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Un fiel escudero para el hombre que nada teme

Mario Adaro intentará convertirse en el rostro visible de una gestión anodina, que además regula su agenda según los pronósticos de escraches. Los desafíos inmediatos del nuevo ministro, y la templanza del gobernador que a fuerza de proverbios procura calmar a sus detractores. Aunque eso suene a tremendo acto fallido.
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La incógnita, que nunca se conformó como tal, terminó develándose. Celso Jaque, el temerario hombre de la triste figura, dio muestras de despreocupación temporal y nombró en el ministerio de Gobierno a Mario Adaro. Así, terminó de cerrar el atónito círculo vicioso del perro que se muerde la cola. Porque al día siguiente de la salida de Juan Marchena, el nombre de Adaro fue uno de los primeros que apareció en la lista de posibles reemplazantes; sin embargo, y tras más de 15 días de dilaciones, el joven dirigente palmirense llegó al gabinete.

Lo hace en un momento particularmente crítico de la gestión, cuando parece que irremediablemente el vínculo entre el gobernador, otrora ingenioso hidalgo, caballero andante de los caminos de la provincia, y los mendocinos está roto. Para colmo de males y casi revalidando la opinión de la calle y de diversos observadores de la política, que creen ver en Alejandro Cazabán al verdadero factótum de este gobierno, el nuevo ministro exhibe orgulloso (tal vez también como reaseguro de posibles desgastes) su relación política y amistosa con el secretario general de la Gobernación, originada en la Generacional lafallista.

Pero, y como siempre sucede, mientras el poder teje y desteje sus intrigas, la realidad sigue pasando ante los ojos de todo aquel que quiera mirar, ya sea como utópicos molinos de vientos, o como simples conflictos que son necesarios dilucidar para avanzar. Y es precisamente esto último lo que el gobierno provincial no hace. Por el contrario, se enreda, justifica y no define, desorientando a diestra y siniestra.

Esta semana, la muerte del policía Gustavo Ramet volvió a poner a la seguridad en los primeros planos, como si fuera un fantasma inmortal dispuesto a no dar tregua. Incluso antes de asumir, Adaro debió ponerse el traje de bombero para apagar incendios preexistentes y que no aguardaron a que fuera ungido oficialmente. Ese entonces pre-ministro fue el que tendió un puente de diálogo con los sindicalistas escrachadores durante la dilatada asunción de Marcelo Costa en la Osep, y también, el que viajó de urgencia a Santa Rosa para apagar la revuelta casi indefectible que el propio oficialismo peronista y la oposición le están preparando al intendente Sergio Salgado.

El mismo Adaro confesó que más allá de las tramas políticas, anida allí la pasión de los pueblos chicos y que sus asuntos personales están amenazando ahora llevarse puesta a la institucionalidad departamental. Sin embargo, lo que más parece intimidar al gobernador y a su flamante escudero, es la injerencia de la propia interna peronista en la novela, donde y casi como si se tratara de un laboratorio, pueden allí apreciarse los apoyos y enconos que produce el jaquismo que se encarna aquí en el intendente Salgado.

Más acá de este episodio, que se sigue de cerca en Casa de Gobierno por todo lo que de caso testigo puede tener –San Rafael puede ser otro foco de concejales díscolos-, la agenda del gobierno continúa a la retaguardia de la realidad, dominada además por el miedo al escarnio público. Lejos quedaron aquellos días en los que Jaque daba vueltas por la provincia y aparecía en cuanta reunión disponible hubiese. Hoy, y por el contrario, al menos en el Gran Mendoza, las presencias se miden con rigor y precisión, según las medidas de seguridad y el humor de los hipercríticos y sus pronósticos de protesta. Casi podría decirse que la agenda y los movimientos del gobernador y sus apariciones públicas están manejadas por el secretario general del SUTE, Eduardo Franchino quien con su grupo escrachador va determinando y regulando la presencia o la ausencia de Jaque en los distintos actos.

Tamaña barbaridad, ya hizo del gobernador un especialista en amagues, que sin embargo, al menos con los estatales, siempre topan a la hora de discusión salarial. Otra tarea más para el nuevo ministro, que al parecer intentará como estrategia de superación del conflicto mejorar la situación a través de retocar la antigüedad. Con ello, se podría garantizar la paz, o al menos una tregua, hasta fin de año. Eso sí, en enero del 2009, los gremios estarán otra vez en pie de guerra por mayores incrementos. Sin embargo, y para el horizonte político del gobierno, esa es una fecha muy lejana ante la exigencia que plantea el día a día a la gestión.

A ello habrá que sumarle, principalmente, la relación con los intendentes, el vínculo con la oposición en vísperas de un año electoral y la relación con la Legislatura, un ámbito en el que el gobierno siempre ha padecido fuertes encontronazos que le han hecho reconfigurar sus planes con no poco desgaste público y político.

Todo hace prever que la tarea de Adaro será ardua y exigente. En especial por el alto perfil inicial, y sus toreos a la oposición que puestos al vaivén de la dialéctica política, lo harán aparecer a menudo con mayores chances de perder que de ganar: siempre el oficialista es más lo que recibe que lo que da.  Incluso aunque muestre hiperactividad para no ser otro ministro político “pintado al óleo”. ¿Alcanzarán las lágrimas derramadas en su asunción, en lo que fue una sentida ofrenda hacia los humildes, para contener semejante desafío político? Probablemente más allá de la emoción, sea necesaria pericia política y cuero duro para convertirse en el escudero que necesita un caballero hoy más frágil que Don Quijote.

Ese mismo que cuando fue consultado si tomaría algunas precauciones especiales respecto de posibles episodios de escrache en el futuro, tuvo un acto fallido que describe de manera magistral el estado de las cosas y la concepción que desde el gobierno existe de la realidad, tal como fue reflejado por Diario Uno en su edición del viernes 24 en su página 3.  Preocupado, pero desafiante, el gobernador expresó: “El que nada hace, nada teme”.