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Cuatrocientas horas para anunciar lo que se decidió en quince minutos

Celso Jaque se tomó 437 horas para decidir que el ministro de Gobierno será finalmente el mismo hombre cuyo nombre se barajó en firme a los 15 minutos de que renunciara Juan Marchena. El gobernador trató de mostrarnos que no hay crisis en el gabinete, pero la demora dejó en evidencia que esta administración no puede resolver problemas en simultáneo. Asume Adaro, todo el poder es para Alejandro Cazabán.
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Celso Jaque se tomó 437 horas para decidir que el nuevo ministro de Gobierno será finalmente el mismo hombre cuyo nombre se barajó como firme candidato a los 15 minutos que renunciara Juan Marchena.


Ni los referentes más fuertes del Partido Justicialista, ni la mayoría de los miembros del gabinete, ni mucho menos Mario Adaro (que sufrió como ninguno desde el 3 de octubre  hasta esta mañana) logran hilvanar una excusa común para tanta demora.


Una sola cosa aparece como clara: buscando disimular el efecto de la salida ruidosa  de Marchena, Jaque quiso hacer ver como que no había crisis. Y en ese tren trató de imponer en los medios y ante la sociedad que no es tan grave estar sin ministro de Gobierno.


Para esta administración, ese concepto quizás pueda calzar perfecto. El ministro de Gobierno es quien mide el pulso político de una gestión, es quien negocia con la oposición, es el funcionario que tiene los teléfonos (y lo atienden) de los legisladores para lograr aprobar las leyes del Ejecutivo, es quien impulsa las reformas políticas en la Legislatura o es el que se sienta a discutir con los gremios estatales o con los intendentes. Cuando nada de eso pasa durante meses, porque Marchena no supo o porque no lo dejaron, es claro que estar sin ministro de Gobierno no importa.
 

Esta particular mirada seguro afectará al que viene. Adaro asume un ministerio en el cual, según el criterio gubernamental, da lo mismo que hay o no ministro.

Jaque encontró en la última semana de la indefinición sobre el sucesor de Marchena una excusa redonda: por la crisis financiera internacional, no tuvo tiempo de dedicarse a otra cosa más que a encontrarle la manera de que los efectos de esa debacle del mundo no se sintieran en Mendoza.


Loable la causa, pero peligrosa si queda la sensación (como quedó en este y otros casos) de que este gobierno no puede hacer dos cosas a la vez. A la luz del plan anticrisis que el mismo gobernador lanzó hoy en Lavalle, esa sensación se hace más firme.


Mario Adaro asume con un perfil alto y distinto al del presidente del PJ que se fue del tercer piso de Casa de Gobierno. Es oriundo de San Martín y tiene fuertes vínculos en el plano sindical, después de haber sido abogado del poderoso Centro de Empleados de Comercio que conduce el actual diputado nacional Guillermo Pereyra.


Pero su desembarco de ahora en un ministerio tiene un respaldo político no menor, tomando en cuenta cómo se maneja el poder en los alrededores de Jaque.


Adaro responde sin dobleces al secretario General de la Gobernación, Alejandro Cazabán, impulsor de la salida de Marchena y verdadero gobernador en las sombras desde hace un tiempo a esta parte.

Es más. El subsecretario de Trabajo sufrió las dilaciones del gobernador estas últimas dos semanas, pero en todos los ámbitos políticos se sabe que el traje de ministro se lo viene probando por lo menos desde el mes de junio. 

Esa confianza se la transmitió Cazabán. Como dato: esta mañana casi ningún intendente del peronismo sabía quién sería el nuevo ministro. Cazabán y los suyos, además de Jaque, sí.