El balance de la gestión Marchena: un catálogo de lo poco que pudo hacer
No se puede decir que Juan Marchena no lo intentó. En marzo, el ex ministro de Gobierno trató de gravitar en la relación del Poder Ejecutivo con los intendentes, una labor trascendental para cualquier jefe de la cartera política provincial. Convocó entonces al Foro de Intendentes, organismo en desuso, y recogió inquietudes municipales muy importantes, como el mejoramiento de la coparticipación municipal y el reclamo de autonomía.
El triste balance de ese foro es que Marchena apenas consiguió ser el gestor de préstamos para la compra de maquinarias, algo que está muy lejos de los objetivos y pedidos de fondo: el diseño de una nueva ley de reparto de los impuestos y una reforma constitucional que refleje la autonomía de las comunas. El resto quedó en la nada: después de marzo, el foro volvió a su sueño eterno y de ahí en adelante, los intendentes sólo tuvieron como interlocutor válido al supersecretario general de la Gobernación, Alejandro Cazabán, artífice en la sombra de la renuncia del presidente del PJ.
La realidad es que Marchena nunca fue un hombre de peso en el gobierno de Jaque, ni para adentro ni hacia afuera. La vez que intentó cuestionar políticamente a la oposición, el cobismo lo noqueó rápido por su debilidad interna. Fue el tiempo en que el intendente de Godoy Cruz, Alfredo Cornejo, sostuvo que Marchena estaba pintado al óleo en la gestión gubernamental.
Poco después, la realidad le daba chapa de visionario al aliado de Cobos: para definir cuestiones de plata u otros asuntos importantes, los intendentes propios y ajenos no tenían otra que acudir a la oficina de Cazabán en el cuarto piso de la Casa de Gobierno.
Marchena tampoco logró hacerse fuerte en la relación con la Legislatura. Otra vez triunfó en este aspecto la gran capacidad de eclipsarlo de Cazabán. Y para mal: principalmente en la Cámara de Diputados, Cazabán es casi mala palabra para la gente del oficialismo. Pero a su vez, lo ven como quien concentra el poder y tiene la palabra del gobernador. En cambio, no hubo en estos meses leyes importantes en la que apareciera la mano de Marchena.
El epílogo de su participación en el Gobierno encontró a Marchena tratando de acordar, a los tropezones, un arreglo con parte de los empleados públicos provinciales por la deuda de la antigüedad. Apenas una porción de otra tarea que debería haber asumido en su totalidad y que en realidad también pasaba por el escritorio de Cazabán: la relación del Gobierno con los sindicatos. Esto y la tramitación de documentos terminaron siendo desafíos muy pobres para un funcionario que en diciembre, sin dudas, imaginaba que tendría otro protagonismo.