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Por qué detener delincuentes no alcanza para reducir la inseguridad

El delito persiste no solo por quienes roban, sino por un sistema que lo vuelve rentable y los delincuentes siguen sembrando el terror en cada ciudad.

Reducir la inseguridad exige algo más incómodo.

Reducir la inseguridad exige algo más incómodo.

Archivo MDZ

Caminar hoy por muchas ciudades genera una sensación de inseguridad permanente que desgasta. Ese gesto automático de ocultar el teléfono o el nudo en el estómago al doblar una esquina no es paranoia. Es una reacción corporal a un entorno que percibimos como riesgoso. El cuerpo entiende antes que el discurso.

Cuando la respuesta frente a ese miedo se limita a medidas rápidas y visibles, el alivio suele ser breve. La inseguridad vuelve porque no hemos tocado la raíz del problema.

El miedo cotidiano que nos recorre

El inconveniente no está solo en los hechos aislados que vemos en las noticias, sino en el ecosistema que los produce. Detener personas calma la ansiedad social por unas horas, pero no modifica las condiciones que hacen posible el delito. Mientras sigamos aplicando soluciones de corto plazo, el síntoma reaparece, como una enfermedad mal tratada.

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La inseguridad vuelve porque no hemos tocado la raíz del problema.

La inseguridad vuelve porque no hemos tocado la raíz del problema.

La trampa del culpable único

Durante años se nos enseñó a pensar el delito como la acción de un individuo aislado. Esa figura tranquiliza porque nos da a quién señalar. Pero mirar solo al autor material es como bajar la fiebre sin atacar la infección: el síntoma cede, el problema permanece. Esto no implica negar la responsabilidad individual. El delito es una elección y debe tener consecuencias ciertas y rápidas. Sin control inmediato no hay prevención posible. Pero también es cierto que cada hecho violento es la expresión final de un sistema de oportunidades, incentivos y ausencias que lo vuelve rentable. Nadie delinque en el vacío. Se delinque dentro de un entramado que antecede al hecho y que puede reemplazar a quien cae.

El robo de celulares como radiografía del sistema

El robo de celulares lo muestra con claridad. En Argentina se denunciaron 877.078 casos por robo, hurto o extravío de teléfonos en 2024, un promedio cercano a 2.400 por día, según datos del Ministerio de Seguridad y reportes periodísticos. A partir de mayo de 2025, el relanzamiento de la línea *910 para el bloqueo inmediato de IMEI logró inutilizar equipos denunciados y reducir su valor en el mercado ilegal. El impacto existió y desincentivó parte del negocio. Pero el delito no desapareció. ¿Por qué? Porque detener al arrebatador no afecta la cadena de valor ilegal. Detrás de cada equipo robado hay compradores, desbloqueadores, revendedores y mercados informales que absorben el producto. Incluso cuando un teléfono queda inutilizado, aparecen el contrabando, el desbloqueo clandestino o la venta por piezas. La mano de obra es barata y reemplazable; la demanda, constante. El sistema se ajusta y continúa.

Un ecosistema que se adapta

Los mercados delictivos no son caóticos. Son resilientes. Cuando se presiona un punto, el delito se desplaza. Cuando se detiene a uno, otro ocupa su lugar. No porque sea invencible, sino porque el ecosistema sigue intacto. Mientras la estructura permanezca, el flujo se recompone.

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Siempre es necesario detener delincuentes.

Siempre es necesario detener delincuentes.

Control inmediato y transformación real

La prevención eficaz no es elegir entre patrulleros o análisis profundo. Se necesitan ambos. La presencia policial, el patrullaje focalizado y la tecnología reducen el daño inmediato y permiten recuperar control territorial. Sin ese piso, nada más puede hacerse. Pero si no se suman investigación financiera, allanamientos sostenidos en mercados ilegales (como los realizados en galerías de Once) y herramientas estructurales como un registro nacional integral de IMEI, el miedo regresa.

Detener delincuentes es necesario. Reducir la inseguridad exige algo más incómodo: animarse a desarmar el sistema que convierte al delito en una opción viable. Tal vez entonces el cuerpo deje de vivir en alerta y el alivio deje de ser apenas un suspiro.

* Lic. Eduardo Muñoz. Criminólogo. Divulgador en Medios. Análisis criminológico aplicado a temas sociales de actualidad y seguridad.

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