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Luces y sombras del debut del "Massita" mendocino


Celso Jaque tiene desde este jueves algo que nunca  procuró, pero que es muy necesario para todo gobierno: un escudo que lo proteja de la constante exposición pública y un vocero para dar la “versión oficial” de la realidad ante cualquier tema. Se llama Mario Adaro y es el nuevo ministro de Gobierno de la provincia.

No se entiende a esta altura por qué Jaque no pensó en esto antes. Juan Marchena, el anterior jefe de la cartera política, no tenía el perfil y mucho menos el poder para cumplir la función de escudo del mandatario.

Y vaya si el gobernador lo necesita. Para empezar, a Jaque le molesta profundamente el asedio periodístico. Se irrita con las repreguntas y los puntos de vista diferentes. Este rasgo de intolerancia asomó durante este jueves, cuando un periodista de MDZ pidió precisiones sobre la fecha de envío del Presupuesto 2009 a la Legislatura y recibió como respuesta lo siguiente: “¡Y si yo supiera cuándo van a parar estas cosas (por la crisis financiera internacional), voy y me paro ante los ejecutivos de finanzas y me hago el gurú más importante del mundo!”.

Así las cosas, uno de los roles del palmirense Adaro en su función de protector de Jaque será atender las inquietudes de los periodistas. Con la prensa, el ex subsecretario de Trabajo tiene onda. Desde antes de asumir, Adaro tenía labia y buena conexión. Asoma una suerte de “Sergio Massa” doméstico, por su actitud canchera con los periodistas, su edad y cierta hiperactividad.

Pero así como el jefe de gabinete de la Nación no necesariamente expresa "el poder" en el gobierno de Cristina de Kirchner (sin su exposición, Julio De Vido, ministro de Planificación Federal, tiene mucho más incidencia que él), se puede pronosticar que el “Massita” mendocino tampoco lo va a tener.

Siguiendo con el paralelismo trazado, en el gobierno de Jaque, el dueño de todo el poder parece seguir siendo Alejandro Cazabán. Aunque, como Julio De Vido en el caso nacional, no tenga la posibilidad de encarnar la faz pública de la gestión.

Adaro demostró sentido de supervivencia de movida, cuando en sus primeras declaraciones públicas, dejó en claro su cercanía con Cazabán, que por otra parte, es real: proviene como él del viejo lafallismo y tuvo lazos concretos hace tiempo con el secretario general de la Gobernación de Jaque.

De esta manera, el esquema de poder actual en el seno del Poder Ejecutivo, es difícil que cambie. Grandes esperanzas existen, en cambio, de que haya un salto cualitativo en la información que emana desde el Gobierno, donde el hermetismo del estilo jaquista para comunicar hasta aquí ha imperado. Y también respecto de aquello que el gobernador pareció durante mucho tiempo no necesitar: un hábil negociador a la hora de enfrentar los conflictos con los gremios y la oposición.

Ojo con la palabra

Adaro encarna, aún antes de asumir, un ritmo febril de trabajo y exposición mediática. Está dejando señales de su ADN político en un par de declaraciones y acciones, desde el lunes a esta parte.

Adaro habló varias veces en lo que va de la semana y, en unas pocas, se notó que debe pulir su oratoria, para cumplir con las reglas del manual del buen ministro de Gobierno.

El lunes expresó a los medios que el gobierno de Jaque “debe empezar a transitar por la vereda de las expectativas de la gente”, una frase que sonó a confesión del estado de las cosas: la gente percibe que, hasta aquí, la gestión de Jaque no ha sido buena. Adaro se dio cuenta al instante e intentó dar marcha atrás: “quiero decir, seguir transitando”. Error. Lo dicho, dicho está. Un ministro de Gobierno comunica con lo que dice, con lo que no dice, y también con sus equivocaciones.

Pero, a su vez, la labia es un recurso del que no hay que abusar. Y en estas últimas horas, el nuevo jefe de la cartera política abusó por lo menos una vez del don recibido. Ocurrió en una entrevista de MDZ en la que vinculó el homicidio del cabo Gustavo Ramet a una posible conspiración contra el Gobierno.

“¿Es raro el homicidio?”, preguntó el periodista de este diario. “No por el policía, sino por las circunstancias. Ocurrió justo cuando el Gobierno le hacía un acto de reconocimiento a la Policía, y justo en Las Heras (de donde es oriundo el ministro  Ciurca), y justo en ese momento cuando todos los medios cubrían el acto”, respondió Adaro.

No parece ser el momento para que la inseguridad entre en el menú de especulaciones del que los políticos suelen echar mano cuando se sienten amenazados y tienen que tirar la pelota afuera. No hoy, y mucho menos, no en Mendoza, donde la mayoría culpa al Gobierno de la ola de violencia. No resulta creíble esta expresión, como tampoco lo fue en su momento la promesa de reducir abruptamente el volumen de hechos que hizo Jaque en la campaña electoral.

Aterra sólo pensar en las “rarezas” que encontró Adaro en el tristísimo crimen de Ramet. ¿El asesinato del policía tuvo fines “políticos”? ¿De quiénes? ¿El ministro Carlos Ciurca comparte estas sospechas?

La filosa lengua de cualquier ministro de Gobierno suele tener mucho poder para instalar temas. Pero a veces es mejor guardarla en temas de delicadeza extrema, en los cuales las palabras equivocadas ofenden, asustan o enfurecen a los ciudadanos.

El primer fracaso

Y asi anduvo Adaro en estos días, entre sensatos llamados al diálogo (como el que hizo frente a los enfurecidos militantes del SUTE) y algunas especulaciones erradas o peligrosas.

Pero también, el "Massita" mendocino sufrió la primera derrota de su gestión. El ministro de Gobierno viajó en la mañana de este jueves a disuadir a los concejales del PJ en su intención de hacerle juicio político al intendente Sergio Salgado, del PD, pero fracasó.

Adaro se agitó entre oficinas y despachos del municipio del departamento del Este y mantuvo varias reuniones, pero no logró neutralizar lo que se percibe, en algunos sectores, como un golpe de estado que terminará dejando el departamento en mano de uno de sus verdugos: el edil justicialista Gustavo Muñoz.

Al parecer, el ministro de Gobierno, aún antes de asumir, quiso mediar en un ambiente demasiado crispado, de tensión creciente, donde incluso ya habría fracasado el propio arzobispo José María Arancibia.

La derrota (incluso previa a su asunción como jefe de la cartera política, por lo cual, bajo una visión reglamentarista, no corre) le debe haber dejado algunas enseñanzas a Adaro de la tarea que acaba de iniciar.

Fundamentalmente, que tiene por delante misiones muy importantes, pero poco tiempo para llevarlas a cabo con éxito. Ya que, al clima de crisis política y social que se vive en Santa Rosa, se suma la pésima relación del Gobierno provincial con los gremios estatales en general. Sin contar los problemas políticos que ha tenido la oposición, y hasta con algunos intendentes y casi todos los legisladores del propio PJ.

Aunque una mirada piadosa quizás le conceda algo de tiempo para actuar, ya que la densa tarea que este mendocino que lloró en la asunción comenzó a ejercer el jueves en la mañana, nunca fue realizada por nadie a lo largo de los diez meses del gobierno de Celso Jaque.