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De parientes a funcionarios en los cuatro meses de la era Jaque

El cuñado del gobernador, el hermano del ministro de Salud, el yerno del ex ministro de Seguridad o la nuera de la directora de Transportes. Son algunos ejemplos de quienes decidieron utilizar su cargo para poner a familiares suyos a trabajar en la función pública.

Cuando Celso Jaque rebautizó al Ministerio de Desarrollo Social y lo llamó “Desarrollo Humano y Familia”, dijo que, precisamente, la idea de esta nueva denominación tenía como objetivo reforzar el concepto de “familia”. Y, al parecer, hubo funcionarios que decidieron cumplir con esa premisa y comenzaron a llenar los espacios en el Ejecutivo con la designación de parientes.

El primer paso lo dio el mismo gobernador. Llamó a su cuñado médico, Ricardo Landete, y le pidió que lo ayudara con la elección del ministro de Salud. Una vez que Sergio Saracco apareció como el candidato que reunía las condiciones que buscaban para ese puesto –el resto de los médicos propuestos rechazó la oferta y Saracco apareció sobre la hora-, la segunda etapa fue conseguir un lugar para Landete. La Subsecretaría de Planificación y Control quedó en su poder. Es un área estratégica ubicada en el organigrama justo debajo del ministro.

Cuando llegó a su despacho, Saracco comenzó a armar su equipo de trabajo. Decidió decirle a Eduardo Tapia (que era empleado del ministerio de Economía) que lo acompañara, y lo nombró director de Recursos Humanos de Salud.

Al parecer, Tapia sintió algo de nostalgia por dejar su anterior puesto. Se había encariñado con esa cartera y no quería perder sus afectos. Tal vez por eso, su hija, Mariana Tapia, consiguió ser contratada para cumplir servicios en el ministerio que maneja Guillermo Migliozzi.

Aún así, en Salud quedaban –y todavía quedan- algunos puestos vacantes, como la jefatura del Programa Cardiovascular. El ministro decidió poner en funciones allí a Alejandro Saracco. Los apellidos no son una mera coincidencia: son hermanos.

Para estar en sintonía, Silvia Dávila, actual directora de Asistencia Sanitaria, hizo su aporte al fortalecimiento familiar. Su hijo, Daniel Gava, se convirtió en el nuevo jefe del Programa de Empresas Libres de Tabaco.

Dentro de la misma lista de funcionarios que nombraron familiares, también figura la directora de Transporte, Estela Elcira Yubatti. Carla del Rosario Aranjuez es la pareja de su hijo y recientemente fue contratada para cumplir funciones en ese organismo. Además, inexplicablemente, se llevó a trabajar con ella a dos polícias: Gabriel Rodríguez y Alejandro Choque; al parecer, fueron trasladados a Transporte por cuestiones de amistad.

David Funes, director de la ex Dinaadyf, autorizó la contratación de su hermana, Esther. Quienes trabajan en ese sector aseguran que el sueldo de la chica no es alto, aunque sí es superior al que perciben empleados que desde hace años reclaman un aumento.

En su corto paso por Seguridad, la gestión de Juan Carlos Aguinaga dejó su marca.  Gustavo Maradona había sido subsecretario de Hacienda hasta el 9 de diciembre de 2007, cuando el gobierno provincial cambió de color político; presentó su renuncia como todos los funcionarios de Julio Cobos y, una vez que empacó sus pertenencias, se mudó a su nuevo despacho en el Ministerio de Seguridad. Su suegro, Juan Carlos Aguinaga, lo nombró jefe de Gabinete de esa cartera.

Una postura similar había adoptado el polémico ex subsecretario de Seguridad, Carlos Rico. Había dicho que uno de sus asesores permanentes era su hermano, y lo contrató como tal. Se llama Eduardo Rico y era el dueño de la primera voz que escucharon quienes, según cuentan, intentaron llamar al subsecretario a su celular.

Los casos relatados sirven para evaluar si encajan o no en la definición de nepotismo: “desmedida preferencia que algunos dan a sus parientes para concesiones o empleos públicos”.

Pero más allá de lo que indica la Real Academia Española, vale tener en cuenta el artículo 43 del Código de Ética de la Función Pública: “El funcionario público no debe designar parientes o amigos para que presten servicios en la repartición a su cargo prescindiendo del requisito de idoneidad debidamente acreditado”. Hasta donde pudo saberse, previo a las designaciones, no existió ningún concurso para elegir al mejor postulante para esos cargos.