"Castigan" a los directores de la Penitenciaría por un caso de violencia de género

"Castigan" a los directores de la Penitenciaría por un caso de violencia de género

Una penitenciaria denunció a los directores de la Penitenciaría por un caso de violencia de género e institucional. La mujer presentó un amparo judicial y la Justicia le dio la razón. Qué deberán hacer los acusados.

Gabriela Guilló

Gabriela Guilló

Una denuncia judicial dejó al descubierto un caso de violencia de género e institucional que ocurrió dentro de la Penitenciaría de Mendoza. La víctima acusó al director, subdirector y al Jefe del Departamento Administrativo de acoso laboral, humillación y hostigamiento. La Justicia le dio la razón y "castigó" a los directivos.

La víctima es una penitenciaria con 15 años de servicio en las cárceles mendocinas. Tras sufrir hechos de violencia de género e institucional presentó un amparo en la Justicia y esta semana se conoció la resolución de la causa.

Vanina Lourdes Rubilar desde que entró a trabajar como penitenciaria desarrolló tareas judiciales. En 2012 pasó a prestar servicios en la Alcaidía, ubicada en calle Boulogne Sur Mer. Su legajo era impecable por lo que le extrañó que las cosas cambiaran repentinamente cuando en 2016 Leonardo Musolino fue nombrado su jefe. 

Orellana, el director de la Penitenciaría

Los hostigamientos y la persecución comenzó en ese momento. Su carga horaria se incrementó, le quitaron el descanso laboral semanal, al estar en guardia pasiva debía acudir a cualquier hora y a cualquier complejo que dependían de la Dirección y debía hacerlo con su movilidad, ya que la oficial nunca estaba a su disposición.

"No hubo ninguna razón de su maltrato, simplemente comenzó a trabajar ahí y fue el inicio del hostigamiento", aclaró Rubilar a Mdz.

Los llamados de atención sin motivo eran constantes a tal punto que un día la encerró en un pasillo, la increpó y le dijo que ya no podía trabajar allí. Los hostigamientos incluían gestos sexuales del hombre como forma de humillación.

"Empecé con tratamiento psiquiátrico porque a raíz de este hostigamiento tuve ataques de pánico y hasta intentos de suicidio", sostuvo la mujer. 

Tal es así que Rubilar fue la primera mujer penitenciaria en ser destinada a subir al muro, es decir, custodiar la garita que está en los techos de la penitenciaría, un trabajo adjudicado como manera de castigo a los empleados.

Todos estos hechos causaron graves consecuencias en la salud de la víctima. Los certificados médicos confirmaron que padecía un "episodio depresivo con características moderadas a severas, con altos montos de ansiedad con crisis de angustia debido a situaciones laborales vividas en el último tiempo en su trabajo".

La Justicia ordenó que cesen los hechos de violencia de género

A causa del cúmulo de intimidaciones, Rubilar concurrió al ministerio de Seguridad para denunciar la situación. El director de la Penitenciaría, Eduardo Orellana, le dio entonces un nuevo destino: Boulogne Sur Mer.

La situación lejos de Musolini volvió a la tranquilidad por un tiempo, pero todo cambió cuando en el 2020 Orellana lo trasladó a una oficina contigua a la de Rubilar.

Ese mismo día, y tal como consta en el amparo, Musolini le hizo gestos en los que simulaba que iba a agredirla físicamente. La única solución que encontró la mujer, aconsejada por su psiquiatra, fue el de denunciar el hecho en la Oficina de Violencia de Género y Violencia Institucional. 

"Sentí que nadie me respaldaba, ni mis jefes, ni mis compañeros, ni el ministerio de Seguridad", sostuvo.

Luego de la denuncia, en marzo del 2020 fue puesta a disponibilidad a la espera de un nuevo traslado. 

Desde la Oficina de Violencia de Género la ayudaron y acompañaron a presentar un amparo en la Justicia. La jueza Roxana Alamo ordenó una prohibición de acercamiento de Musolino y establecieron una serie de medidas contra los directivos.

De esta manera, el Gobierno de Mendoza fue obligado a cesar todos los actos que impliquen violencia de género, ya sea realizada en forma directa por Musolino o de forma indirecta, por omisión como Orellana y el subdirector del penal Gabriel Celedón.

Asimismo, los tres deberán realizar un curso sobre Perspectiva de Género conforme a la ley 27499. La Justicia ordenó, además, que Rubilar vuelva a trabajar de acuerdo a su categoría y remuneración en oficinas estatales, lejos de la cárcel.

"Es un ambiente difícil para una mujer, porque las que son como yo suelen ser hostigadas y las que no, son más machistas que los hombres y avalan estas situaciones. Me sentí sola, nadie me acompañó. Recién ahora cuando la Justicia me da la razón varias compañeras me llamaron y me dijeron que también habían sido víctimas de maltrato", concluyó Rubilar.
 

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