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El triste final de la jugada concertadora

La derrota dejó al salón Vendimia del hotel Aconcagua convertido en una sala velatoria. Acompañaron a Biffi y Thomas en su peor momento Perceval, Gallego y Bruni.
Biffi y Perceval se saludan en el Aconcagua. Foto: Marcelo Ruiz / MDZ
Biffi y Perceval se saludan en el Aconcagua. Foto: Marcelo Ruiz / MDZ
La derrota dejó al salón Vendimia del hotel Aconcagua convertido en una sala velatoria. Todos recordaban aquellos gritos desafiantes de Alfredo Cornejo, que aseguraba que Celso Jaque y su gente mentían. Era el último atisbo de esperanza antes de que los resultados mostraran que César Biffi, Enrique Thomas, Marita Perceval, el mismo Cornejo y especialmente Julio Cobos fracasaron con la idea de instalar la Concertación en Mendoza.

Apenas unos minutos después de la medianoche, los rostros lucían apesadumbrados. No había lugar para otra cosa que la derrota. Sólo algunos periodistas, desinteresados, mostraban algún esbozo de sonrisa en el búnker de Biffi y los suyos. El resto, impotente, esperaba el desenlace.

“Enseguida baja”, afirmaron antes de las 0.30. Era el anuncio que nunca quisieron dar: el actual intendente de Godoy Cruz, iba a enfrentar las cámaras para decirle a Mendoza que no consiguió ser gobernador y que debía resignarse frente a la cantidad de votos obtenidos por el candidato peronista.

Biffi hablaba para el lado al que apuntaban las luces. En la oscuridad, sólo abrazos y lágrimas que rodaban en varios de los rostros que se hicieron conocidos en la política local de la última década. Allí estaban Perceval, Claudia García, Sergio Bruni, Carlos Santilli y Alejandro Gallego. Alrededor, un sinfín de colaboradores se consolaban entre ellos, con palmadas para tomar ánimo y enfrentar la caída con dignidad, aunque reconocían que todo tiempo pasado fue mejor.

“Si uno gana, el otro pierde”, sentenció uno, para justificar con filosofía básica las reglas del juego que esta vez lo tuvieron del lado perdedor.

Terminó de hablar Biffi y terminó de hablar Thomas; los dos se fueron entre saludos lastimosos de los asesores que hasta último minuto intentaron no entregarse a la realidad de los números. Y terminaron de configurar esa imagen casi funeraria cuando los candidatos cruzaron el umbral y fueron despedidos con un respetuoso aplauso.