Huérfanos de líderes políticos
Una vez más voy a ser políticamente incorrecta. Es decir, voy a decir y sostener argumentalmente lo que nadie dice ni argumenta en estos días. En realidad me pasa casi siempre y, a esta altura (confieso que estoy pronta a cumplir otra década) creo que esa devoción por ir contra la corriente tiene explicaciones genéticas o psicoanalíticas. Pero el análisis de mi genoma está lejos de realizarse y ponernos a filosofar sobre si me quisieron lo suficiente o no de niña, según los parámetros de Freud, sólo nos confundiría aún más. Ergo, dejo de dar tantas vueltas y me encamino a decir lo que pienso y, sobre todo, lo que siento. Porque las mujeres (y discúlpenme otra digresión) más que quejarnos de nuestro lugar en el mundo como lo hace cotidianamente la señora Presidenta, sabemos que tenemos en este siglo un rol privilegiado: podemos conectar sin intermediarios nuestros ovarios con nuestras neuronas. Eso nos hace más sensibles, más inteligentes, más genuinas y, por ende, más temibles… El problema es que Cristina K no gobierna como mujer porque la política la travistió. Pero ese tema, mejor, lo tratamos otro día…
A) el discurso de Cristina K ese mismo día en Casa de Gobierno.
B) la política agropecuaria del kirchnerismo.
C) el oficialismo en general.
D) cualquier yerba (Indec, Tren Bala, etc, relacionada con la administración Kirchner en particular).
Pero quien quiera quedarse con esa simplicidad analítica que deje instantáneamente de leer estas líneas. Porque las cacerolas volvieron a sonar en nuestro país, básicamente, porque la Argentina está huérfana de líderes, huérfana de políticos modernos, en rigor, huérfana de POLÍTICOS. Y digo Políticos como lo escribo, con MAYÚSCULAS… En nuestro país encuentra la gloria un chacarero de Gualeguaychú de quien dentro de poco no recordaremos ni el nombre, porque a Alfredo De Angelis, como a ninguno de nosotros, NADIE nos representa.
Insisto: las cacerolas sonaron en Plaza de Mayo, sonaron en la residencia de Olivos (ver perlita de esa escena al pie de esta nota), porque NADIE logró en estos años, desde la crisis política del 2001, estructurar un lenguaje y mensaje lo suficientemente convincente para que los argentinos entendiésemos que LO NUEVO ya se estaba gestando.
Hoy muchos intentan corporizar las demandas sociales. Pero en el fondo, el pueblo no come vidrio. Si los argentinos estuviésemos convencidos que el recambio político está a la vuelta de la esquina, no para adelantar tiempos institucionales pero sí para marcar la dirección en la que caminar, nadie hubiera salido a la calle.
Hubiéramos sabido que el yerro presidencial iba a tener la réplica merecida de parte de quien iba a ser inexorablemente el futuro recambio. Pero la sensación que tiene el argentino medio es que el kirchnerismo avanzó hasta aquí y posiblemente siga avanzando, porque no hay quien pueda personalizar un equilibrio de poderes.
Muchos creen que puede ser Mauricio Macri. Pero Macri recién está empezando a gobernar y sus asesores mediáticos le impiden meterse en el barro nacional. El tiempo dirá si la actual orfandad política admite semejante dosis de egoísmo electoral.
En el caso de Elisa Carrió que bailó en su salsa con el conflicto, el argentino medio sigue desconfiando de sus dotes de administradora, y bien que hace si nos dejamos llevar por las finanzas personales –pulcrísimas, eso sí— de la candidata a Presidente eterna…
De Daniel Scioli no acotemos nada. Bastante tiene con los casi ocho mil millones de déficit que tendrá su gestión en diciembre…
Y el resto no vale la pena siquiera enumerarlos.
Quizás lo más interesante a decir en esta nota es que la cancha está vacía. Que hoy quien encarne los valores de lo POR VENIR, será quien se quede con todo. Porque liderazgo y modernidad son sinónimos hoy en un mundo donde Internet democratiza el conocimiento. Y donde no hay margen para el doble discurso y la corrupción.
Por que en rigor las características hoy de la modernidad son idénticas a las que se requerían en la Argentina de finales del Siglo XIX.
Con sus más y sus menos, la generación del 80 pudo PENSAR la Argentina por casi todo un siglo. Sarmiento no trajo las maestras francesas para que educaran a los sanjuaninos de su tiempo. Las trajo sabiendo que la diferencia estructural de la que viviría nuestro país durante todo un siglo, era la calidad de nuestra escolaridad pública.
ESO FUE Y ES SER MODERNO. Es pensar más allá de las circunstancias actuales, es mirar por sobre nuestra propia tumba, es proyectarnos, es pagar los costos coyunturales que tengamos que pagar con tal de ganarnos un lugar en la posteridad.
Pero el cortoplacismo es la miopía que ha ganado a las actuales generaciones políticas. Las urnas del próximo año les provocan ceguera futura. Y mientras esto siga sucediendo las cacerolas argentinas estarán a la orden del día.
Nota aclaratoria: Los vecinos de Vicente López no se quisieron perder la caceroleada del 25 de marzo. Lejanos geográficamente a la Plaza de Mayo, no encontraron mejor epicentro para corporizar sus demandas que uno de los portones laterales de la residencia de Olivos. Después de 40 minutos ensordeciendo hasta el propio murallón perimetral, osaron golpear las puertas en un intento absurdo de penetrar en los jardines. Los hechos fueron reprimidos con agua. Una autobomba estratégicamente ubicada portón adentro, logró empapar a los manifestantes en cuestión de segundos. El chorro de agua cayó con fuerza hasta mucho tiempo después que la última cacerola dejara de sonar. Lo que no supieron hasta hoy ese grupo de vecinos es que el que comandaba el operativo y quien tuvo en sus manos la manguera con la que se los regó fue el propio Néstor Kirchner. Pero posiblemente lo más patético de la anécdota es que fue el ex Presidente quien se encargó de comentarla días después ante un grupo de alelados intendentes bonaerenses. El episodio fue constatado por esta cronista ante tres fuentes.

