Jaque logró controlar por ahora la pelea dentro del gobierno por Carlos Rico
"Aguinaga y Salinas ya hicieron las paces". Eso fue lo que tuvo que salir a sostener el gobernador Celso Jaque ayer, luego de una jornada tensa que se desató por las denuncias del ministro Juan Carlos Aguinaga, de que funcionarios vinculados a organizaciones de Derechos Humanos están buscando perjudicarlo en su gestión e impulsar la renuncia de Carlos Rico como subsecretario de Seguridad.
Aguinaga había sostenido que "me parece que hay miembros del Gobierno que no están en sintonía. Y estoy un poco incómodo, sobre todo con Pablo Salinas, porque hay que distinguir la barricada, o la pertenencia que han tenido como dirigentes de derechos humanos. Yo tengo la sensación que no están actuando como funcionarios, están excediendo quizás ese límite", disparó , en un acto oficial que protagonizó esta mañana junto al intendente de Luján, Omar Parisi quien le presentó un plan de seguridad para su comuna. Y agregó: "Estoy un poco incómodo con esta situación y me dificultan el trabajo. Pero Rico se queda, por supuesto que se queda".
Durante la mañana el subsecretario de Justicia y Derechos Humanos, Diego Lavado, el coordinador de Derechos Humanos, Pablo Salinas, y el director del Organismo Técnico y Criminológico, Alfredo Guevara, estuvieron analizando su continuidad o no dentro de la administración justicialista luego de que Aguinaga los atacara duro. Pero por pedido de Jaque, la sangre no llegó al río.
El ministro de Seguridad pateó el tablero ayer y apuntó directamente contra Salinas, el principal impulsor dentro del Ejecutivo de la salida de Rico por su participación como policía en la época de la dictadura.
El ministro agregó: "Esto lo hemos conversado esta mañana con el gobernador de manera general y él me ratifico que Rico debe seguir en su cargo. La diferencia es fundamentalmente con Pablo Salinas, lo debo decir claramente. Yo lo respeto a Pablito, somos amigos, pero hay momentos en que él va más allá de su carácter de funcionario y se pone al frente de esta situación".
Salinas optó por no responder las acusaciones (lo mismo que Lavado) y se refugió en su despacho del tercer piso de
"A esta altura está claro: o es Aguinaga o somos nosotros. No podemos tirar años de militancia por la borda", se les escuchó decir.
Jaque ordenó bajar los decibeles de la pelea e instruyó a sus funcionarios para que no hicieran declaraciones públicas. La que sí habló fue Angélica Escayola, titular del Polo Social, madre de Guevara y uno de los pilares del acuerdo polìtico que Jaque hizo con este grupo para que desembarcaran en el gobierno para sostener su política de Derechos Humanos.
"Nosotros no sólo insistimos con que se vaya Rico. Sino que también pedimos un replanteo de la política de Derechos Humanos de este gobierno, que tiene que estar en sintonía con la del gobierno nacional", sostuvo la ex legisladora, luego de entrevistarse con Salinas y Lavado. Así salía Escayola de ese encuentro.
La jugada de Aguinaga
Carlos Rico fue designado por Aguinaga como su subsecretario y su trabajo se vio opacado luego de que desde varios sectores sociales locales arreciaran los cuestionamientos sobre su pasado como policía.
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Lo que le cuestionan es su participación en 1976 en el Centro de Instrucción Contrasubversivo de
En su descargo, el subsecretario de Seguridad asegura que su participación se limitó al plano de la instrucción y que nunca participó de ningún hecho vinculado con la represión durante la dictadura militar. Con el mismo argumento lo defiende Aguinaga.
Esta semana el caso recrudeció políticamente. El reclamo por la renuncia de Rico llegó a oídos de Cristina Fernández de Kirchner y la semana que viene será tratado por el ministro de Interior, Florencio Randazzo. Salinas, fue un activo impulsor de estas reuniones.
La jugada de Aguinaga para sostener a Rico en su cargo, tuvo además otro elemento. El ministro salió a descalificar a la mujer que los organismos de Derechos Humanos presentaron como testigo y que sostiene haber visto al polémico Carlos Rico en la tristemente célebre D2, el organismo de inteligencia que la policía mantenía durante los años de plomo.
"Yo tengo la plena convicción como abogado, de que en este caso esta mujer es un testigo falso", sostuvo el titular de Seguridad. Escayola le respondió. "Eso lo dirá Aguinaga, hay que ver lo que dice
La situación de esta mujer, también se convirtió en punto de conflicto. Para Lavado, Salinas y Guevara hay que protegerla, mientras que para Aguinaga hay que denunciarla.



