Postales del DF: delitos y precios caros
Para un turista argentino México es una ciudad cara. Como suele ocurrir en la relación con casi todos los países del mundo, la relación del peso argentino con el dólar es significativo. Esto, a pesar de que el gobierno de Calderón mantiene barato el valor de la divisa norteamericana: el cambio en México es de $10,4 pesos por cada dólar.
Ya aquí las comparaciones nos llevan otra vez a nuestro país. La semana pasada estalló un escándalo mediático, cuando se supo que el gobierno había contratado funcionarios con sueldos que superaban los $110.000. Un diputado, gana $100.000 mejicanos. Es decir, más de U$S 10.000.
Comer en un restaurante no baja de U$S 50 dólares, una entrada al teatro cuesta alrededor de $500 pesos mejicanos y un viaje en taxi del aeropuerto hasta pleno centro de la Capital no cuesta menos de U$S 16.
Carlos Ciurca puede sentirse tranquilo
La ciudad arroja sin embargo, situaciones sorprendentes. Como si nada pasara a su alrededor, está pendiente del estreno de la nueva película de Gael García Bernal como director, El Déficit, y este domingo se podían ver a millares de mejicanos andando en bicicleta por las calles, impulsados por una política oficial que fomenta este tipo de actividades.
Por decisión del jefe de gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrad, una de las principales arterias de la ciudad, el paseo de La Reforma, se transforma los domingos por la mañana en una inmensa y extensa bicicenda por donde los locales salen a pasear aprovechando, por estos días, los templados días de fines de la primavera.
Pero como Latinoamérica es una sóla, una última perlita del gobernador de México que hizo enfurecer, entre otros, a los taxistas.
Como pasará en Argentina, México celebrará en 2010 el bicentenario de su independencia. Y para hacerlo, Ebrad decidió levantar a modo de homenaje una monumental torre en una de las zonas del casco histórico del DF, que no iba a hacer otra cosa que arruinar uno de los paseos tradicionales. “Pero no lo dejaron porque allí vive la gente de mucha lana”, reveló Carlos, uno de los tantos taxistas enfurecidos por la respuesta del jefe de Gobierno.
Como estaba empecinado con tener su monumento del bicentenario, Ebrad no tuvo mejor idea que ponerse a repavimentar uno de los caminos neurálgicos del DF, conocido como Circuito Interior, por donde circula buen parte del tráfico a lo largo de unos 50 kilómetros. Ese mismo camino pasará a llamarse “Circuito Interior del Bicentenario”.
La consecuencia es lógica: al endemoniado tránsito, se le agrega la complicación de una autopista de circulación rápida que se atora hasta los domingos a las 8 de la mañana. Y será una que, además, estará lista recién dentro de dos años.
“No hay caso, este Ebrad estaba emberrinchado con su monumento”, se lamentaba Carlos, mientras como podía, se abría paso entre el mar de autos.