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No se recuperarán los días de clase perdidos, nadie miró a los alumnos

Después de anticiparlo semanas, el gobierno no hará cumplir la ley que impone una cantidad mínima de días de clases. ¿Qué pasó? Lo de casi siempre: el gobierno y el sindicato de los docentes jugaron su juego. La DGE no quiso perder una pulseada con el sindicato. Cómo es la dura interna del SUTE de la que su titular, Eduardo Franchino, no puede salir.

“En la provincia nos regimos por los días de clase, no por las horas que trabajan los maestros para asegurar los 180 días de cursado escolar”. La frase es de ayer nomás, cuando a finales de septiembre los maestros mendocinos habían terminado con otra jornada de paro y el gobernador Celso Jaque se mostraba firme.

Desde aquél entonces y hasta este lunes, el gobernador y la Dirección General de Escuelas no tenía otro plan más que hacer cumplir la ley 25864/03 que indica que los ciclos lectivos en el país deben completar 180 días de clase al año de clase. Según el ministro de Gobierno Mario Adaro, había que recuperar seis días de clase según anunció por todos los diarios hace 48 horas.

En eso estaba Iris Lima, la directora de la DGE, con un supuesto plan que demoró casi veinte días en anunciarse y que barajaba, entre otras cosas, que las clases se iban a extender incluso con la alternativa de que fueran dictadas los sábados.

Pero sorpresivamente el gobierno salió para otro lado. Cuando todos esperaban el cronograma de devolución, la “Tía Tita” salió y dijo en la tarde del martes que no hacía falta recuperar nada.
¿Qué pasó?, lo de casi siempre: el gobierno y el sindicato de los docentes jugaron su juego sin que pasara por la discusión la conveniencia de que los alumnos recobraran los días de clase perdidos.

El Gobierno no quiso ceder ante el SUTE

El Ejecutivo apostó fuerte. Se mantuvo firme en su decisión de no devolver la plata descontada a los docentes que hicieron paro, no solo para mellar la capacidad de maniobra política del combativo titular del Sute, Eduardo Franchino. Sino también pensando en el 2009: desde Gobierno anticipan un inicio de año duro en su relación con los maestros y su reclamo de aumento salarial, relación que se iba a hacer más difícil aún si se daba marcha atrás con los descuentos.

Esa estrategia se tradujo en un hecho concreto. La DGE dilató el anunció de la devolución de los días de clase hasta los primeros días de mes y se sentó a hablar del tema con el SUTE recién cuando los sueldos de los maestros ya estaba en los cajeros automáticos y con los días de paro descontados.

Sin embargo Lima no es precisamente una estratega política de primer nivel dentro de este gobierno. Hasta el mismo lunes, su cartera buscaba la manera de arreglar con el SUTE hasta que alguien advirtió: “No miremos más al gremio, miremos a los padres”. Y allí se tomó la decisión.

Es sabido en el ámbito educativo que estirar las clases “hace que los padres sientan que llegan a Navidad con los chicos en el colegio todavía”, según contó a MDZ un asesor, con lo cual no había muchos caminos para Lima. Además de no poder resolver el problema con el gremio docente, se iba a ganar el malhumor de muchos padres de alumnos que además, seguramente iban a terminar no mandando a sus chicos al colegio.

El corolario de esto fue una explicación sorpresiva del mismo gobierno que anunciaba que los 180 días se iban a cumplir si o sí. “Hemos evaluado que los maestros ya hicieron un esfuerzo por recuperar el contenido y la planificación y por lo tanto no hace falta modificar el calendario escolar”, dijeron. Ese argumento viola el espíritu de la ley que obliga a una cantidad de días mínimo de clases. 

“Para el cómputo de los CIENTO OCHENTA (180) días fijados por el artículo 1°, se considerará "día de clase" cuando se haya completado por lo menos la mitad de la cantidad de horas de reloj establecidas por las respectivas jurisdicciones para la jornada escolar, según sea el nivel, régimen o modalidad correspondiente”, reza la norma sancionada en julio de 2003 y que fue impulsada por el gobierno de Néstor Kirchner tras un largo conflicto docente en las provincias de Entre Ríos y San Juan. La ley habla de días, no de contenidos.

El SUTE miró para adentro

El líder del sindicato docente también hizo su juego. Metido en una situación interna difícil, Eduardo Franchino apostó a recuperar algo del terreno perdido este año hacia adentro de su gremio luego de haber sido un firme impulsor de los paros docentes  y haber tenido que soportar la presión de los maestros que pararon y terminaron cobrando menos.
Franchino no la pasa bien en el SUTE.

Convencido de que las discusiones paritarias no son buenas para los trabajadores y que la palabra “negociación” es sinónimo de “traición”, el jefe sindical hizo del conflicto su principal modo de lucha.

Sus últimos movimientos gremiales también lo terminaron complicando. Formó con ATE un ente sindical para pelear contra Jaque, sin medir quizás que se estaba metiendo en la interna de la CTA en la que además juega su antecesor y rival fuerte dentro del SUTE Gustavo Maure.

La reunión fallida entre las autoridades del Ejecutivo y el SUTE fue una síntesis de todo esto. Franchino llegó solo y más de una hora tarde al encuentro y estuvo unos minutos nada más cuando se dio cuenta que ya no había nada de qué hablar. Adaro y Lima estaban reunidos desde hacía rato con el resto de la cúpula sindical docente.

Fastidioso, el sindicalista se fue a los cinco minutos denunciando que lo habían engañado. Esperaba que le dijeran que le iban a devolver los días descontados, algo que desde el propio Gobierno no estaban dispuestos a ceder.