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"Gobierno provincial: se necesita una válvula de escape"

La sucesión de tropiezos, contratiempos y demoras del Gobierno de Mendoza parecen haber configurado un clima tenso, incluso puertas adentro del oficialismo. El conflicto docente y el sosteniemto de Carlos Rico en el área de Seguridad han operado como la cota más alta que algunos están dispuestos a soportar.

 

La tremenda pesadumbre con la que la gestión de Celso Jaque sobrelleva sus días parece no tener fin. Ésta ha sido una semana políticamente terrible, con silbatinas, planteos de algunos caciques del PJ, huelgas y protestas. A la impericia demostrada en el manejo del conflicto docente, se le sumó el mal trago del gobernador en el Anfiteatro y la carpa de los familiares de policías en la Legislatura. Todo ello, en una antesala vendimial conflictiva y polémica que no hace más que confundir los asuntos no resueltos con la vocación de lo que parece ser un audaz equilibrista que camina entre la inexperiencia ¿y el maquiavelismo?

 

Porque como ha demostrado en este tiempo, breve e intenso, el gobernador parece querer manejar otros tiempos; pero en su intento, no hace más que exacerbar a propios y extraños que –desorientados- lo acusan de inacción o impericia. ¿O será acaso que más que desconocimiento de la gestión lo suyo es -por el contrario- una apuesta profunda, deliberada y explícita, como la que ha significado también la defensa del comisario Carlos Rico? Tal vez bien sirvan ambos casos para trazar un hilo conductor de la espesura de las decisiones que se urden desde el cuarto piso de Casa de Gobierno.

 

Jugada maestra

 

El gobierno provincial se mostró en un momento orgulloso de su oferta a los docentes, pero sin embargo no pudo sostenerla a la hora de firmar los acuerdos. Adujo errores en la confección de las planillas y que de pronto, la plata que alcanzaba, dejó de alcanzar. Ante tanta manipulación de humores de un gremio que no se caracteriza por sencillo, la cosa estalló. Y las clases no solo no empezaron a tiempo, si no que desataron una serie de acusaciones cruzadas, tanto dentro como fuera del Gobierno, que pusieron a la sociedad toda en franca puja: los padres, los alumnos, los docentes, los muchachos del café, las señoras en la vereda y los siempre atentos exégetas oficiales que proliferan tanto en la micro como en la macro comunicación.

 

Puertas adentro del Gobierno, dicen que si bien con el SUTE se negoció de “buena fe”, las planillas de los sueldos fueron confeccionadas por Hacienda y avaladas por la Dirección General de Escuelas, con lo que el ala política intentó descargar culpas en el sector técnico. Por su parte, el gobernador evaluó que hacer rodar la cabeza de alguno de ellos sería un gesto de extrema debilidad y apeló a la estrategia de exigir a los maestros “cordura y responsabilidad”. Se puso firme y amenazó con descontar los días no trabajados. Otra promesa más de la que también ahora deberá hacerse cargo. De lo contrario, su enojo y su posterior reacción se sumarán al ya poblado listado de asuntos pendientes.

 

Sin embargo, lo que alarma es justamente que sea en la propia tropa donde se adviertan los más claros gestos de desconcierto ante la marcha oficial. La reunión con algunos intendentes y referentes legislativos en la que se criticó duramente la presencia del Partido Demócrata en el Gobierno, y las declaraciones del intendente de Las Heras Rubén Miranda, significan un toque de atención. Pues este asunto no ha hecho más que exacerbar algunas viejas internas, o que por el contrario, cada uno haga la suya en lo que se parece demasiado a un sálvese quién pueda, sintetizado en esta curiosa frase: “este es mi gobierno, pero no es mi gestión…” Todo un símbolo de cómo están las cosas en el PJ.

 

Trago amargo, Rico

 

De la misma forma también ha sucedido en estos días con el caso de Carlos Rico, donde la convicción del Gobierno parece ser la de un guerrero enceguecido hacia el abismo. Pues así como tal manejo con los docentes necesariamente derivaría en una pequeña conmoción de todos los observadores e involucrados, con el subsecretario de Seguridad, acontece otro tanto. Con el agravante, no menor, de la mirada más que atenta que la Casa Rosada presta al tema.

 

La presión de Horacio Verbistky a través de Página/12; el encolumnamiento nacional de los organismos de Derechos Humanos, entre ellos, la respetada Liga por los Derechos del Hombre y la emblemática Madres de Plaza de Mayo; y la opinión crítica que los referentes kirchneristas tienen sobre el tema, podrían sellar la suerte y la salida, del ex comisario. Más que por convicción jaquista, por conveniencia política de subsistencia en el corto plazo. Especialmente si se considera que si así no ocurriera, y ante tal panorama, el próximo 24 de marzo Mendoza podría ser el epicentro de una movida inédita para reclamar por el apartamiento de un hombre que con la misma naturalidad con la que acepta haber sido parte del siniestro Centro de Instrucción Contrasubversivo, hoy se presenta como funcionario de la demoracia y el gobierno peronista (anche kirchnerista) de Celso Jaque.

 

Y aquí, como muchos declaman (incluso desde los medios) no hace falta que ninguna justicia se expida, sólo se tiene que expedir la política. Si es que la ingenuidad nos permite creer que su designación ya no sea en sí misma un síntoma palmario de ello. O salvo que –con el mismo criterio- se pueda proponer en un futuro para el Fondo de la Transformación y el Crecimiento a Max Gregorcic, sin que nadie se anime a la crítica.

 

Mientras tanto, y bajo el malhumor social que ha supuesto el conflicto docente, o el tozudo sostenimiento de la bifronte estructura de un gobierno donde caben desde los Aguinaga y el PD a los bienintencionados abogados garantistas, el Gobierno asemeja un dique que ya no puede –de ninguna manera- contener lo que contiene. Tal vez una dosis de modestia, un rearme de sus filas y un pequeño sacudón alcancen para barajar y dar de nuevo. El gobierno lo necesita y los mendocinos lo están esperando.