Chau "concertación": El kirchnerismo se afirma en el PJ abrazado con Porretti y Rico
“El kirchnerismo tiene que volver a las bases”, reclamó ayer la ministra de Salud, Graciela Ocaña, quien emigró del ARI para sumarse al “arca progresista” de los Kirchner y ahora, cada vez que mira a su alrededor, sólo encuentra peronistas de paladar negro.
Repitió las mismas palabras que dijo la semana pasada Alberto Fernández, quien, exiliado del poder, reclama la continuidad del proyecto concertador que les permitió a muchos, soñar con la construcción de un espacio superador de los partidos tradicionales. Pero se despertaron antes de que el sueño terminara.
En este marco, las internas del Partido Justicialista bonaerense representan una clara muestra de lo que será el futuro del kirchnerismo: afirmados en la estructura más rancia del poder territorial del “pejotismo”, comienzan a generar la fuerza centrífuga que dejará afuera a todo aquel que no se rinda ante el poder supremo de Néstor Kirchner.
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Hoy, el partido que levantó en las banderas de los derechos humanos se apoya en el ex militar golpista Aldo Rico, triunfador de las elecciones internas en San Miguel.
Pero no se trata sólo de la reinvindicación de Rico, quien no hace mucho dijo sentirse “del mismo lado” que Carlos Kunkel y, por lo tanto, del kirchnerismo más puro, aquel que memora con dimensiones de gesta la lucha, por ejemplo, de Montoneros.
El panorama que surge del domingo peronista bonaerense nos pone como referentes, también, al cuestionado ex intendente de Pinamar, Roberto Porretti y al tánden de caciques del conurbano, cuyas características fueron puestas al descubierto por el diario Crítica, de esta manera:
Jesús Cariglino, intendente de Malvinas Argentinas: pasó varios días en prisión por estafas reiteradas a la administración pública. Está en libertad condicional después de haber pagado un fianza de 500 mil pesos. En una megacausa, que lo llevará a juicio oral, lo acusan de 29 hechos de corrupción, la mayoría de ellos vinculados con licitaciones irregulares.
Alberto Descalzo, intendente de Ituzaingó: proviene de la derecha peronista de Morón de los 70. Fue concejal en tiempos del Triple A Juan Carlos Rousselot. Afronta varias denuncias de corrupción y violencia política en su distrito. Está imputado en una megacausa por el nombramiento de 120 ñoquis, entre ellos, su suegra de 80 años.
Raúl Othacehé, intendente de Merlo: señalado por los organismos de derechos humanos como el jefe comunal con más denuncias por aprietes de tinte mafioso del conurbano. También está denunciado por haber plantado droga en la casa de un concejal, que se había rebelado a una orden suya. Seis concejales opositores fueron destituidos en los últimos años, por medio de maniobras calificadas como irregulares.
Julio Pereyra, intendente de Florencio Varela y presidente de la Federación Argentina de Municipios (FAM): está denunciado por abuso de autoridad, violación de los deberes de funcionario público, cohecho, malversación de caudales públicos y enriquecimiento ilícito. Se le imputan irregularidades con fondos oficiales destinados a 200 desocupados. Impulsó una ley que proponía fueros especiales para los intendentes.
Mario Ishi, intendente de José C. Paz, uno de los distritos más pobres del conurbano: accedió al cargo después de una violenta refriega en el Concejo Deliberante local que dejó el saldo de siete heridos de bala. En mayo de 2004 viajó a Japón y dejó la comuna en manos de su madre, Santa González, de 65 años y sin militancia partidaria.
Hugo Curto, intendente de Tres de Febrero y ex tesorero de la UOM: está imputado por la justicia federal por la cesión irregular de terrenos al Ejército en su distrito. Según el fiscal de la causa, con una maniobra se desviaron del Estado cuatro millones de pesos-dólares.
Alejandro Granados, intendente de Ezeiza: en su restaurante, El Mangrullo, Carlos Menem festejó su triunfo en 1989. Allí, Alejandro Granados solidificó una amistad, que incluía partidos de fútbol, golf, entre otros festejos con el ex presidente. Desde entonces, gana una elección tras otra. Fue presidente del club más popular de la zona, Tristán Suárez (ahora lo preside su hijo), y pasó de menemista furioso a ultraduhaldista y ahora inunda las calles de su distrito con imágenes suyas con los Kirchner.
Marcelo Coronel, intendente de General Rodríguez: tres de sus funcionarios están siendo investigados por presunta vinculación con carteles de la droga mexicanos. Federico Faggionatto Márquez, el juez a cargo de la causa del triple crimen, sospecha del accionar del jefe comunal, que habría mandado una cuadrilla a limpiar la zona donde aparecieron asesinados Damián Ferrón, Sebastián Forza y Leopoldo Bina.
“El kirchnerismo ha resucitado los fantasmas del pasado”, nos había dicho hace algún tiempo, en diálogo con MDZ, el legislador porteño Claudio Lozano, quien vio con dolor cómo este espacio político “no dejará herederos por izquierda”.
Así las cosas, ya son varios los aliados que empiezan a replantearse la continuidad de esa condición, en las actuales circunstancias.
El líder del ultrakirchnerista Movimiento Libres del Sur, Humberto Tumini, al visitar MDZ, advirtió que “apoyaremos al kirchnerismo, pero ya no dudamos de no compartir listas con el PJ. No lo haremos”, anticipó.
La praxis, en definitiva, pudo más que la defensa de los ideales.
Y como en Cambalache, el PJ revalidó –aun partiendo desde las cenizas a las que lo había condenado el triunfo de los patagónicos- todos sus títulos movimentistas.
Mirá los videos:
El momento en que Aldo Rico vota
La cámara oculta del escándalo de Pinamar