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El gobierno antisísmico
La administración de Celso Jaque se ha mostrado inconmovible tanto a los temblores naturales como a los políticos. Su resistencia, en tanto, parece sustentarse hasta ahora más que en su propia fortaleza, en el escaso impacto de todos aquellos que intentan disputarle el poder.
La semana que pasó fue para Celso Jaque una nueva prueba de resistencia. El tosco rumbo que ha delineado el gobernador para la provincia debió enfrentar algunos embates de distinto origen y naturaleza, desde aquellos propios de una zona sísmica, a otros más humanos y pedestres entre los que se encuentran las propias incapacidades y también (porqué no decirlo) los ladridos de perros que no muerden.
Quince días sin un ministro político es mucho para cualquier estado. Ya sea del ahora devaluado Primer Mundo, o de esta modesta aldea al pie de los Andes. Si a ello se le suma la fragilidad del resto de los ministerios que si bien en muchos casos también parecen acéfalos, de hecho no lo están; y su impronta tiene la misma incidencia que la de una gota en el océano.
Sin embargo, las flaquezas no se agotan allí. Parecería haber actores en el oficialismo que se preocupan de manera cotidiana por desorientar a propios y extraños, y que empezando por el mismo gobernador y sus misteriosos silencios, o por el vice y su vocación de repartidor de calzado, terminan por idear un panorama en el que precisamente los buenos ejemplos no son los que abundan.
Tal vez por ello, un funcionario de tercer orden de este gobierno se sienta con la necesaria autoridad para provocar episodios de esos que cuanto más se aclaran, más oscurecen. Tal fue el caso de Ariel Guirín y sus “excesos” (¿?) en un boliche. ¿Puede ser que el responsable de controlar que nuestros jóvenes tengan las necesarias condiciones de seguridad en su diversión nocturna ande a las piñas en las discotecas? O lo que es peor, ¿qué haya exigido mediante abuso de autoridad que le vendieran alcohol después del horario tope que la ley establece? según denunció el dueño del boliche en cuestión
Todo es posible en medio de una gestión que más allá de sus titubeos o de las anécdotas, sigue siendo un enigma contundente en cuanto su orientación profunda. ¿Qué mensaje nos pretende dar el gobernador cuando prescinde durante tanto tiempo de un ministro político? ¿Puede, en las condiciones en la que está su gobierno, darse el lujo de seguir jugando durante tanto tiempo con un jugador menos? ¿Es esta prescindencia legítima ante la conflictiva realidad provincial, nacional e internacional? ¿Nos la merecemos los mendocinos?
Vaya preguntas que ante el silencio oficial bien podría intentar responder la oposición, que no muy lejos del autismo justicialista, todavía se muestra dubitativa y contradictoria, a mitad de camino entre el dolor de ya no ser y el ímpetu de querer ser otra vez. Sin embargo, esta semana los gremios estatales, motorizados por esa carga de impiedad que suele tener la economía en tiempos de escasez, decidieron romper esa tendencia inerte que no hace más que poblar de abulia la escena política, y presuntamente organizados y compactos, convocaron un paro masivo.
Lo cierto es que más allá de la batalla de porcentajes que siempre queda tras una medida de fuerza, y en virtud del posicionamiento de ocho gremios estatales, se esperaba una acción mucho más contundente, capaz de remover algunas estructuras oficiales. Los gremialistas dicen que no será la última, pero mientras tanto, desde el gobierno establecieron que su resistencia había permitido superar con éxito este temblor que amenazaba convertirse en terremoto.
Así las cosas, ni el propio tembladeral que aparenta ser el mismo gobierno, ni las réplicas que quedaron sacudiendo largamente el piso tras la salida de Juan Marchena, parecen inquietar a esa torre abroquelada que el propio Jaque ha construido más que con buenos materiales, con mucho de tesón y tozudez. En silencio y sin oír a demasiados arquitectos, levantando desde la campaña, ladrillo tras ladrillo, hasta configurar este edificio incomprensible que hoy es el gobierno, por más que aún no esté claro para dónde seguirá creciendo, y lo que es más importante, cómo lo hará.
Sin embargo, y al margen del tamaño de los sismos de estos meses, y de la escasa intensidad que han puesto en ellos los opositores, desde los partidos y sus legisladores, a las expresiones sindicales, todavía Jaque se da el lujo de seguir dilatando anuncios, y designaciones. Aunque, tal vez más trascendente sea la tarea de desentrañar la intencionalidad política, y si se quiere también ideológica que sustenta este accionar: sus cimientos.
Hasta ahora, sus mayores definiciones se encuadran dentro de lo que define como el “Humanismo cristiano” que le sirve como un gran paraguas para incluir dentro de él desde concesiones a las corporaciones tales como la Iglesia o el poder sindical más clásico y peronista, hasta una manifiesta sumisión al poder político encarnado en el poder central de los Kirchner y que sólo parece diferenciarse por estos días con la ratificación de un huso horario acorde con la realidad geográfica de la provincia. Una decisión que parece menor, pero por la que hace un año atrás Jaque sufrió un alto costo que en aquel momento, y tras su asunción, estaba dispuesto a soportar, pero no en estas circunstancias, a casi un año de aquellos días.
En esa misma fragua oficialista, han abrevado el Partido Demócrata y su breve paso por el ministerio de Seguridad, con todo aquello que de liberal y conservador aún mantiene esa agrupación, y al mismo tiempo, los referentes del Polo Social, quienes reivindicaron una determinada dirección en materia de Derechos Humanos que a poco de andar se estrelló fruto de sus propias contradicciones intrínsecas.
Mientras el sismógrafo del gobierno siga marcando movimientos de baja intensidad y epicentros lejanos, o al menos difusos, es probable que la conducción de Jaque y su estructura se mantenga inalterable. Especialmente, con sus desconfianzas y recelos que enervan a cuanto oficialista que expresa la frase que ha resumido por sí e históricamente, la contundencia de la interna en el PJ: “esto no es peronismo…”.
Si por el contrario, los temblores que como desde hace tiempo amenazan aunque no se concreten, aumentan su poder, causando complicaciones serias y destrozos en diversas áreas, el escenario podrá (y deberá) ser distinto de los ritmos y las incógnitas que hoy despiertan. Aunque para que esto suceda sea necesario una oposición articulada y no un grupo de opositores dispersos, como hoy aparecen.
En tanto, y como una sucesión infinita de casi imperceptibles remezones, la provincia seguirá enfrentando a diario, las complicaciones de un proceso que aún sin asentarse, soporta las vibraciones de un sistema que todavía no alcanza la magnitud que requiere un terremoto. Pero, y como dicen los especialistas, habrá que estar atentos pues los terremotos se pueden prevenir pero nunca se pueden predecir.
Vaya preguntas que ante el silencio oficial bien podría intentar responder la oposición, que no muy lejos del autismo justicialista, todavía se muestra dubitativa y contradictoria, a mitad de camino entre el dolor de ya no ser y el ímpetu de querer ser otra vez. Sin embargo, esta semana los gremios estatales, motorizados por esa carga de impiedad que suele tener la economía en tiempos de escasez, decidieron romper esa tendencia inerte que no hace más que poblar de abulia la escena política, y presuntamente organizados y compactos, convocaron un paro masivo.
Lo cierto es que más allá de la batalla de porcentajes que siempre queda tras una medida de fuerza, y en virtud del posicionamiento de ocho gremios estatales, se esperaba una acción mucho más contundente, capaz de remover algunas estructuras oficiales. Los gremialistas dicen que no será la última, pero mientras tanto, desde el gobierno establecieron que su resistencia había permitido superar con éxito este temblor que amenazaba convertirse en terremoto.
Así las cosas, ni el propio tembladeral que aparenta ser el mismo gobierno, ni las réplicas que quedaron sacudiendo largamente el piso tras la salida de Juan Marchena, parecen inquietar a esa torre abroquelada que el propio Jaque ha construido más que con buenos materiales, con mucho de tesón y tozudez. En silencio y sin oír a demasiados arquitectos, levantando desde la campaña, ladrillo tras ladrillo, hasta configurar este edificio incomprensible que hoy es el gobierno, por más que aún no esté claro para dónde seguirá creciendo, y lo que es más importante, cómo lo hará.
Sin embargo, y al margen del tamaño de los sismos de estos meses, y de la escasa intensidad que han puesto en ellos los opositores, desde los partidos y sus legisladores, a las expresiones sindicales, todavía Jaque se da el lujo de seguir dilatando anuncios, y designaciones. Aunque, tal vez más trascendente sea la tarea de desentrañar la intencionalidad política, y si se quiere también ideológica que sustenta este accionar: sus cimientos.
Hasta ahora, sus mayores definiciones se encuadran dentro de lo que define como el “Humanismo cristiano” que le sirve como un gran paraguas para incluir dentro de él desde concesiones a las corporaciones tales como la Iglesia o el poder sindical más clásico y peronista, hasta una manifiesta sumisión al poder político encarnado en el poder central de los Kirchner y que sólo parece diferenciarse por estos días con la ratificación de un huso horario acorde con la realidad geográfica de la provincia. Una decisión que parece menor, pero por la que hace un año atrás Jaque sufrió un alto costo que en aquel momento, y tras su asunción, estaba dispuesto a soportar, pero no en estas circunstancias, a casi un año de aquellos días.
En esa misma fragua oficialista, han abrevado el Partido Demócrata y su breve paso por el ministerio de Seguridad, con todo aquello que de liberal y conservador aún mantiene esa agrupación, y al mismo tiempo, los referentes del Polo Social, quienes reivindicaron una determinada dirección en materia de Derechos Humanos que a poco de andar se estrelló fruto de sus propias contradicciones intrínsecas.
Mientras el sismógrafo del gobierno siga marcando movimientos de baja intensidad y epicentros lejanos, o al menos difusos, es probable que la conducción de Jaque y su estructura se mantenga inalterable. Especialmente, con sus desconfianzas y recelos que enervan a cuanto oficialista que expresa la frase que ha resumido por sí e históricamente, la contundencia de la interna en el PJ: “esto no es peronismo…”.
Si por el contrario, los temblores que como desde hace tiempo amenazan aunque no se concreten, aumentan su poder, causando complicaciones serias y destrozos en diversas áreas, el escenario podrá (y deberá) ser distinto de los ritmos y las incógnitas que hoy despiertan. Aunque para que esto suceda sea necesario una oposición articulada y no un grupo de opositores dispersos, como hoy aparecen.
En tanto, y como una sucesión infinita de casi imperceptibles remezones, la provincia seguirá enfrentando a diario, las complicaciones de un proceso que aún sin asentarse, soporta las vibraciones de un sistema que todavía no alcanza la magnitud que requiere un terremoto. Pero, y como dicen los especialistas, habrá que estar atentos pues los terremotos se pueden prevenir pero nunca se pueden predecir.