Homicidios: entre el aumento del 2008 y los datos erróneos del 2007
La comparación del primer trimestre de este año y el del año pasado muestra una suba cercana al 45%. Se trata de robos, riñas, ajustes de cuentas o crímenes pasionales. No se tiene en cuenta los accidentes. Es el único concepto delictivo que se puede compulsar a través de los medios. Los datos oficiales son erróneos.
El primer trimestre del año mostró un aumento considerable de homicidios en la provincia de Mendoza, en relación con el mismo periodo del año pasado: 32 personas fueron asesinadas en diferentes circunstancias, contra 22 muertes violentas registradas en 2007.
Esta comparación surge de los datos relevados periodísticamente a partir de los hechos informados por el Ministerio de Seguridad, ya sea durante la gestión de Julio Cobos como la de Celso Jaque.
Por el momento, esta es la única manera que existe de compulsar este concepto delictivo. Cualquier otro intento puede resultar impreciso: el informe presentado por el Ministerio, cuando Alfredo Cornejo estaba a cargo de esa cartera, muestra diferencias entre las estadísticas y la realidad.
Según el informe que puede ser cotejado por internet en el sitio oficial de Seguridad, entre enero y marzo de 2007 se contabilizaron 16 asesinatos en Mendoza. En la misma presentación de datos delictivos también hay un lugar especial para un trabajo minucioso sobre homicidios. Sin embargo, allí surge el primero defasaje: se registran 15 casos.
Nada de esto se condice con la realidad. Un repaso por los medios permite establecer las siguientes diferencias: en enero del año pasado hubo 6 asesinatos (y no 4 ó 5 como marca el informe); en febrero hubo 11 (el informe dice 7), y en marzo hubo 5 (para el Ministerio, 4).
“Lo que pasa es que si en un mismo hecho se producían dos muertes, las contábamos como una sola”, aseguró un ex funcionario que conocía el manejo de datos. Y desnudó una trampa matemática.
Los datos de 2008 se pueden obtener del mismo modo; sólo repasando, uno a uno, los casos que fueron denunciados. Y es el único delito con el que se puede hacer una comparación válida, ya que, tal cual informó la gestión actual, “todos los homicidios son informados; sin excepción. El resto de los hechos, como robos, robos agravados y hurtos, son imprecisos porque el sistema que se está usando no permite exactitud. Por eso estamos trabajando en una forma nueva de contabilizarlos”.
No todos los robos ni los hurtos ni los abusos sexuales salen publicados en los medios. Por lo tanto, es imposible llevar un registro. Y mucho más lo será para el gobierno, que el 9 de junio deberá anunciar que fracasó en su promesa de bajar el delito un 30%. Al no tener como comparar, y con un sistema lleno de errores –y criticado por los funcionarios de Jaque-, no habrá formar de hacer aseveraciones de esas características.
De ahí la importancia estadística de los homicidios (sólo se incluyen los cometidos en ocasión de robo, pasionales, en riña o por ajustes de cuentas, y se dejan al margen los relacionados con accidentes de todo tipo). En el primer trimestre subieron un 45%. Sin embargo, el subsecretario de Seguridad, Carlos Rico, junto con el ministro Juan Carlos Aguinaga dijeron, optimistas, que más del 90% de los asesinatos había sido resuelto.
Esta afirmación contrasta con el significado de “seguridad” y de “sensación de inseguridad”. La gente no se sentirá más segura porque la policía diga que esclareció un crimen, sino que se sentirá protegida cuando sepa que ni ellos ni sus familiares ni sus vecinos serán protagonistas de las crónicas rojas.
“Lo que pasa es que si en un mismo hecho se producían dos muertes, las contábamos como una sola”, aseguró un ex funcionario que conocía el manejo de datos. Y desnudó una trampa matemática.
Los datos de 2008 se pueden obtener del mismo modo; sólo repasando, uno a uno, los casos que fueron denunciados. Y es el único delito con el que se puede hacer una comparación válida, ya que, tal cual informó la gestión actual, “todos los homicidios son informados; sin excepción. El resto de los hechos, como robos, robos agravados y hurtos, son imprecisos porque el sistema que se está usando no permite exactitud. Por eso estamos trabajando en una forma nueva de contabilizarlos”.
No todos los robos ni los hurtos ni los abusos sexuales salen publicados en los medios. Por lo tanto, es imposible llevar un registro. Y mucho más lo será para el gobierno, que el 9 de junio deberá anunciar que fracasó en su promesa de bajar el delito un 30%. Al no tener como comparar, y con un sistema lleno de errores –y criticado por los funcionarios de Jaque-, no habrá formar de hacer aseveraciones de esas características.
De ahí la importancia estadística de los homicidios (sólo se incluyen los cometidos en ocasión de robo, pasionales, en riña o por ajustes de cuentas, y se dejan al margen los relacionados con accidentes de todo tipo). En el primer trimestre subieron un 45%. Sin embargo, el subsecretario de Seguridad, Carlos Rico, junto con el ministro Juan Carlos Aguinaga dijeron, optimistas, que más del 90% de los asesinatos había sido resuelto.
Esta afirmación contrasta con el significado de “seguridad” y de “sensación de inseguridad”. La gente no se sentirá más segura porque la policía diga que esclareció un crimen, sino que se sentirá protegida cuando sepa que ni ellos ni sus familiares ni sus vecinos serán protagonistas de las crónicas rojas.


