién puede estar 90 días sin trabajar?”, se preguntó ella olvidando (o ignorando, lo que es aún peor) que ese mismo sector por cuestiones climatológicas como sequías o inundaciones puede estar paralizado hasta casi un año y sigue sobreviviendo. Lo insólito es que fue justamente esa cuenta la que hizo Kirchner delante de íntimos esta semana cuando osaron insinuarle que empezara a aflojar: “yo sin el campo puedo aguantar un año, pero ellos no llegan tan lejos…”

Ahora volvamos al análisis neurálgico desde el punto de vista kirchnerista. El aumento de retenciones no es redistribución de la riqueza. Es ignorancia política y económica. Si quisieran hacer progresismo podrían, como les insiste la Federación Agraria, aumentar el impuesto a las ganancias. Ahí hasta dividirían las aguas de las cuatro entidades: si esto se aprobara la que elevaría el tono de voz sería la Sociedad Rural, que en ese esquema sería, posiblemente, la más perjudicada.

Cuando CFK habla del subsidio al campo se refiere por ejemplo al precio del gasoil, pero la distorsión es tal que ese mismo subsidio hace que las autopistas suburbanas colapsen de autos de lujo gasoleros que van y vienen de los countrys al centro de Buenos Aires con el mismo subsidio…
En la matriz, el modelo kirchnerista es tan conservador como el menemista. No hay ni hubo redistribución de la riqueza. En todo caso lo que hubo fue un desplazamiento de los sectores productivos privilegiados. Los financieros y de servicios en la década del 90 y los petroleros, los proveedores del estado (obra pública) y el campo en estos últimos cinco años.

Cuando el episcopado se reunió esta semana para alertar por el momento de la Argentina, pensó más en dar una excusa para que se frene la pelea, por eso el reclamo a ambas partes por igual, que en terciar a favor del campo. En el fondo Jorge Bergoglio siente que el conflicto no sólo sobrepasó todos los límites, sino que entró en una espiral sin retorno y hasta teme violencia. No es para menos. “Miren que nosotros tenemos algo más que votos…”, alertó a la Iglesia esta semana un reconocido piquetero de La Mataza. Por eso y por las características personales de ambos Kirchner, Bergoglio sentencia en privado que el conflicto actual de la Argentina no es ni político ni económico sino “patológico”.

En estas condiciones el martes el gobierno K cumplirá seis meses de este segundo mandato. No habrá mucho que festejar, aunque los aniversarios siempre dan excusas. Lo mismo le estará pasando ese día a Daniel Scioli.

Según los sondeos a los que el gobernador es tan adicto como sus antecesores, el conflicto rural también salpicó su figura. En rigor la más enchastrada, literalmente, fue su mujer: huevazos de productores rurales llegaron a la avioneta con la que se trasladaba a principios de semana. Scioli siempre especialista como buen motonauta en flotar sin inmiscuirse en las rencillas domésticas (sus colegas lo suelen apodar corcho) sufrió el apriete de varios intendentes del interior. El propio Néstor Kirchner fue quien los tuvo que volver a ordenar. Ni el gobernador ni sus subordinados están en condiciones de enfrentar el poder central: las perspectivas siguen indicando que Buenos Aires necesitará ocho mil millones para terminar su año fiscal. Ese es el déficit proyectado, demasiado para tolerar independencia política.

A lo sumo, puede hacer gestos. Como hizo esta semana forzando una foto con Mauricio Macri en la firma de un convenio en el que nadie lo esperaba porque era entre el jefe de gobierno y el intendente de Lanús…

Pero el margen de maniobra política de Scioli llega hasta ahí. En cambio son varios los caciques peronistas del interior que ya hablan de listas diferenciadas del justicialismo en las próximas elecciones. Si la sangre no llega antes al río.

Y ahora sí vayamos de lleno a la oposición. Macri asumió el 9 de diciembre, adelantó su acto justamente para evitar que la asunción de Cristina le quitara protagonismo. Pero decir que Mauricio está gobernando hace seis meses es una falacia. Los seis meses finales del gobierno de Jorge Telerman fueron cogestionados por el macrismo. Es decir, que hace ya un año que PRO sabe de lo que se trata…

El tema es que a no ser por la aparatología publicitaria del último mes, esos carteles amarillos de “estamos Haciendo”, en donde se enfatiza la hache (referencia subliminal a Horacio Rodríguez Larreta?), la quietud de la gestión gubernamental en la ciudad es pasmosa. Los números otra vez son tiranos. De los once mil millones de gasto presupuestados llevan ejecutados menos del 20% y encima mandan a la legislatura pedidos de endeudamiento con distintos objetivos.

Macri es un hacedor, está claro sobre todo por sus resultados en Boca, el tema es que sus ministros casi todos provenientes de empresas privadas aún no logran dar con los botones de la burocracia estatal. Básicamente no entienden el funcionamiento administrativo del estado y se empantanan en resoluciones.

Encima no hay política. Si hasta el consultor ecuatoriano Jaime Durán Barbas está sorprendido por la inacción…Macri se da cuenta por eso las reuniones de gabinete matutinas del lunes son largas rabietas del jefe de gobierno cada día con un área distinta. Las encuestas siguen hablando bien de él y empiezan a hablar mal de su gestión, pero ¿cuánto tiempo tolera la opinión pública semejante esquizofrenia? La gestión es responsabilidad de quien conduce por eso los ministros son fusibles y seis mese dan para que alguno salte…

Pero por ahora el tablero de control de su propio Jefe de gabinete (una especie de relevamiento de objetivos que inventó Rodríguez Larreta) sólo enciende luces amarillas y alguno que otra roja.

Y llegamos al final. Y volvemos al principio. En este primer semestre de gestión, los principales referentes de la Argentina mirada desde el Obelisco (sí la nunca bien ponderada Argentina centralista) se llevan Gestión a Marzo…