¿Hacia una victoria pírrica del kirchnerismo?
Hace un mes y medio en este mismo espacio explicamos que el problema de la administración de CFK era de matriz económica general y no de política agropecuaria o retenciones (“No es el campo, estúpida”).
Hace dos semanas nos preguntábamos por la inacción de Julio Cobos en medio de la crisis: esa misma noche el vicepresidente empezó a ser protagonista llamando al diálogo con el campo.
La semana pasada dimos detalles de porqué finalmente la Presidenta decidió contra la voluntad de su marido enviar la polémica medida 125 al Congreso: revelamos que lejos de ser una medida de sagacidad política fue un manotazo de ahogado al enterarse que la Corte Suprema votaría en contra de la constitucionalidad de la medida. Hoy el dato es ratificado por uno de los principales columnistas políticos del país (ver columna de Van Der Kooy en Clarín edición dominical).
En la tradición del periodismo anglosajón no existe relación, ni contacto de ningún tipo entre los analistas y las llamadas fuentes. Son como dos líneas paralelas que comparten el espacio a distancia pero no hay intersección entre ellas. Los columnistas a su vez se hacen cargo o revelan sus simpatías o ideologías políticas. Es parte del pacto de transparencia y confianza intelectual entre el autor y el lector.
La Argentina dista de seguir esa escuela. Aquí las fronteras entre políticos, operadores y periodistas o analistas políticos están tan diluídas que muchas veces confunden a los que no están dentro del llamado “círculo rojo” (esa red de intelectuales porteños que influencian el poder).
Es decir que la prensa, que para cualquier sistema político maduro es el Cuarto Poder, en la Argentina es parte de “el” PODER. Esta es la explicación del porqué los políticos son capaces de gastar más en un buen vocero, o asesor mediático, que en un especialista en educación o agricultura. Y es por lo mismo que los que están en condiciones financieras directamente compran medios. Anhelan entrar por la puerta grande en el llamado “circulo rojo”.
Cuando Néstor Kirchner legó a la Casa Rosada, lejos de tener un plan de seducción hacia esa intelectualidad poderosa, utilizó el mismo mecanismo que con el resto de los tradicionales factores de poder: el terror y la extorsión. Desde el consabido manejo de las pautas institucionales (la inexistencia de apoyo a los productos de la Editorial Perfil son sólo un ejemplo), hasta la falta absoluta de contacto y por ende de flujo informativo, fueron parte de un plan orquestado para “destruir al enemigo”.
Mientras la economía y la política marcharon sobre ruedas, no hizo falta ser gurú para descontar lo que sucedería. El problema hoy es que con los puentes totalmente cortados entre los habitantes de la residencia de Olivos y el mentado “círculo rojo”, las brújulas empiezan a trazar distintos nortes de acuerdo al pulso de quien la tenga entre manos. Es decir, por primera vez, los analistas nos encontramos sin red: no hay explicaciones demasiado lógicas de lo por venir, los acontecimientos que cada vez son más sociales que políticos toman por sorpresa no sólo a los actores del poder sino también a quienes pretenden analizarlo. La comparación obvia entre Juan Carlos Blumberg y Alfredo De Angeli no alcanza. Uno fue un fenómeno urbano y clasista que terminó descuartizado por sus propios promotores, los medios. El otro irrumpe por aplastamiento y es funcional a los medios (porque tiene rating) pero no producto de…. Esta semana ya le marcó los límites al propio círculo rojo retirándose de un programa de televisión (A dos voces) antes de lo previsto.
Pero volvamos al momento actual y esta imposibilidad de tener certezas sobre el futuro más cercano. Los que creyeron que enviar la resolución 125 al Parlamento fue un acto de inteligencia política, pensaron que dentro de la lógica parlamentaria la Presidente se dejaría ganar en parte la pulseada para poder solucionar el conflicto del campo sin ser ella misma la que daba un paso atrás. Ahora que saben que la maniobra fue producto de la desesperación, entienden más cabalmente que nunca estuvo en la mente de los K perder en lo más mínimo la votación…
Esta semana el oficialismo, el post kirchnerismo y la oposición se convirtieron en expertos matemáticos. Todos sacaron cuentas sobre fuerzas propias, más o menos propias, y ajenas. Para los K los que votarán en contra son “traidores”, para la oposición los que levantarán la mano sin más son “mayoría automática”. El tema es que hay que despojarse de la aritmética y pensar en la foto del momento cumbre en que en la Cámara de Diputados se ponga a votación la resolución 125.
¿Vuelven las cacerolas?
Hoy todos los cálculos hablan de que K no llega al número necesario, es decir al 51% de los votos en la cámara, después del paso por las comisiones. Pero el problema mayor para que el conflicto se solucione no está en el oficialismo, sino en que aún no pudieron hacer fuerza conjunta los distintos actores de la oposición y del post kirchnerismo con la flamante alianza Felipe Solá-Julio Cobos a la cabeza (como bien anticipó a mediados de semana MDZ).
Nada indica que el ahora despabilado Congreso tenga hoy encaminada la solución al conflicto. Y los días pasan y la paciencia es poca. Ya no se trata sólo de escrachar a los legisladores que voten a favor o en contra de la 125, el tema es que una solución estructural al problema del campo no se puede inventar en sólo días y en medio de la batahola de carpas y más carpas alrededor del Congreso. Ergo, la clase política se encamina casi inexorablemente hacia otra desilusión de la sociedad. Y el kirchnerismo hacia la profecía autocumplida: ante la falta de política y la insistencia en la confrontación , si los K llegan a ganar la votación del parlamento y la 125 sólo se maquilla pero no se cambia en lo esencial, la victoria será pírrica.
Al camino sin retorno que ya tienen con las poblaciones rurales y la intelectualidad de las grandes urbes, se le sumará ese peronismo inquieto que como bien recuerdan todos ahora que reflotó la popular frase Mauricio Macri, “sólo acompaña hasta la puerta del cementerio pero no entra…”
Quizás sea este un buen momento para que CFK y NK vuelvan a leer la historia. Cuando el general Pirro venció por segunda vez a los romanos, en un rapto de sinceridad ante la lluvia de elogios griegos por sus victorias, confesó: “otra victoria como esta y estaré vencido…”