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Unabomber: el hombre que advirtió sobre la esclavitud tecnológica

El apagón digital de este lunes hizo que muchos tomaran conciencia del nivel de dependencia que tienen respecto a las redes sociales. Pero este presente ya fue advertido por un peligroso criminal que describió el futuro ¿Vivimos la distopía que él anticipó?
Foto: Pexels
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Este lunes, millones de personas pasaron buena parte del día sin redes sociales. La respuesta, al principio, fue una expresión risueña ante el apagón. Después llegó la incomodidad de buscar otros canales para enviar los mensajes indispensables y, horas más tarde, la certeza de que si alguna de estas empresas que controla nuestros vínculos se encapricha, nos generaría un problema monumental ¿Tanto dependemos de Whatsapp, Facebook e Instagram?

A lo mejor sí, a pesar de que son tres palabrejas que nadie hubiera entendido hace 20 años. Y es muy difícil no recordar, al final de la jornada y mientras se multiplican los comentarios irónicos sobre lo que pasó, las advertencias que hizo en su momento Theodore Kaczynski, más conocido como el Unabomber.

Junto a los textos en los que advertía sobre el futuro sombrío de la sociedad posindustrial, el Unabomber (abreviación de "University and Airline Bomber") repartió explosivos que mataron a 3 personas y dejaron con importantes heridas a otras 23. Pero más allá de esos actos criminales, clavó una sospecha en el centro de la hipermediatizada sociedad posmo.

“Este sistema no existe ni puede existir para satisfacer las necesidades humanas -acusó Kaczynski en sus escritos-. En cambio, es el comportamiento humano el que debe modificarse para adaptarse a las necesidades del sistema". O sea: cuando el usuario urbano promedio se queda sin Whatsapp, sus hijos se dispersan, su madre puede enfermar sin que él tenga tiempo de ir a visitarla, su compañera/o no le puede expresar que lo ama. Es lo que pasó esta tarde. La vida entera -o al menos los eslabones principales- ya está moldeada al ritmo de esa aplicación de ícono redondito y apariencia inocentona.

El Unabomber en su etapa violenta, según un retrato que elaboró la Policía. 

Locura racional

Por supuesto, la fantasía romántica indica que, si se suspendieran las telecomunicaciones, la mayoría de las personas empezaría a elaborar vínculos diferentes, más profundos; se leerían más libros y se escribirían más poemas. Sólo siete horas de apagón digital demostraron que, por el contrario, en lo único que pensaban millones de esclavos era en la reparación de sus cadenas. 

Durante su paso por Harvard, el Unabomber participó de un cruel experimento 

Como apuntó Herbert Marcuse en su hoy olvidado El hombre unidimensional: "el concepto de alienación parece hacerse cuestionable cuando los individuos se identifican con la existencia que les es impuesta y en la cual encuentran su propio desarrollo y satisfacción“. Los que usan Instagram compulsivamente hallan allí su placer, su sentido de vida -o parte de él-. La gente hoy se agarra a piñas o se pone a llorar por un like.

Contra eso se manifestó, desde otras coordenadas ideológicas, Kaczynski. Nació en Illinois en 1942, pasó por Harvard y se doctoró en matemática en la universidad de Michigan. Desde joven se lo consideró una persona de inteligencia superior.

Durante su experiencia en Harvard, participó de un experimento que duró 3 años. Era la época de la Guerra Fría, y aprender a destruir la psiquis del adversario era un objetivo militar. Theodore fue parte de esas pruebas que dirigía el doctor Henry A. Murray; y muchos creen que fue entonces que entendió la forma en que la ciencia que se desarrollaba independientemente de los valores humanos podía convertirse en un monstruo.

Los experimentos en los que se involucró el futuro Unabomber consistían en destrozar sistemáticamente la autoestima de los participantes. Estaban pensados para, por ejemplo, desmoralizar a los espías soviéticos capturados. Era una técnica para fabricar humillación y dolor hasta anular la voluntad del enemigo. Y es lo que intentaron, en una etapa experimental, con el joven Kaczynski. 

Para principios de los 70', Theodor ya se había decepcionado ante el rumbo que estaba tomando la "civilización". Vivía en una cabaña en un bosque de Montana, sin luz eléctrica ni agua y prácticamente desconectado del mundo. Entre 1978 y mediados de los 90 enviaría 16 explosivos a distintas universidades y empresas. 

La cabaña del Unabomber. Imagen: helenair.com

Libertad y autonomía

El Unabomber -que fue atrapado- ha escrito profusamente, dentro y fuera de la cárcel. Entre sus textos más famosos están los que envió a los medios estadounidenses amenazando con continuar con su carnicería si no accedían a publicarlos. Esos papeles dicen cosas como esta: 

"El sistema tecnológico-industrial puede sobrevivir o puede fracasar. Si sobrevive, puede conseguir eventualmente un nivel bajo de sufrimiento físico y psicológico, pero sólo después de pasar a través de un periodo de ajuste largo y muy penoso y sólo con el coste permanente de reducir al ser humano y a otros muchos organismos vivos a productos de ingeniería y meros engranajes de la maquinaria social. Además, si el sistema sobrevive, las consecuencias serán inevitables: no hay modo de reformar o modificar el sistema así como prevenirlo de privar a la gente de libertad y autonomía".

Entre argumentos cuestionables, hay otros interesantes. Imposible no relacionar este de aquí abajo con lo que ocurrió hoy: 

"Usamos el término 'actividad sustitutoria' para designar una actividad que persigue directamente una finalidad artificial que la gente ensalza para ella misma meramente con objeto de tener alguna finalidad por la que trabajar, o, dejadnos decir, meramente por la razón de la satisfacción que consiguen al perseguir dicha finalidad. He aquí una regla fácil para la identificación de actividades sustitutorias. Dada una persona que dedica mucho tiempo y energía a la persecución de la finalidad X, pregúntale esto: ¿si tuviera que dedicar la mayoría de su tiempo y energía a satisfacer sus necesidades biológicas, y este esfuerzo le requiriera usar sus posibilidades físicas y mentales de un modo variado e interesante, se sentiría privado seriamente por no alcanzar la finalidad X? Si la respuesta es no, entonces la persecución de la finalidad X es una actividad sustitutoria".

Sí, claro: Mark Zuckerberg ya se hizo cargo de lo ocurrido. "Perdón por la interrupción de hoy. Sé cuánto confías en nuestros servicios para mantenerte conectado con las personas que te importan", puso en Twitter. Pero la pregunta del Unabomber sigue flotando:¿Usaríamos las redes sociales si nuestras vidas fueran interesantes y satisfactorias? 

Este corto de Steve Cutts puede ayudar a encontrar la respuesta: