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La bicicleta fija

Celso Jaque padece un síndrome extraño. Mientras él considera que hace mucho y bien por la provincia, hasta sus propios partidarios advierten que su esfuerzo no luce como todos los mendocinos quisieran. La figura semeja los empeños que los deportistas aficionados ponen sobre las bicicletas de los gimnasios. Esas que los hacen transpirar tras simular que han recorrido muchos kilómetros, aunque en verdad, estén siempre en el mismo lugar.
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Así de simple puede resumirse el fervor que el propio gobernador intenta poner al defender su gestión, y la percepción que transmite hacia la opinión pública. Ese espacio inabarcable y extremadamente hosco donde según palabras del intendente de Las Heras Rubén Miranda, “hasta lo que el gobierno hace bien, le sale mal”. Durísimo.

Bajo esa aparente puja de una fuerza que cree estar moviendo el mundo, cuando en realidad es el observador quien va cediendo, Jaque cerró su semana de mutismo e inacción sin la rapidez de reflejos que la crisis producto de la salida de Juan Marchena exigía. El vacío de un ministro político, el vacío político, por más que se justifique que por estas horas la cartera está en manos de Silvia Ruggieri, es un agujero inmenso por el que a cada minuto se cuelan más y más especulaciones que tienen que ver con la interna o con los intereses cruzados de quienes prefieren a uno u a otro en el ministerio de Gobierno, mientras los obstáculos siguen allí, intocables.

En esa licuadora cayeron esta semana Mario Adaro y Guillermo Carmona, quienes advirtieron que un gesto de su parte podría dejarlos fuera de combate, por lo que ni siquiera intentaron respirar. Aún así, el estilo concentrador, misterioso y extremadamente celoso de Jaque hizo que lo podría haberse solucionado con un simple cambio de figuras, se torne una lenta, pesada, intrincada y hasta conversada partida de truco.

En ese contexto, entonces, surgieron más rumores que ante la falta de definiciones, tomaron entidad. Por ejemplo, que Jaque pretendería adelantar la movida de gabinete prevista para diciembre y cambiar ya a Iris Lima, a Guillermo Migliozzi, y porqué no y ya que estamos, a Sergio Saracco, aprovechando el tembladeral y como para que la sacudida se diluya en un polvaderal mayor. Más nombres entonces entraron a la danza de la fortuna jaquista: ascenso para Luis Böhm, Olga Bianchinelli y otros infinitos dibujos con Sebastián Brizuela, y los ya nombrados Adaro y Carmona.

Nada de eso pasó hasta el momento. El gobierno siguió con la cabeza fija en el horizonte, la gota de sudor por las mejillas, mordiendo con fuerza para llegar a la meta, pero siempre en el mismo lugar. Sin moverse un centímetro, sin dar señales concretas de nada. Abusando de lo que en el entorno del gobernador consideran que se trata de un fenómeno sólo atribuible al “mundillo político”, especie de purgatorio en el que sólo entran y tallan la clase dirigente y obviamente, los periodistas.

Por eso, tal vez, el gobernador decidió emprender su exilio interior hacia los departamentos. Allí, dice, está la gente la común, la que lo trata bien, la que lo ve como un par con responsabilidades importantes y no lo martiriza con frases o promesas incumplidas de la campaña, ni con nombres ministeriales, ni con definiciones odiosas que tienen que ver con problemas de gestión.

En la Mendoza profunda, Jaque se libera de la pesadilla de la Mendoza urbana, altanera e hipócrita que a pesar de haberlo votado, hoy le niega su simpatía en cuanta encuesta ande dando vuelta. En especial, su acomodaticia clase media que según confesó a MDZ, en ese despacho presidido por un retrato de sí mismo y una inmensa cruz, no le permitió ni siquiera tener una luna de miel.

Sin embargo, y lo que el gobernador parece no advertir es que mientras profundiza su perfil de ciclista enceguecido y obstinado en una especie de Vuelta de Mendoza virtual, niega todo lo que esté al costado de su visión y los problemas se acumulan pesados y torpes a la vera del camino.

Allí están todavía las secuelas de sus chisporroteos con los intendentes, y lo que será otra batalla mayor: el presupuesto. Sin embargo, no son los únicos desafíos. El 17 de octubre la protesta unificada de los gremios estatales le intentarán demostrar que su lealtad podrá ser con el gobierno nacional, pero no con los trabajadores mendocinos. También allí, la rispidez que genera Alejandro Cazabán hacia dentro y hacia fuera del gobierno; la denuncia sobre un funcionario renunciado y con antecedentes como Hugo Musso, puesto en un área más que estratégica como es la subsecretaría de Hidrocarburos; la demora en la asunción de Marcelo Costa en la Osep a pesar de tener ya su pliego aprobado; el acuerdo por el río Atuel que quiere movilizar a General Alvear a promover un juicio político; las incomprensible rayuelas que desde la Dirección General de Escuelas todas las semanas imaginan, salteando casilleros para no hablar de ciertos temas en lo referido a educación sexual, o para retroceder al inicio como con los globales, pero con la firme convicción de casi nunca alcanzar el cielo. Todo ello, claro está, siempre y cuando la inseguridad nos deje en paz y no trastoque el eterno rosario de etcéteras.

Como se verá, Jaque podrá creer sinceramente que está encarando y solucionando estos y muchos temas más de su gestión, que para colmo de males debe enfrentar ahora un contexto de crisis internacional y contracción económica que impactará directamente en el comercio exterior y también en el turismo. Sin embargo, sus actos, palabras y gestos indican todo lo contrario. Existe una generalizada sensación que en Casa de Gobierno se niega la realidad, o lo que es más peligroso: que se hace de ella una construcción en la que se asume con desconfianza que es la oposición o los malintencionados los que pretenden contarla.

Si Jaque y el gobierno en general no cambian de actitud, seguirá chocando contra el humor de la clase media urbana que domina ampliamente el padrón del Gran Mendoza. Por más que en los departamentos la gente le pida besos, fotos y autógrafos, cualquier aprendiz de analista sabe que eso no alcanza para ser aceptado, ni mucho menos para ganar elecciones. Lo saben, especialmente, los peronistas que se quejan, y en particular los intendentes que ven sus chances atadas a esta especial concepción del ejercicio de poder y que prefieren recluirse en sus territorios y diferenciarse antes que correr con los costos de un proyecto que en casi un año no ha hecho más que desencantar.

Mientras esto siga sucediendo las cosas no podrán estar mejor, por la simple y sencilla razón que la realidad tiene cada vez más demandas que si no son resueltas generan insatisfacción, y se suman a las nuevas necesidades que cada día aparecen. Si se pretende que sólo con esfuerzo y trabajo, pero sin hacer política (o haciendo política autista) y con intérpretes limitados como parecen muchos ministros, la situación se modificará, triste es el futuro de la provincia, y también el de esta administración.

El gobierno seguirá creyendo que pone todo de sí, que se mata en el gimnasio, mientras afuera la gente lo único que percibe es todo está en el mismo lugar. La exigencia siempre, es sólo para el que gobierna y lo sufre; no para el que espera y demanda. Ese que tras el vidrio y desde la vereda sólo ve a un señor esforzado que lo único que hace es pedalear en el aire.