Entre dichos y hechos, la política se examina a sí misma
Tras cien días de crisis nacional, falta de comprensión y excesos de protesta, las razones de ambas partes, y un repaso de las recientes posturas de nuestros hombres públicos. El protagonismo ¿real? de Cobos, la ubicuidad ¿necesaria? de Jaque y el difícil desafío que les espera a los legisladores nacionales por Mendoza.
La urgencia de la crisis nacional, punzada por movilizaciones que resultaron más o menos espontáneas según el cristal con las que se las mire, y la evidente fragilidad de la clase dirigente cuando -por la razón que sea- las masas toman alguna iniciativa, han sido algunas de las conclusiones a tener en cuenta de la semana que pasó, pero que influirán en la semana que vendrá.
Hay que celebrar que sea la política y sus hombres quienes tengan la llave que destrabe este cofre, aunque sin olvidar que justamente con sus decisiones y sus gestos, este embrollo significa hoy la fenomenal tragedia que divide y embarga al país. Un punto de inflexión en el que se demostrará quiénes pueden o no estar a la altura de las exigencias.
Hay que celebrar que sea la política y sus hombres quienes tengan la llave que destrabe este cofre, aunque sin olvidar que justamente con sus decisiones y sus gestos, este embrollo significa hoy la fenomenal tragedia que divide y embarga al país. Un punto de inflexión en el que se demostrará quiénes pueden o no estar a la altura de las exigencias.
Porque aquellos que están de acuerdo con la postura oficial se niegan a ver que detrás del reclamo de lo que de manera reduccionista se ha rotulado como “campo”, también se insertan otras demandas que tienen que ver con la discusión Nación-provincias, con esquemas federales de funcionamiento, y por ende con discusiones que incluyen desde la coparticipación a la contemplación de las particularidades de las economías regionales.
En tanto, los que acuerdan con los reclamos que elevan casi como un rosario de quejas las cuatro entidades agropecuarias nucleadas en la Mesa de Enlace, -salvo la Federación Agraria- parecen no advertir que es un ejercicio de responsabilidad social elemental establecer mecanismos que permitan redistribuir, efectivamente, de mejor manera la riqueza. Y que, experiencias al canto, es mejor un Estado árbitro que un Estado espectador. Porque se supone que el árbitro asegura condiciones equitativas para todos: los habilidosos y los limitados, los grandes y los chicos, los locales y los visitantes.
Así las cosas, puede pensarse entonces que toda la polémica desatada por este conflicto tiene mucho de modos y percepciones. En definitiva, de los acuerdos básicos que posibilitan una comunicación, una relación política o de otra índole. Y en este sentido, le corresponde a los funcionarios públicos la mayor responsabilidad, precisamente, porque representan al Estado, al interés colectivo, al reasignador por antonomasia, al natural catalizador de los problemas.
Tanta introducción viene a cuento para analizar algunas actitudes públicas de nuestros dirigentes que tal vez sirvan para poner de relieve sus dotes de hombres comunes con responsabilidades extraordinarias, como a cierta tradición republicana le gusta definir a presidentes, gobernadores, vices, legisladores, intendentes y concejales.
Mientras durante estos cien días Cristina Fernández incendió cuanto atril con micrófono tuvo a su alcance; su marido Néstor, lejos de procurarse un sitial institucional como ex presidente alternó barricada y picardía en dosis similares como para dejar bien sentado que ese poder “bifronte” que dice no entender, es ni más ni menos que una híbrida manera de ejercer el poder desde la lógica conyugal.
Nadie le pide que no defiendan sus ideas, pero sí –y en todo caso- que no todo disenso es golpista. Pero, sobre todas las cosas, que en una democracia aceitada, el Congreso no puede ser la última opción ante la disconformidad. Por el contrario, debe ser el cotidiano relato de un poder que se construye y se refrenda en cada iniciativa que se acuerda o se avanza.
Julio Cobos, cansado del incómodo papel que le está tocando jugar pues si bien comparte alguna de las razones que motivaron el maremágnum, ve que su estilo conciliador y acuerdista no tiene demasiada cabida entre la altanería subsidiada de los D’Elía o los Moyano. Desde ahí es que ofreció ser la opción de un oficialismo menos oficialista, que pudiera poner algo de cordura a la situación.
Los especuladores de siempre dudan que su carta abierta ofreciendo al Congreso como ámbito natural para el debate y el acuerdo haya sido un gesto espontáneo ante el caos de las rutas cortadas, los piquetes y los cacerolazos. Esos mismos refutadores de leyendas aseguran que se trató de una estrategia coordinada con los K para ofrecer una salida política que descomprimiera pero que no implicara al Ejecutivo ceder un centímetro de su propuesta original.
La historia que estudien nuestros hijos tendrá su versión definitiva, pero mientras tanto, Cobos parece haber encontrado un carril para hacer política en serio cuando parecía que su tarea era la de recibir a embajadores y delegaciones extranjeras. Los diarios nacionales lo destacaron y envalentonado, hasta convocó a los gobernadores para que dieran su opinión al proyecto oficial sobre las retenciones. Claro, ahí la presidenta volvió a enojarse y los gobernadores que habían dado el sí se excusaron sin dudar. Habrá que ver si ese carril descubierto por Cobos es –como imaginan los radicales K- una vía rápida para nuevas concreciones, o por el contrario, el duro y angosto sendero que lleve su protagonismo político a la vía muerta.
Más cerca, Celso Jaque sorprendió el martes con un discurso donde abundó en algunas definiciones de lo que él considera sobre el conflicto. Fustigó a los ruralistas, diferenció las necesidades de la Pampa Húmeda de las de Mendoza y ni si quiera se expidió sobre su asistencia al acto que había convocado para el miércoles el gobierno nacional. Fue Juan Marchena quien sí explicitó (tal vez enredando todo un poco más) que ellos irían a la Plaza si el que convocaba era Kirchner, pero no si el que los llamaba era D’Elía, como si a esa altura del partido pudieran establecerse disquisiciones de esa índole.
Al fin y al cabo, Jaque estuvo en Buenos Aires ratificando que no se moverá de su alineamiento como sí se atrevieron otros gobernadores peronistas como Mario Das Neves y Juan Schiaretti. Se supone que habrá evaluado costos y beneficios de su postura, y sin más explicaciones (y como ya es su estilo) prefirió lo conocido antes que lo bueno o malo por conocer.
Finalmente, vale traer a consideración la renovada atracción que hoy significan los diputados y senadores nacionales. Estos señores y señoras, desconocidos para el gran público, son objeto hoy de tironeos y recomendaciones de toda índole. Para no reiterar demasiado, vale decir que en su interior todos ellos saben que esta semana empiezan a jugarse su futuro político, y que tal conciencia, no deja de ponerlos un poco incómodos.
Afortunadamente, no podrán votar ni entre gallos ni entre medianoches, y sobre sus hombros ya cargados por la maquinaria partidaria, se sumará ahora los lobbys de los grupos de presión (desde las entidades productoras a las corporaciones pasando por las demandas de sus propios lugares de origen) y muy especialmente, las ambiciones de una sociedad dividida, pero que sin embargo siempre ha exigido diálogo, respeto y soluciones políticas.
Más allá de las conductas, y más acá del bronce que eterniza, éstos son los jugadores para este juego y quien muestre la hilacha no le alcanzará el tiempo para buscar explicaciones que ya no tendrá sentido dar. Sin embargo, habrá quedado la clara sensación que la democracia es algo más que el voto y que regalar protagonismo a quien no se lo merece puede ser el primer paso para atentar contra ella. Se acercan nuevos días claves y otra vez la política tiene la pelota. Ojalá esta vez sepa darle un buen destino.
Mientras durante estos cien días Cristina Fernández incendió cuanto atril con micrófono tuvo a su alcance; su marido Néstor, lejos de procurarse un sitial institucional como ex presidente alternó barricada y picardía en dosis similares como para dejar bien sentado que ese poder “bifronte” que dice no entender, es ni más ni menos que una híbrida manera de ejercer el poder desde la lógica conyugal.
Nadie le pide que no defiendan sus ideas, pero sí –y en todo caso- que no todo disenso es golpista. Pero, sobre todas las cosas, que en una democracia aceitada, el Congreso no puede ser la última opción ante la disconformidad. Por el contrario, debe ser el cotidiano relato de un poder que se construye y se refrenda en cada iniciativa que se acuerda o se avanza.
Julio Cobos, cansado del incómodo papel que le está tocando jugar pues si bien comparte alguna de las razones que motivaron el maremágnum, ve que su estilo conciliador y acuerdista no tiene demasiada cabida entre la altanería subsidiada de los D’Elía o los Moyano. Desde ahí es que ofreció ser la opción de un oficialismo menos oficialista, que pudiera poner algo de cordura a la situación.
Los especuladores de siempre dudan que su carta abierta ofreciendo al Congreso como ámbito natural para el debate y el acuerdo haya sido un gesto espontáneo ante el caos de las rutas cortadas, los piquetes y los cacerolazos. Esos mismos refutadores de leyendas aseguran que se trató de una estrategia coordinada con los K para ofrecer una salida política que descomprimiera pero que no implicara al Ejecutivo ceder un centímetro de su propuesta original.
La historia que estudien nuestros hijos tendrá su versión definitiva, pero mientras tanto, Cobos parece haber encontrado un carril para hacer política en serio cuando parecía que su tarea era la de recibir a embajadores y delegaciones extranjeras. Los diarios nacionales lo destacaron y envalentonado, hasta convocó a los gobernadores para que dieran su opinión al proyecto oficial sobre las retenciones. Claro, ahí la presidenta volvió a enojarse y los gobernadores que habían dado el sí se excusaron sin dudar. Habrá que ver si ese carril descubierto por Cobos es –como imaginan los radicales K- una vía rápida para nuevas concreciones, o por el contrario, el duro y angosto sendero que lleve su protagonismo político a la vía muerta.
Más cerca, Celso Jaque sorprendió el martes con un discurso donde abundó en algunas definiciones de lo que él considera sobre el conflicto. Fustigó a los ruralistas, diferenció las necesidades de la Pampa Húmeda de las de Mendoza y ni si quiera se expidió sobre su asistencia al acto que había convocado para el miércoles el gobierno nacional. Fue Juan Marchena quien sí explicitó (tal vez enredando todo un poco más) que ellos irían a la Plaza si el que convocaba era Kirchner, pero no si el que los llamaba era D’Elía, como si a esa altura del partido pudieran establecerse disquisiciones de esa índole.
Al fin y al cabo, Jaque estuvo en Buenos Aires ratificando que no se moverá de su alineamiento como sí se atrevieron otros gobernadores peronistas como Mario Das Neves y Juan Schiaretti. Se supone que habrá evaluado costos y beneficios de su postura, y sin más explicaciones (y como ya es su estilo) prefirió lo conocido antes que lo bueno o malo por conocer.
Finalmente, vale traer a consideración la renovada atracción que hoy significan los diputados y senadores nacionales. Estos señores y señoras, desconocidos para el gran público, son objeto hoy de tironeos y recomendaciones de toda índole. Para no reiterar demasiado, vale decir que en su interior todos ellos saben que esta semana empiezan a jugarse su futuro político, y que tal conciencia, no deja de ponerlos un poco incómodos.
Afortunadamente, no podrán votar ni entre gallos ni entre medianoches, y sobre sus hombros ya cargados por la maquinaria partidaria, se sumará ahora los lobbys de los grupos de presión (desde las entidades productoras a las corporaciones pasando por las demandas de sus propios lugares de origen) y muy especialmente, las ambiciones de una sociedad dividida, pero que sin embargo siempre ha exigido diálogo, respeto y soluciones políticas.
Más allá de las conductas, y más acá del bronce que eterniza, éstos son los jugadores para este juego y quien muestre la hilacha no le alcanzará el tiempo para buscar explicaciones que ya no tendrá sentido dar. Sin embargo, habrá quedado la clara sensación que la democracia es algo más que el voto y que regalar protagonismo a quien no se lo merece puede ser el primer paso para atentar contra ella. Se acercan nuevos días claves y otra vez la política tiene la pelota. Ojalá esta vez sepa darle un buen destino.

