El gobierno, preocupado por posibles silbidos a Jaque durante la Vendimia
Existe preocupación oficial por la recepción que tendrá el gobernador cuando participe de los actos de la Fiesta de la Vendimia. Dos encuestadores privados ya hablan de la caída fuerte de la imagen del gobierno en los primeros 100 días de gestión. Jaque ya no la pasó bien en apariciones multitudinarias anteriores.
Más allá de sus discursos enfáticos, y de la firmeza que muestra en cada aparición pública, a Celso Jaque y a su entorno los tiene intrigado cómo será el recibimiento que el gobernador pueda tener el 8 de marzo en el Teatro Griego, cuando se muestre entre la multitud para presenciar su primera Fiesta de la Vendimia como mandatario provincial.
Y en ese sentido un temor recorre por estos días el cuarto piso de Casa de Gobierno: que Jaque sea silbado o abucheado en su primera aparición en grande ante la gente.
La preocupación tiene sus argumentos válidos: en las últimas semanas, la imagen del gobierno parece haber sufrido un deterioro. No sólo se trata del sentimiento en calle, sino que han existido roces dentro del Partido Justicialista (sobre todo en torno a la figura del minstro de Seguridad, Juan Carlos Aguinaga) que, directamente, privaron al malargüino de esa suerte de luna miel de la que goza quien viene de ganar unas elecciones.
Como si eso fuera poco, dos consultoras privadas mendocinas están haciendo mediciones para saber cuál es el sentimiento de la gente hacia el gobernador cuando están por cumplirse los primeros cien días de su gestión.
Uno de ellos reconoció que lo sorpendió el resultado que mostraron las encuestas: existe un 72% de imagen entre regular y negativa, y directamente no hay nadie que haya calificado a estos meses de gobierno como “muy bueno”. A la hora de dar una explicación, los encuestados coincidieron en una definición dura: "Nos mintió", contestaron.
Este concepto tiene que ver con las promesas hechas durante la campaña electoral que, con el pasar de las semanas, para la percepción de la gente parecen haber quedado sólo en eso, promesas.
Otro de los estudios, cuyos datos aún están siendo procesados, advirtió que los encuestados, según las premisas establecidas, indicaron sentir cierto “malhumor” con Celso Jaque y con Cristina Fernández de Krichner. Y de igual manera, apunta a la desilusión y a la imagen negativa que está recolectando el gobierno.
Jaque tuvo un puñado de malas señales en sus recientes apariciones multitudinarias. Fue silbado notoriamente en Tunuyán cuando asistió al Festival de la Tonada, tampoco la pasó bien en Rivadavia canta al País y recibió algunos abucheos (leves por cierto) cuando junto a Cristina Kirchner estuvo en la bodega Luiggi Bosca durante la última visita presidencial.
Por eso, una de las estrategias para evitar una silbatina en el Anfiteatro y en el transcurso de la Fiesta de la Vendimia, sería conseguir que el primer mandatario coincidiera en su llegada con el actual vicepresidente de la Nación, Julio Cobos, cuyos asesores afirmaron que irá a la fiesta del mismo modo en que lo hizo mientras estuvo al frente de la provincia: con su familia y vestido de manera informal.
Cobos también podría cosechar reproches, pero desde el cuarto piso de Casa de Gobierno entienden que, de ese modo, nunca quedará claro si los silbidos fueron para el que entró o para el que se fue. Algo similar a lo que ocurre cuando sacan a un jugador de la cancha.
Este concepto tiene que ver con las promesas hechas durante la campaña electoral que, con el pasar de las semanas, para la percepción de la gente parecen haber quedado sólo en eso, promesas.
Otro de los estudios, cuyos datos aún están siendo procesados, advirtió que los encuestados, según las premisas establecidas, indicaron sentir cierto “malhumor” con Celso Jaque y con Cristina Fernández de Krichner. Y de igual manera, apunta a la desilusión y a la imagen negativa que está recolectando el gobierno.
Jaque tuvo un puñado de malas señales en sus recientes apariciones multitudinarias. Fue silbado notoriamente en Tunuyán cuando asistió al Festival de la Tonada, tampoco la pasó bien en Rivadavia canta al País y recibió algunos abucheos (leves por cierto) cuando junto a Cristina Kirchner estuvo en la bodega Luiggi Bosca durante la última visita presidencial.
Por eso, una de las estrategias para evitar una silbatina en el Anfiteatro y en el transcurso de la Fiesta de la Vendimia, sería conseguir que el primer mandatario coincidiera en su llegada con el actual vicepresidente de la Nación, Julio Cobos, cuyos asesores afirmaron que irá a la fiesta del mismo modo en que lo hizo mientras estuvo al frente de la provincia: con su familia y vestido de manera informal.
Cobos también podría cosechar reproches, pero desde el cuarto piso de Casa de Gobierno entienden que, de ese modo, nunca quedará claro si los silbidos fueron para el que entró o para el que se fue. Algo similar a lo que ocurre cuando sacan a un jugador de la cancha.


