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"No es el campo, estúpida…"
Parafraseando a Bill, si la bordonización (léase dilapidación) del poder que está sufriendo el gobierno de CFK se analizara como la consecuencia del conflicto con las entidades rurales, estaríamos viendo -como George Bush en el 92- sólo una parte de la película.
Bush padre regresaba en 1992 de su paseo triunfal tras la Guerra del Golfo y se disponía a cumplir con lo que algunos llaman el período lógico de ocho años en el poder, cuando fue arrasado en las elecciones presidenciales por Bill Clinton. ¿Cómo podría haberle pasado justo a él heredero de la victoria reaganiana sobre el comunismo y triunfador de la primera guerra caliente tras la guerra fría? La respuesta se la dio públicamente el ahora esposo de la alicaída candidata demócrata: “es (fue) la economía, estúpido…”. Clinton había dado en la tecla con la necesidad de la sociedad americana. En medio de una economía en plena crisis, nada pesa más que el bolsillo, ni siquiera en una sociedad marcada genéticamente por vahos de grandeza imperial.
Parafraseando a Bill, si la bordonización (léase dilapidación) del poder que está sufriendo el gobierno de CFK se analizara como la consecuencia del conflicto con las entidades rurales, estaríamos viendo -como George Bush en el 92- sólo una parte de la película.
La movilización de ayer en Rosario y el actual clima enrarecido de toda la sociedad NO ES UN PROBLEMA SECTORIAL. Es la punta del iceberg que revela que el conflicto actual de la Argentina es basal, no coyuntural. Los Kirchner enfrentan por primera vez en 25 años de ejercicio del poder (desde la intendencia de Río Gallegos hasta la actualidad) el desafío de gobernar sin todas las cartas ganadoras en la manga, sin el famoso viento de cola. No es que haya cambiado la realidad económica internacional que nos venía favoreciendo. Es que las variables internas se desmadraron y a pesar de los índices mentirosos del INDEC, a la gente vuelve a no alcanzarle el dinero para llenar el changuito en el supermercado. Tan claro. Tan lógico. Tan básico.
Apelar a un discurso ideológico maniqueo (exacerbar las banderas de los Derechos Humanos cuando nunca se había participado de la Marcha de la Resistencia, por ejemplo) para conseguir articular un respaldo social que no se había obtenido en las urnas en el 2003, fue un recurso cuestionado pero evidentemente certero en el primer momento de la era kirchnerista. Es el día de hoy que gran parte de la progresía porteña compra la reedición de esa mentirosa construcción dialéctica y agita los fantasmas de que atrás de los reclamos de la “oligarquía terrateniente hay un intento de golpe de estado” (sic). Pero como bien se dijo ayer desde la tribuna rosarina ni los manifestantes representan “la Unión Democrática ni ellos (por los K) son Perón y Evita”…
Leyendo todos los analistas políticos durante el fin de semana, desde los que hablan con el gobierno hasta los que escriben a imagen y semejanza de la Sociedad Rural, todos coinciden en que hubo un momento en que el acuerdo entre las dos partes estaba a la vuelta de la esquina. ¿Porqué se pateó el tablero?. Es más fácil encontrar la respuesta en el diván de un analista que dar una racional explicación política. Los representantes del campo y el dúo Los nuevos Fernández del gobierno (Alberto y Carlos), deberán encontrar hoy la fórmula para ver cómo anuncian la marcha atrás en las retenciones móviles sin que el gobierno quede dando marcha atrás. Un buen dilema para algún semiólogo ya que el kirchnerismo es tan adicto a las palabras publicadas.
Tampoco sería tan difícil si determinada cintura política y un poco menos de ceguera del poder, les permitiera ver que hasta la propia oposición les puede dar una salida. ¿Porqué no envían el tema a debate en el Congreso, tal como prevée la mismísima Constitución?. A esta altura el kirchnerismo no debiera dudar de su fortaleza parlamentaria: tiene el número suficiente en ambas cámaras para hacer votar casi lo que quiera… Es más, hasta podría forzar perder una partida parlamentaria ante la sociedad y continuar en público con la cantinela de que hay que sacarle a los grandes sojeros para repartirle a los más pobres, etc, etc,, dejar que algunos diputados y senadores respondan más “a los intereses de sus respectivas provincias que a los intereses del gobierno nacional” tal como reclamaban ayer en Rosario, y que sea el Congreso el que dé marcha atrás con las retenciones y no Cristina…
Pero el problema es que ni siquiera aunque hoy se anuncie un principio de acuerdo con el campo, los problemas del país habrán terminado. Ya hay algunas manifestaciones de corte en las cadenas de pago (las Pymes saben de que se trata porque volvieron los cheques sin fondos), los bancos no lo dicen públicamente pero retacean los créditos de todo tipo, empieza a subir la demanda en los comedores comunitarios, y de inversiones sobre todo extranjeras, desde ya que ni hablar…
Los economistas dicen que salir del brete no es difícil, pero sí que hay que tomar algunas medidas. El tema es que nadie cambia si cree que está teniendo éxito. Y desde las alturas del helicóptero que traslada a la Presidenta todos los días desde Olivos a la Casa de Gobierno, o desde Puerto Madero, es difícil percibir la economía cotidiana. Es más fácil escudarse en una pulseada de poder que reconocer que una sumatoria de errores o inacciones está perforando los cimientos del actual crecimiento económico. Los verdaderos estadistas no son quienes saben qué hacer en tiempos de bonanzas, sino aquéllos que saben llevar el barco a destino en plena tormenta. La historia hasta hoy nunca enfrentó a los Kirchner a semejante desafío.
Por eso preparémonos para tiempos difíciles. Prometo ser la primera en salir a a pedir disculpas públicas si me equivoco. Es más, ojalá esté equivocada. Pero el horizonte está demasiado nublado para ser optimista…
Tampoco sería tan difícil si determinada cintura política y un poco menos de ceguera del poder, les permitiera ver que hasta la propia oposición les puede dar una salida. ¿Porqué no envían el tema a debate en el Congreso, tal como prevée la mismísima Constitución?. A esta altura el kirchnerismo no debiera dudar de su fortaleza parlamentaria: tiene el número suficiente en ambas cámaras para hacer votar casi lo que quiera… Es más, hasta podría forzar perder una partida parlamentaria ante la sociedad y continuar en público con la cantinela de que hay que sacarle a los grandes sojeros para repartirle a los más pobres, etc, etc,, dejar que algunos diputados y senadores respondan más “a los intereses de sus respectivas provincias que a los intereses del gobierno nacional” tal como reclamaban ayer en Rosario, y que sea el Congreso el que dé marcha atrás con las retenciones y no Cristina…
Pero el problema es que ni siquiera aunque hoy se anuncie un principio de acuerdo con el campo, los problemas del país habrán terminado. Ya hay algunas manifestaciones de corte en las cadenas de pago (las Pymes saben de que se trata porque volvieron los cheques sin fondos), los bancos no lo dicen públicamente pero retacean los créditos de todo tipo, empieza a subir la demanda en los comedores comunitarios, y de inversiones sobre todo extranjeras, desde ya que ni hablar…
Los economistas dicen que salir del brete no es difícil, pero sí que hay que tomar algunas medidas. El tema es que nadie cambia si cree que está teniendo éxito. Y desde las alturas del helicóptero que traslada a la Presidenta todos los días desde Olivos a la Casa de Gobierno, o desde Puerto Madero, es difícil percibir la economía cotidiana. Es más fácil escudarse en una pulseada de poder que reconocer que una sumatoria de errores o inacciones está perforando los cimientos del actual crecimiento económico. Los verdaderos estadistas no son quienes saben qué hacer en tiempos de bonanzas, sino aquéllos que saben llevar el barco a destino en plena tormenta. La historia hasta hoy nunca enfrentó a los Kirchner a semejante desafío.
Por eso preparémonos para tiempos difíciles. Prometo ser la primera en salir a a pedir disculpas públicas si me equivoco. Es más, ojalá esté equivocada. Pero el horizonte está demasiado nublado para ser optimista…