La peligrosa costumbre de clavar un puñal al gobernador que se fue
En la conferencia de prensa posterior al discurso, el gobernador dejó definitivamente en claro que el acuerdo con los magistrados era su anuncio más deseado. Pero antes, el gobernador nunca midió que podía ser víctima de la “maldad” de la oposición legislativa, que retrasó el tratamiento de la ley hasta el viernes.
De todos modos, casi con seguridad, el arreglo con los magistrados recibirá el OK legislativo antes de que termine esta semana. Por lo cual bien vale preguntarse aquí si la daga en el corazón de quién le delegó el poder es una estrategia justa para el mandatario de turno y sus ansias de mejorar su imagen.
No parece muy virtuoso el mecanismo, si lo miramos desde el punto de vista de la víctima. En el caso del recorte salarial a los estatales, esa fue una medida de emergencia que, si bien fue resistida legítimamente por los empleados públicos, ayudó en su momento a que la provincia se mantuviera económicamente a flote en una de las mayores crisis de su historia. En 2004, Cobos, el “salvador” de los estatales, vivía una situación financiera cómoda, con respecto a la que tuvo que timonear Iglesias. Nada le impedía ser el salvador, a costa de demonizar al que había dictaminado lo contrario.
Respecto del acuerdo con los magistrados de Jaque, el tema es más polémico aún. Es que la pelea contra la indexación automática de los sueldos de los jueces fue una causa que la sociedad en buena medida abrazó, más allá de que fuera la bandera de dos mandatarios radicales, durante ocho años.
Basta con recordar el resultado de la consulta popular de 2005, cuando una amplia mayoría ciudadana se inclinó por avalar la reforma del artículo 151 de la Constitución provincial para eliminar la indexación de los jueces.
Jaque sostiene que su medida (acordar mejoras salariales con los magistrados y renunciar a la recuperación de la plata que muchos de ellos cobraron por la vía expeditiva del embargo) le permitirá recuperar la “calidad institucional” de la provincia. Pero lo cierto es que al gobernador le costará desterrar el sentimiento popular de que contra la Justicia nadie puede y que, al final, los supremos ganan todas las batallas en las que se meten. Merezcan o no el logro.
¿La ciudadanía se pondrá esta vez del lado de la gobernador víctima o del gobernador victimario? La reacción popular podría ser amarga para el mandatario que hoy quiere clavarle una puñalada mortal al radical que hace cinco meses le legó el sillón.