Haití: cómo es caminar por el país más inestable del continente

Haití: cómo es caminar por el país más inestable del continente

La república caribeña copó a las portadas de todo el mundo esta semana por el asesinato a sangre fría de su presidente, Jovenel Moïse. Aquí, un panorama de Haití y una charla con personas que recorren cada día sus esquinas, que son las más pobres de América.

Facundo García

Facundo García

Era la 1 de la madrugada del miércoles. A quien por esas horas era el presidente de HaitíJovenel Moïse, le quedaban minutos de vida, pero él no lo sabía. Tal vez estaba en su cama junto a la esposa. Su residencia se ubicaba en Pélérin, un barrio de Puerto Príncipe que está lleno de casas lujosas y vigilancia. No intuyó que entre las sombras se movía gente que lo acribillaría con 12 disparos y dejaría a su pareja malherida.  

"El presidente tenía guardia adentro y afuera de la casa, y también sobre la ruta. Para acercarse a él había que pasar controles", detalló el periodista haitiano Milo Milfort en diálogo con MDZ Radio.

Milo está cumpliendo un estado de sitio que durará dos semanas y tiene la sensación de que los próximos días serán cruciales. "Se han vivido escenas como en las películas y evidentemente fue una acción muy bien preparada", consideró.

"La gente está metida en su casa, escuchando la radio"

Las habitaciones de la residencia presidencial fueron saqueadas. La primera dama fue llevada a un hospital y después trasladada a Miami, donde estaría estable. Y el país quedó en medio de una incertidumbre sin freno, entre bandas armadas que dominan buena parte del territorio y potencias extranjeras que vuelven a barajar la posibilidad de una intervención.

La ciudad de Puerto Príncipe y sus alrededores reúnen a unas 6 millones de personas. "Y ahora tenemos esta calma aparente. Las calles están casi vacías, la gente se queda en las casas y las escuelas no han funcionado con normalidad durante la semana. Las horas que siguen pueden ser determinantes. Estamos todos atentos a la radio para saber qué pasa", relata el entrevistado.  

Moïse fue asesinado a sangre fría.

Estado Zombie

En la página 876 del manual Oxford Illustrated Companion to Medicine (Oxford University Press, 2001) se afirma que alguna vez la legislación haitiana -en el artículo 246 de su Código Penal- estableció castigos contra el delito de “zombificar” a un ser humano. Es que la tradición de convertir a alguien en un cadáver que se mueve tiene su origen en este pequeño país caribeño, donde la línea que separa la vida de la muerte puede volverse tan fina que resulta indistinguible. 

Hay decenas de mafias armadas que desafían el poder del Estado

El Estado haitiano, de hecho, podría describirse como una institución zombie. No posee el monopolio de la violencia y tampoco está en condiciones de ser la síntesis de una situación hegemónica estable. Varias fuentes indican que las mafias se cuentan por decenas. Serían más de 70, aunque para el periodista Milfort son más: al menos 100.

"Poseen armas de guerra y sacan dinero de los secuestros. Pensemos que sólo en junio hubo más de 200 secuestros y unos 150 asesinatos. A eso hay que sumarle la presencia de mercenarios de otros países, que están desde hace mucho por acá", agrega Milo.

Los secuestros son casi al azar, no necesariamente a gente adinerada. A veces se llevan a un vendedor ambulante, a una adolescente que estaba jugando en la calle, a un niño. Los delincuentes exigen rescates y las familias hacen lo que pueden para pagar. Los asesinatos, por otro lado, obedecen a internas entre bandas o a asuntos políticos. El 30 de junio, por ejemplo, se reportó la muerte de 19 personas durante una masacre, entre ellas una activista del feminismo.

La gang (banda) más grande es la G9, que es la alianza entre nueve organizaciones que potenciaron su poderío y están dirigidas por el ex policía Jimmy Cherizier, apodado Barbecue (asado). En junio, el grupo llamó a una "revolución" contra las élites empresariales y políticas. No obstante, muchos civiles dudan de las intenciones reales detrás de esa consigna. 

Jimmy "Barbecue" Cherizier es el líder de la banda más poderosa de Haití.

Como sea, Naciones Unidas advirtió hace meses que la república caribeña estaba registrando niveles de violencia "sin precedentes" debidos, en parte, a la cantidad descomunal de armas -unas 500.000- que hay en circulación. 

No son tantas las empresas que facilitan armamento a las bandas en Haití. Si se quisiera, a lo mejor se las detectaría y penalizaría. Pero es posible que nadie mencione ese dato porque los países vendedores -Estados Unidos entre ellos- son los que ostentan mayor capacidad de lobby en las grandes cadenas de noticias. 

Final imprevisible

Oscar Martínez es argentino y está en Haití desde hace poco más de un año y medio, como parte de una brigada internacionalista solidaria integrada por referentes de América Latina. Su trabajo se centra especialmente en ayudar a las comunidades campesinas.

Oscar afirma que el de Moïse era un gobierno de facto. "El 7 de febrero se había cumplido constitucionalmente su mandato. Él decidió quedarse en el poder con la anuencia de las Fuerzas de Seguridad. Intentó legitimar ese estado de cosas a través de dos convocatorias a referéndums constitucionales que fueron rechazadas por enormes movilizaciones en abril y en junio, lo que llevó al gobierno al convocar elecciones que -en teoría- iban a ser en septiembre", explica.

Haití fue epicentro de grandes movilizaciones en los últimos tiempos. Foto: ONU.

En esos comicios se iba a elegir presidente, diputados, senadores y autoridades locales. Martínez dice que la votación era esperada porque "desde 2018 el Congreso está cerrado y no funciona". "Pero ahora -observa- todo queda bajo un manto de duda. Nadie sabe si habrá elecciones libres y democráticas. En medio, el crecimiento de las bandas lo único que hace es alimentar la idea de una intervención extranjera en la isla". 

Amenazados

De acuerdo con fuentes gubernamentales, testigos del magnicidio de Moïse contaron que los mercenarios que ultimaron al presidente hablaban en español e inglés. Con el correr de las horas se mostró a algunos detenidos que serían los responsables de la acción: esos sospechosos no son haitianos. 

Se trata de al menos 15 colombianos y 2 estadounidenses. Sin embargo, la tesis del intervencionismo externo sólo se menciona sottovoce en las crónicas televisivas. Sería otro el cantar si los acusados hubiesen llegado desde otros puntos del continente. 

Los detenidos tras el magnicidio. Foto: @LautaroRivara

Hay, de todos modos, una posibilidad más. La versión alternativa marca que los extranjeros capturados cayeron en una trampa, que los habían contratado como personal de seguridad y que los verdaderos asesinos de Moïse fueron sus propios guardias. El fiscal de Puerto Príncipe, Bedford Claude, abonó esa teoría: “No he visto a ningún policía lesionado, sólo al presidente y a su esposa. Si son responsables de la seguridad presidencial, ¿dónde estaban?, ¿qué hicieron para evitar que esto ocurriera?”.

Entre tanto, la crème de la crème haitiana -entre ellos el primer ministro, Claude Joseph- está pidiendo que Estados Unidos envíe tropas para "estabilizar la situación"

Manuel Antonio Grosso Guarín, uno de los ex militares colombianos bajo sospecha.

¿Intervendrá Estados Unidos? Los haitianos saben cómo suelen terminar estas "ayudas humanitarias". En 1915, en medio de otra ola de crímenes políticos, desembarcaron los marines. Así es como los locales perdieron el control de su país por décadas. Los últimos soldados norteamericanos -de esa tanda: habría más- se fueron recién en 1934

Más allá de lecturas moralistas, hay vectores concretos; relaciones de fuerza dentro del bloque en el poder. Si se evalúa el panorama desde la economía política, pareciera que las élites haitianas no están pudiendo articular un proyecto viable, no ya para que les permita mantener los beneficios de siempre, sino para evitar que todo se desmadre. Sencillamente, les cuesta entusiasmar a las masas en pos de un objetivo.

Y esa falta de proyecto puede estar relacionada con una de las herencias más venenosas del colonialismo: la imposibilidad de pensar la propia sociedad por fuera de los moldes ajenos. Por eso el riesgo del intervencionismo y por eso la violencia sin final a la vista.

 


 

 

 

 

 

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