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¿El calor del poder o la hoguera de las vanidades?
Cobos y Jaque han experimentado esta semana la tibieza que reconforta y el ardor del descontento. El ejercicio de sus responsabilidades parece exigir, por estos días, un delicado equilibrio que les permita decidir aquello que está a punto y eso otro que es preferible desechar antes que se queme.
Es asombroso ver cómo los gestos del poder inciden en el humor de los dirigentes. Una sonrisa, un llamado, una demostración de afecto (obviamente, político) se transforma en un bálsamo que parece curar en salud tantos malos ratos que suele deparar la gestión. En tanto, cualquier omisión u “olvido”, implica depresión y malhumor.
Por vías paralelas, y en sentido opuesto, Celso Jaque y Julio Cobos vivieron esta semana la dulce y amarga sensación del amor y el desamor. A ambos pareció modificárseles el panorama en el que venían manejándose y sus territorios se movieron o se solidificaron según el caso. ¿Pero cuánto hay de real y cuánto de ilusorio en esa imagen que devuelve el juego de vanidades que suele ser la consideración pública, y en especial, de los intereses que ésta incluye?
En ese sentido, el periodismo parece ser un buen termómetro. La disposición de los dirigentes a dialogar y relacionarse con la prensa, parece ser inversamente proporcional con su ánimo y posicionamiento. Mientras Cobos (en realidad, algún asesor) se enojaba con algunos periodistas, Jaque volvía a charlar con ellos de una manera, digamos normal.
El vicepresidente pasó de estrella fulgurante del universo kirchnerista a sufrir un maltrato que a pesar de su negación, parece anticipar tiempos de ostracismo para el mendocino. Su actuación en torno al conflicto de las retenciones ha exasperado los de por sí poco tolerantes ánimos K, y su futuro aparece opaco.
El entorno más duro de Néstor y Cristina lo ve como un conspirador en las sombras, y dudan de sus buenas intenciones. Creen que su militancia del diálogo y el consenso no es más que una pantalla para su posicionamiento personal y –con él- de los radicales K.
Pasó de ser el hábil hombre de la apertura, el artífice de la Concertación, al blanco móvil de ministros nacionales como Aníbal y Alberto Fernández o el “kirchneristamente correcto”, Florencio Randazzo, quienes le apuntaron como si se tratara del jefe de la oposición.
Sin embargo, y a pesar del coro de aduladores patagónicos que incluye legisladores y gobernadores, Cobos tiene un rol institucional ineludible. A ello se aferra con denuedo: dijo públicamente que a él lo votó la misma cantidad de argentinos que a la presidenta… Lo que se dice, marcar la cancha.
En ese contexto, ya hay quienes en las márgenes del cobismo (y más allá también) creen que el paro del campo puede ser, ante el repliegue del kirchnerismo hacia la estructura del PJ, una oportunidad para encauzar ahora la nave de los radicales K y algunos aliados junto al socialismo de Hermes Binner y al ARI disidente, entre otras fuerzas “desencantadas”. ¿Audacia o Plan B?
Más allá del desenlace que pueda tener el conflicto que atrapa la atención nacional, el apotegma de que no hay peor astilla que la del mismo palo, crece entre los que imaginan la dificilísima interna que los Kirchner tendrán en el peronismo, con Duhalde, De la Sota y Reutemman mostrando sus uñas para generar una construcción política superadora del kirchnerismo en las legislativas del 2009.
Jaque, en tanto, pareció resucitar esta semana cuando desde la Casa Rosada lo convocaron para adelantarle dinero para crianceros de General Alvear, cinco millones de los 40 prometidísimos para seguridad y el anuncio de Los Blancos. Su tortuoso complejo pareció superado cuando tanto en Buenos Aires como en Mendoza, se mostró confiado, ganador, confirmando que su marcado oficialismo empieza por fin a rendir frutos.
Para él, que es un hombre que en todo momento ha sido respetuoso de lo que se disponga en Buenos Aires, los mimos y el reconocimiento de la presidenta fueron como si a un niño lo hubieran elegido abanderado. La caricia, no parece menor cuando otros gobernadores peronistas como Schiaretti o Das Neves parecen hacer rancho aparte. O tal vez allí se explique todo.
Sin embargo, su idilio con esa realidad duró poco. En Mendoza las cosas no habían cambiado demasiado: el conflicto en el sector de la Salud entró en fase más crítica, y agregó derivaciones extremas, como lo fue el repudiable escrache en el domicilio céntrico del gobernador. Una metodología a la que ningún hombre de la democracia debería ser sometido jamás, a menos que atente contra las instituciones o lo que ellas representan, que no parece ser éste el caso.
Sin embargo, eso no fue lo único que atenuó el triunfalismo jaquista. Desde la Dirección General de Escuelas, se conoció el “indulto” concretado para aquellos alumnos que no han rendido como corresponde en esta primera parte del año. Una decisión polémica, que –según explicaron- apunta a incentivar, pero lo cierto es que no hace más que castigar al que sí hizo los deberes y superó las exigencias. En fin, una perla más de una de las áreas más débiles del gobierno, en el que el rol de su responsable es tan triste como el efecto de algunas medidas ejecutadas hasta el momento.
Para colmo de males, un nuevo ataque a un taxista volvió a poner otra vez fuertemente en consideración el tema de la seguridad, de la que una encuesta difundida por la Escuela Latinoamericana de Seguridad y Democracia había mostrado su contracara. Pues el estudio que reveló Alejandro Poquet no sólo habla de la ineficiencia del Estado para combatir el delito, si no también para cuantificarlo, lo cual también es mucho. El sábado, una inmensa protesta de choferes paralizó la ciudad reclamando lo tantas veces reclamado por los mendocinos: vivir y trabajar en paz.
Así, y como suele suceder en la política, los gestos son simplemente eso si no se los canjea en ventanilla, al instante, por capital político constante y sonante. Cobos puede ser el objetivo a vencer del aparato kirchnerismo puro y duro, sin embargo, si el Congreso logra destrabar las retenciones, su figura puede tener un espaldarazo nacional inimaginable.
Por su parte, si Jaque cree que con los gestos de la Nación alcanza, cometerá un serio error. Su desafío debe seguir siendo reconcentrarse y orientar la gestión a fin de no tener una protesta en cada esquina, día por medio. Salud-Educación-Seguridad, parece ser su triángulo de las Bermudas, y hasta ahora, más que corregir, su gestión se ha encargado de negar, y por ende, chocar sistemáticamente. Si logra resolver este misterio, también podrá aspirar a más.
Mientras tanto, ambos deben dejar de mirarse al espejo y poner en sus roles toda la inteligencia y habilidad posible para no perder más combates que les aseguren padecer los mínimos efectos de la guerra que supone la disputa y el ejercicio del poder. La coyuntura los enfrenta a la disyuntiva de hacer historia, o dejar que la historia haga algo con ellos.
Pasó de ser el hábil hombre de la apertura, el artífice de la Concertación, al blanco móvil de ministros nacionales como Aníbal y Alberto Fernández o el “kirchneristamente correcto”, Florencio Randazzo, quienes le apuntaron como si se tratara del jefe de la oposición.
Sin embargo, y a pesar del coro de aduladores patagónicos que incluye legisladores y gobernadores, Cobos tiene un rol institucional ineludible. A ello se aferra con denuedo: dijo públicamente que a él lo votó la misma cantidad de argentinos que a la presidenta… Lo que se dice, marcar la cancha.
En ese contexto, ya hay quienes en las márgenes del cobismo (y más allá también) creen que el paro del campo puede ser, ante el repliegue del kirchnerismo hacia la estructura del PJ, una oportunidad para encauzar ahora la nave de los radicales K y algunos aliados junto al socialismo de Hermes Binner y al ARI disidente, entre otras fuerzas “desencantadas”. ¿Audacia o Plan B?
Más allá del desenlace que pueda tener el conflicto que atrapa la atención nacional, el apotegma de que no hay peor astilla que la del mismo palo, crece entre los que imaginan la dificilísima interna que los Kirchner tendrán en el peronismo, con Duhalde, De la Sota y Reutemman mostrando sus uñas para generar una construcción política superadora del kirchnerismo en las legislativas del 2009.
Jaque, en tanto, pareció resucitar esta semana cuando desde la Casa Rosada lo convocaron para adelantarle dinero para crianceros de General Alvear, cinco millones de los 40 prometidísimos para seguridad y el anuncio de Los Blancos. Su tortuoso complejo pareció superado cuando tanto en Buenos Aires como en Mendoza, se mostró confiado, ganador, confirmando que su marcado oficialismo empieza por fin a rendir frutos.
Para él, que es un hombre que en todo momento ha sido respetuoso de lo que se disponga en Buenos Aires, los mimos y el reconocimiento de la presidenta fueron como si a un niño lo hubieran elegido abanderado. La caricia, no parece menor cuando otros gobernadores peronistas como Schiaretti o Das Neves parecen hacer rancho aparte. O tal vez allí se explique todo.
Sin embargo, su idilio con esa realidad duró poco. En Mendoza las cosas no habían cambiado demasiado: el conflicto en el sector de la Salud entró en fase más crítica, y agregó derivaciones extremas, como lo fue el repudiable escrache en el domicilio céntrico del gobernador. Una metodología a la que ningún hombre de la democracia debería ser sometido jamás, a menos que atente contra las instituciones o lo que ellas representan, que no parece ser éste el caso.
Sin embargo, eso no fue lo único que atenuó el triunfalismo jaquista. Desde la Dirección General de Escuelas, se conoció el “indulto” concretado para aquellos alumnos que no han rendido como corresponde en esta primera parte del año. Una decisión polémica, que –según explicaron- apunta a incentivar, pero lo cierto es que no hace más que castigar al que sí hizo los deberes y superó las exigencias. En fin, una perla más de una de las áreas más débiles del gobierno, en el que el rol de su responsable es tan triste como el efecto de algunas medidas ejecutadas hasta el momento.
Para colmo de males, un nuevo ataque a un taxista volvió a poner otra vez fuertemente en consideración el tema de la seguridad, de la que una encuesta difundida por la Escuela Latinoamericana de Seguridad y Democracia había mostrado su contracara. Pues el estudio que reveló Alejandro Poquet no sólo habla de la ineficiencia del Estado para combatir el delito, si no también para cuantificarlo, lo cual también es mucho. El sábado, una inmensa protesta de choferes paralizó la ciudad reclamando lo tantas veces reclamado por los mendocinos: vivir y trabajar en paz.
Así, y como suele suceder en la política, los gestos son simplemente eso si no se los canjea en ventanilla, al instante, por capital político constante y sonante. Cobos puede ser el objetivo a vencer del aparato kirchnerismo puro y duro, sin embargo, si el Congreso logra destrabar las retenciones, su figura puede tener un espaldarazo nacional inimaginable.
Por su parte, si Jaque cree que con los gestos de la Nación alcanza, cometerá un serio error. Su desafío debe seguir siendo reconcentrarse y orientar la gestión a fin de no tener una protesta en cada esquina, día por medio. Salud-Educación-Seguridad, parece ser su triángulo de las Bermudas, y hasta ahora, más que corregir, su gestión se ha encargado de negar, y por ende, chocar sistemáticamente. Si logra resolver este misterio, también podrá aspirar a más.
Mientras tanto, ambos deben dejar de mirarse al espejo y poner en sus roles toda la inteligencia y habilidad posible para no perder más combates que les aseguren padecer los mínimos efectos de la guerra que supone la disputa y el ejercicio del poder. La coyuntura los enfrenta a la disyuntiva de hacer historia, o dejar que la historia haga algo con ellos.