Expediente Yoryi Godoy: un asesinato que comenzó como una desaparición y terminó en las manos de sus padres
En el año 1996, Mendoza se paralizó ante la desaparición de un niño de 3 años en un supermercado. Sin embargo, la medicina legal y las contradicciones policiales revelaron una verdad atroz detrás de la denuncia.
Yoryi Godoy fue asesinado por Jorge Godoy. / Arhcivo
GeminiHay crímenes que quedan grabados en el ADN de una sociedad no solo por su crueldad, sino por la puesta en escena que los rodeó. El pasado 13 de mayo se cumplieron 30 años del asesinato de Ayrton Brian Godoy, conocido por todos como "Yoryi". Su caso es, todavía hoy, un objeto de estudio para la criminalística local: representa el cruce exacto entre la psicología criminal y la medicina forense.
Esta última característica coloca a este caso como más que importante para darlo a conocer en un aniversario tan particular. Este trabajo de investigación fue realizado por MDZ en conjunto con el grupo Evidentia formado por María de los Ángeles Videla, María Victoria Gaviola, Martina Guadalupe Lostes y Valentina González, especialistas en criminalística y siniestrología vial, con el apoyo multimedial de Milagros Lostes.
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La historia comenzó con un relato que buscaba movilizar la empatía popular. Jorge Godoy y Graciela Camargo denunciaron que su hijo de 3 años había sido secuestrado en un supermercado de Villa Nueva, Guaymallén. Durante horas, la provincia se llenó de fotocopias con la cara de un niño pelirrojo, de camisa blanca y corbata oscura. Sin embargo, mientras la sociedad rastrillaba las calles, los investigadores empezaban a notar que el rompecabezas de los padres tenía piezas que no encajaban y las dudas comenzaron a crecer.
Según Evidentia, en la criminalística las contradicciones en el testimonio son el primer indicio de una escena del crimen construida o falsa. Este detalle en particular, en conjunto con la presión de los interrogatorios y el peso de la inconsistencia, provocó que Jorge Godoy se quebrara por completo. Fue así que la confesión del padre fue el punto de giro de todo el caso: no hubo secuestro, hubo un filicidio.
Una vez obtenidos los datos pertinentes dados por Godoy, las autoridades comenzaron un peritaje que se caracterizó por ser desolador. Tras recorrer casi 10 kilómetros en bicicleta con el cuerpo oculto en una bolsa, el padre había enterrado a Yoryi en las inmediaciones del Canal Pescara, en un pozo improvisado en la tierra húmeda. El trabajo de los peritos en el sitio fue fundamental para preservar pruebas que luego serían determinantes en el juicio, confirmando que el traslado del cuerpo se realizó de forma precaria, buscando la impunidad bajo el amparo de la noche.
La autopsia: el relato de una agonía evitable para un niño de 3 años
Una vez encontrado el cuerpo del pequeño Yoryi, se pudo realizar la autopsia que rápidamente se convirtió en uno de los documentos más dolorosos de la historia judicial mendocina. El examen científico reveló que el pequeño no murió de forma instantánea, sino que fue golpeado incansablemente para que tiempo después en este estudio se demostrara: fractura de tres costillas, estallido de un bazo y un testículo, múltiples hematomas en rostro, nuca y mentón.
Desde el punto de vista de la tanatología, se determinó que el niño agonizó durante aproximadamente nueve horas, dato clave para la prueba jurídica que se necesitaba para condenar a la madre. La ciencia demostró que, si Yoryi hubiera recibido asistencia médica tras la golpiza, hoy tendría 33 años; sin embargo, el silencio de su madre Graciela Camargo ante su sufrimiento la convirtió, ante la ley, en partícipe necesaria de una muerte lenta.
El peso del recuerdo de un caso angustiante para Mendoza
El juicio, realizado en 1997 por la Quinta Cámara del Crimen, fue un hito de convocatoria popular. La sociedad mendocina siguió cada jornada como si necesitara sanar el engaño del que había sido parte durante las horas de la falsa búsqueda que los padres organizaron.
Jorge Godoy recibió la pena de reclusión perpetua, la sanción más severa del Código Penal de aquel entonces, mientras que Graciela Camargo fue condenada a prisión perpetua. Con el paso de las décadas, y tras agotar sus condenas o acceder a beneficios, ambos recuperaron la libertad, pero la marca que la muerte de Yoryi dejó en Mendoza permanece inalterable.
Hoy, en el cementerio de Guaymallén, la tumba de Yoryi suele tener juguetes y cartas. Para la ciencia del crimen, el caso es un recordatorio de que, aunque se intente fabricar un secuestro y ocultar un cuerpo bajo tierra, los indicios biológicos y la cronología de las lesiones siempre terminan contando la verdadera historia.





