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¿Celso Jaque es realmente kirchnerista?

Varias decisiones políticas que tomó desde que es gobernador ponen en duda su pertenencia política. Pero aún en sus épocas de senador nacional hubo hechos que lo pusieron en la vereda de enfrente del proyecto político que asegura acompañar.

¿Celso Jaque es realmente kirchnerista, o estamos  frente a un gobernador sólo funcional al proyecto político del matrimonio presidencial? La respuesta a esta pregunta es importante y necesaria para la provincia.

Muchos claroscuros ha tenido la relación entre Kirchner y Jaque desde que asumió el poder. Hasta entonces, pocos podían dudar de su adhesión al proyecto político del santacruceño. Aún permanece viva la postal de 2003, cuando el municipio que gobernaba Jaque (Malargüe) fue el único que le ofrendó una victoria electoral a Néstor en las elecciones presidenciales.

Pero cuando se adueñó de la Casa de Gobierno de Mendoza, el contexto político era otro: el mendocino preferido de los K había pasado a ser Julio Cobos, nuevo vicepresidente de la Nación. Y las decisiones políticas que tomó Jaque desde entonces sólo aportaron confusión y dudas respecto de su pertenencia política.

El archiconocido caso de Carlos Rico, un comisario retirado que la Rosada nunca aceptó por las denuncias que lo vinculan al secuestro de personas durante la dictadura militar, pero que Jaque atornilló hasta último momento en el sillón de subsecretario de Seguridad de la provincia, es el paradigma de un vínculo con la Nación que fue más bien traumático en los últimos meses.

Los bombos del acto que unió a Kirchner y Jaque en el estadio de Andes Talleres no alcanzan por ahora para revertir del todo esa imagen de distanciamiento. Más cuando existen en el archivo pruebas de la falta de sintonía del malargüino con su jefe político nacional, anteriores incluso a su ascensión al cargo de gobernador, cuando Jaque ocupaba una banca en el Senado de la Nación.

Las crónicas del tratamiento del pliego de Carmen Argibay como candidata a ministro de Corte Suprema de la Nación en 2004 dieron cuenta de que Jaque, a pesar del mandato político de Néstor K, no estaba precisamente de acuerdo con darle ese puesto a una mujer entre cuyos antecedentes figuraban haber sido presa política, ser atea y tener una postura proclive a permitir el aborto.

Según los medios porteños, en aquellos días Jaque había anunciado que votaría en contra de Argibay y eso le hizo ganar la antipatía del oficialismo. Los entonces pesos pesados del oficialismo, Jorge Yoma y Miguel Pichetto, literalmente estuvieron a punto de boxear a Jaque por su voto opositor, según una crónica del diario La Nación.

El asunto no terminó en escándalo sólo porque Jaque así lo decidió: al momento de la votación de Argibay, desapareció del recinto de sesiones.

La anécdota quizás explica algunos rasgos netamente conservadores de Jaque. Entonces, ¿será la ideología del gobernador la razón por la cual todavía no ve la luz un protocolo para la realización de abortos no punibles en los hospitales que dejó prácticamente listo el ex ministro Armando Calletti, el año pasado? Tal vez.

Lo que no deja lugar a dudas es la postura del Ministerio de Salud respecto de otro tema polémica al que K le está dando su impronta: el consumo de droga.

Hay quienes comentan desde adentro de la cartera sanitaria que la gestión actual a duras penas soporta el proyecto nacional de despenalizar el consumo de estupefacientes. No le gusta nada la idea. De hecho, cuando comenzó el gobierno de Jaque, el consumo de drogas estaba para los funcionarios de Jaque ligado a la inseguridad, con lo cual era antes que nada un fenómeno a combatir. Sólo por disciplina, el Ministerio de Salud ahora está acomodando sus planes de asistencia al adicto al rumbo político recientemente trazado por la Casa Rosada.

Jaque al desnudo

En realidad, los comentarios off the record en el Ministerio de Salud sobran frente a las declaraciones públicas de Jaque, las cuales dejan al desnudo un costado ideológico del gobernador que está reñido con el pensamiento de la presidenta de la Nación y su influyente esposo.

En el mensaje ante la Asamblea Legislativa del 1 de mayo, Jaque demostró que no está de acuerdo con la despenalización del consumo de droga. En un párrafo casi perdido del discurso, el gobernador anunció una reforma del Código de Faltas tendiente a castigar lo que Jaque denominó “conductas antisociales de menor cuantía". ¿A cuáles conductas se refería?: “la venta de bebidas alcohólicas a menores, el consumo de drogas y los ruidos molestos”, explicó el mandatario ese día.

Hubo de inmediato una reacción adversa desde el mundo de las leyes, que marcó el desconocimiento de Jaque en materia de derecho penal. Es que la tenencia de droga ya es castigada por la ley nacional de estupefacientes, por lo cual es inadecuado que se  incluya alguna normativa sobre el tema en un código provincial.

Pero más importante aún es el contenido político del anuncio. Jaque en este punto parece ir directamente a contramano del pensamiento del Gobierno Nacional, ya que quiere castigar con los medios que tiene a mano una conducta que la Nación apunta a despenalizar.

Este tipo de rebeliones suele generar reacciones lapidarias del kirchnerismo. Jaque ya mordió el polvo en el tema seguridad por tener esa postura. Los famosos 40 millones de pesos de la Nación para combatir el delito hasta ahora no llegaron, lo cual ha sido atribuido desde muchos sectores a que Jaque sostenía al comisario Rico en la conducción de la cartera.

¿Qué castigo podría recibir ahora un gobernador que se dice kirchnerista, pero propone abiertamente imponerles castigos a individuos que la Nación pretende proteger?

La caja

Jaque puede ser kirchnerista o no. Es su decisión, y nada garantiza que un camino o el otro (ser aliado u opositor del Gobierno Nacional) conduzcan a la provincia a su mejor destino. Lo que no le conviene a Mendoza es un gobernador cuya conducta sea sólo funcional al proyecto del kirchnerismo, para conservar su ropaje político actual, no por convicción de que así se van a mejorar las cosas.

Desde la tribuna que elija (si es oficialista, a través del diálogo con las autoridades nacionales; si es opositor, desde el férreo reclamo político), el gobernador tiene la misión suprema de trabajar en pos de un reparto más favorable para Mendoza de los fondos nacionales, que lo saque del magro puesto que ocupa hoy en el concierto de las provincias y que mejore las finanzas del Estado provincial, lo que beneficiaría a su propio gobierno. Además, modificar el esquema de coparticipación federal fue una de sus promesas en las épocas de la campaña electoral.

Se sabe que es una misión difícil para Jaque. El kirchnerismo es un furioso custodio de la caja. La defensa a cualquier costo de la actual política de retensiones al campo así lo demuestra.

Pero por el otro lado, a cuatro meses de haber asumido la gobernación, el gobernador no ha dado una sólo señal de estar al menos trabajando en el tema. La única audiencia importante que hasta aquí tuvo en el Ministerio de Economía de la Nación duró sólo cuarenta minutos y no abordó el tema de la coparticipación. Fue, para colmo de males, con Martín Lousteau, quien poco después salió eyectado del puesto de ministro gracias a la crisis del agro.

A los Kirchner, la hasta ahora actitud sumisa de Jaque respecto del reparto de fondos le viene perfecto: ayuda a evitar que se abra otro frente de batalla.

A Jaque, en cambio, no ser una amenaza para la plata que los Kirchner manejan con discrecionalidad no le alcanza para convencer a todos de que comulga plenamente con las ideas del kirchnerismo gobernante.