ver más

El ahorro público no puede financiar la especulación política


Una vez más, la coyuntura nos toma a contrapierna. Tanto negar la crisis ha generado un efecto contrario en el gobierno nacional que de una semana a esta parte no hace más que disparar a discreción una batería de anuncios a los que barniza como “contracíclicos”. Se pretende así maquillar la urgencia, con supuestas medidas estructurales, que en la mayoría de los casos, no hace más que repetir viejas promesas.

Este fin de año agitado, que ha incluido, desde la reestatización del sistema de jubilaciones hasta la eliminación de la escala tributaria conocida como la “tablita de Machinea”, también ha dejado espacio para el lanzamiento de financiación para turismo interno, la compra de autos 0 kilómetros, una suma fija para jubilados y la siempre considerada canasta navideña.

La cereza de este postre -que tiene mucho de pastiche- es el harto difundido megaplan, que en tanto y en cuanto se siga asignando según la cara del cliente (es decir, bajo la lógica de premios y castigos políticos con los que se mueve el matrimonio presidencial), o reciclando planes de infraestructura anteriores, tendrá el mismo destino: la desconfianza, el incumplimiento y el olvido.

A pesar del pesimismo al que obliga la historia, vale decir que frente a un horizonte crítico, la obra pública siempre ha sido una formidable herramienta de desarrollo y que el desafío de volcar allí 111.000 millones de pesos (de los cuales aún 40.000 millones todavía no tienen financiamiento) es una empresa de consideración. Especialmente por el enorme déficit que en cuanto a infraestructura básica tiene nuestro país.

Sin embargo, no se puede desconocer que frente al anuncio Mendoza ha de posicionarse de una buena vez como una provincia cuya dirigencia sepa y pueda pelear por obtener la mayor cantidad de obras significativas. No podemos seguir asistiendo a festivales de anuncios de los gobiernos de turnos que tienen en los funcionarios mendocinos a espectadores de lujo, que en vez procurar beneficios, sólo aplauden en silencio para la foto.

Representantes del gobierno de Mendoza dijeron, tras los anuncios, que la prioridad de los proyectos que se presentarán a la Nación será el área de Salud, aunque se pretende no descuidar la deteriorada red vial, especialmente tramos de las rutas 7, 40,143, 144, 146, 188, 206 y otras obras emblemáticas como los anillos de circunvalación del Gran Mendoza, o la rotonda de calle Paso.

A ello habrá que sumarle los verdaderos grandes emprendimientos, que en el caso de la provincia se tratan de obras que trascienden esta gestión y que comprometen la calidad de vida de futuras generaciones de mendocinos. Entre ellos: las represas hidroeléctricas de Los Blancos, y –otra vez anunciado- Portezuelo del Viento. Esta última, una vieja promesa, luego transformada en deuda de la Nación, que pese a los anuncios de Néstor Kirchner, Julio Cobos y Celso Jaque, todavía no figura seriamente en ningún presupuesto. Esto es lo mismo que decir que está en el aire.

Tanta catarata de buenas intenciones se da de bruces con el advenimiento de un año electoral, donde además la crisis y la reactivación pueden ser la excusa perfecta para la ventaja que el ahora deteriorado oficialismo busca para imponerse en las legislativas de 2009. Además, no hay que dejar de señalar que al fin de cuentas, se trata de especulaciones y deseos que deberán pasar por el filtro del omnipresente Julio De Vido, quien será el que en definitiva (y la bajo el estricto control de Néstor y Cristina) de el ok para lo que efectivamente se hará y lo que quedará en el tintero como carne de cañón para futuras promesas.

Es de esperar que ni las malas experiencias del pasado, ni los clásicos vicios de la política impregnen de amiguismo, partidismo y kirchnerismo, una ilusión de desarrollo gestada –como dice la presidenta Cristina Fernández- “con el ahorro público de todos los argentinos y argentinas”. Sería una muy mala señal que ese ahorro termine financiando las aspiraciones de los complacientes o arrimados al poder y no las legítimas necesidades de los hombres de carne y hueso, que día a día, en cada rincón del país, desestiman las especulaciones y ponen el hombro para construir un país mejor.