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Jaque debe aprovechar la experiencia de sus antecesores

La convocatoria de Jaque a sus antecesores puede ser el inicio de un trabajo sobre los grandes temas, para pensar en el largo plazo y sin las urgencias de la coyuntura. Una gran oportunidad que no se debe desaprovechar. Votá en la encuesta.

Tal vez el mayor déficit institucional que tiene nuestra democracia es el escaso rescate y aprovechamiento de lo que significa la experiencia de la gestión pública. Por lo general, los tiempos políticos apremian y el gobernante que llega con toda la fuerza y las expectativas, desdibuja al que se va, haciendo que efectivamente caiga en el olvido.

El caso de los ex gobernadores provinciales no escapa a esta especie de ley no escrita, que para mayor pesar, parece privilegiar especialmente más al cargo que a la persona. Es como si el sillón de San Martín, nada más ni nada menos que nuestro héroe máximo, significara un poder extraordinario que sólo se tiene cuando se porta el bastón y la banda; pero cuando ese mandato cesa, ya nadie se acuerda de nada, ni siquiera de algo bueno que pueda haber dejado.

En ese sentido, el gobernador Celso Jaque ha tenido una idea más que interesante, que es la convocatoria a un consejo de ex gobernadores que ha posibilitado sentar, en un mismo ámbito, a un conjunto de hombres que más allá de sus errores, tuvieron el privilegio de ser nuestros máximos representantes.

Ellos, a pesar de nuestras simpatías o antipatías, debieron padecer la gloria y el ocaso de sus mandatos, y también de sus esperanzas. Ellos encarnan el esfuerzo cotidiano de lo duro que suele ser gestionar un Estado con múltiples demandas y escasos recursos. Ellos decidieron y son responsables de su historia; pero también ellos tuvieron el coraje de hacerse cargo de esa responsabilidad, incluso en momentos muy díficiles desde el punto de vista histórico, ecónómico o social.

Y un día, así como llegaron, debieron irse. Hoy, todos ocupan lugares importantes, más cerca o más lejos de la política. Incluso, uno de ellos viene de ser el embajador argentino en el país más importante del mundo; y otro, actualmente, es el vicepresidente de la Nación.

Imaginen entonces si no es válida su experiencia, su mirada y sus aportes. Y por supuesto, también su muy buena predisposición para acceder a esta convocatoria. Hay que tener la suficiente humildad, grandeza y vocación democrática, como para dejar de lado diferencias políticas o personales y ponerse a disposición del gobernador Celso Jaque y de la provincia. Sin dudas, tanto José Octavio Bordón, como Rodolfo Gabrielli, Arturo Lafalla, Roberto Iglesias y Julio Cobos, comprendieron la importancia de la cita, el valor de sus opiniones y la trascendencia institucional de la reunión.

Algunos podrán pensar, y con razón, que los invitados acudieron a reverdecer viejos laureles, o tal vez, en busca de nuevas ambiciones que auguren retornos, o especulaciones en esa línea. Sin embargo, y más allá de las motivaciones que cada uno conocerá en su fuero íntimo, la asistencia perfecta, su decoro y su presencia, deben enorgullecer a los mendocinos. No en muchos estados o países se logra reunir a los ex para escuchar sus opiniones y aprender de sus experiencias.
 
En ese marco, tal vez excesivamente protocolar, como corresponde a un primer encuentro, nuestros gobernadores salientes acordaron trabajar temas que van más allá de la coyuntura. Evidentemente, para el día a día está Jaque, quien además acertó en el tono de la invitación, que alentaba a no repetir errores y a ahondar en la experiencia de sus antecesores.

Los ex primeros mandatarios acordaron una metodología de trabajo para el futuro con temas tan urgentes como el medio ambiente, la educación y –obviamente- la seguridad. Un padecimiento que todos vivieron en carne propia y que ojalá, como sociedad podamos superar.

Mientras esto sucede, al menos contaremos con la mirada y el aporte inestimable de dirigentes que cada uno en su tiempo, en su estilo y a su turno, supieron convencer y ganarse la confianza de los mendocinos. En honor a ese contrato original, y más allá de los resultados obtenidos, es hora de cerrar filas y achicar el margen de error para hacer de Mendoza el mejor lugar posible.