Tras el credo, su himno anuncia: ¡vamos a volver!

Tras el credo, su himno anuncia: ¡vamos a volver!

Una introducción y los lados A, B e inclusive C de la visita de Cristina Fernández de Kirchner a Mendoza, para presentar su libro "Sinceramente" en San Martín. La crónica con análisis y opinión de un asistente al encuentro. Macri como plataforma de campaña para la "vuelta" de CFK y los suyos. Qué pasó a la vista, qué sucedió detrás y el valor simbólico de los hechos, bajo una mirada crítica.

Un credo es una profesión de fe, declaración de pertenencia o confesión de entrega a un núcleo de convicciones, que es compartida por una comunidad religiosa, y en particular es una fórmula fija que se recita en la liturgia para proclamar el autoconvencimiento y, a la vez, mostrar en forma de grupo o masa esa decisión. En ese acto, se recita a viva voz una serie de nombres propios y adjetivos calificativos que buscan martillar sobre sí mismos los materiales necesarios para tornar inquebrantable esa creencia.

Este domingo, un sector del peronismo, tal vez el más compacto a la hora de ejercer, mostrar y hasta alardear de su cerrazón, en la que animan con alegría militante su pertenencia, pero sin moverse un ápice del relato que los reunió alguna vez, ejercieron su credo ante su líder maxima, Cristina Fernández de Kirchner que, si se quiere, sumó más simbología al necesario para ratificar la fe de los que ya eran propio: bajó del cielo, les dijo lo que esperaban oir, terminó cuando quiso que todo terminara y subió al Lear Jet para, ya en el cielo una vez más, salir a la reconquista de otros grupos en la diáspora tras su salida del poder en 2015.

Todo sucedió en Mendoza, organizado por una casa editora, la Random Penguin House Mondadori que vende cual maná unos libros llamados “Sinceramente”, de lectura o tenencia obligatoria para el kirchnerismo y sus detractores, y la organización de la Dirección de Cultura de la Municipalidad de San Martín, lugar geográfico preciso del hecho.

Para sumarle misticismo al hecho, debe decirse que el auditorio se llama Papa Francisco, que se construyó con la intermediación de un apóstol expulsado del círculo íntimo de CFK, aunque leal a un innombrado este fin de semana, Néstor Kirchner, como fuera Juan Carlos “El Chueco” Mazzón. En esos predios conviven, además del mencionado lugar de reuniones bajo techo, un autódromo, un parque, un aeródromo y un gran baldío a su alrededor por donde estacionaron cientos de autos y una veintena de micros, sobre los que llegaron no muy espontáneamente los fieles, los infieles y los descreídos, invitados por la organización a la espera de que, como manifestara a viva voz uno de los acólitos a la salida del encuentro a un grupo de periodistas: “Espero que Cristina les haya tocado un poco el corazón”.

Eso esperan: pasión y redención. Que espante los “malos pensamientos”, que los vuelva a convencer en una fe sin grietas, indiscutible y unica. Que vuelva para volver todos junto a ella.

El libro

La presentación del libro “Sinceramente” es la excusa perfecta para ensalzar su paso por la gestión pública sin posibilidad alguna de ser refutada ni criticada. El rol de su partenaire, el escritor Marcelo Figueras, no fue el de “tirarle centros para que haga goles”, cual sería la alusión futbolera del caso. Fue más allá: le arrimó, a su propio costo, el pesado arco para que la pelota forzadamente quedara adentro. Y después le cantó cada gol como si fuera el de Burruchaga a los 83 minutos de México 86 contra Alemania.

Obviamente, la audiencia deliró con cada acierto, a más no poder.

Más allá del propio mérito de la organización en poner en escena esta misa política (en la que todos reciben la Eucaristía del poder sin necesidad de confesar nada previamente), su éxito -como lo explicaremos al final de la nota- es propio y también ajeno; es fruto de las ocurrencias de un Instituto Patria activo en la defensa y el contraataque, pero también de un Gobierno y su construcción política que representa un blanco fácil.

Lado A

Cristina Fernández de Kirchner en San Martín

La organización del acto de CFK en San Martín fue impecable. El modelo “bajó desde arriba” (¿una vez más las alusiones místicas? No: eran instrucciones de la “jefatura”). Se trató de tener a mil personas por invitación con pulseras identificables para ajenos y propios, para quienes crubrían periodísticamente o tenían alguna misión dentro del acto.

Así, esperaban la presencia de los empresarios, industriales, académicos, dirigentes sociales y de derechos humanos, referentes de la cultura y de diversos sectores productivos a los que se les hizo llegar una pulsera blanca. La locutora agradeció la presencia, pero no fueron, salvo un nutrido grupo de periodistas (entre los que estaba quien firma esta nota) y si hubo del resto de la nómina, se trató de afines, parte de la estructura o militantes. Los dueños de los medios invitados no estuvieron.

En definitiva, estuvo su núcleo duro ampliado -como pocas veces antes- a referentes de la prensa local, además de los periodistas que realizaron la tarea de campo concreta.

El resto del millar que estaba en el salón se trató, básicamente y a simple vista, de concejales, legisladores, funcionarios de todos los niveles, exintegrantes de sus gestiones provinciales y municipales, excolaboradores de la gestión nacional y militantes caracterizados.

En las puertas de ingreso, decenas se quejaban por tener “un cargo de conducción partidaria” aquí o allá, y que los mandaban al fondo, en donde al finalizar la presentación del libro, CFK los saludaría. Allí hubo una buena cantidad de gente con banderas, con sus creencias intactas, que se dio un baño místico notorio para salir a militar un primer triunfo el 11 de agosto próximo.

Empezar a volver, como tanto cantaron en su himno más cantado.

Lado B

Cristina Fernández abraza a su candidata local, Anabel Fernández Sagasti.

El peronismo mendocino cree que sumará más adelante -no en la instancia PASO nacional próxima, obviamente- unos “cuatro o cinco municipios” que hoy están en poder del radicalismo. Pero además de ello, sí creen que tienen condiciones de sumar una importante cantidad de votos que le permitan a una desconocida Marisa Uceda imponerse en números cara a cara contra Alfredo Cornejo. Ambos encabezan las listas de diputados nacionales. La primera, encaramada en una candidatura por una Anabel Fernández Sagasti que asegura que renovará la política. El otro, la carta fuerte de Juntos por el Cambio y Cabia Mendoza, los dos espacios políticos que se rinden ante el liderazgo del actual gobernador que no tiene posibilidad constitucional de reelección y que va en la boleta solo para tratar de detener la caída que provoca el peso de la presencia de Mauricio Macri en el encabezado.

Con este escenario, el acto también sirvió para tratar de sostener la “propiedad” política y de gestión de San Martín, un municipio en el que está floja la reelección de su referente en el lugar, Jorge Omar Gimenez, que para peor, viene de ser parte del grupo perdedor de la confrontación interna provincial, cuyos “mariscales” y respectivamente nutridas familias acomodadas en el Estado (se gane o no) se volvieron repentinos creyentes de CFK, luego de engañarla con falsos profetas como Sergio Uñac, Roberto Lavagna o Sergio Massa.

Gimenez, el anfitrión, es el mismo que acredita en el Sidico (Sistema de Información Consolidada) del Ministerio de Hacienda de Mendoza a lo largo de sus 16 años de jefe comunal, junto a sus funcionarios y concejales (propios y afines) un promedio de dos visitas semanales al despacho de Julio De Vido u oficinas de su dependencia durante su largo paso como alfil primero de Néstor y luego, de Cristina en la Casa Rosada.

Menos dos o tres ausentes (Paco Pérez, Luis Lobos y algún otro) todo el peronismo mendocino ya conocido bebió del simbólico cáliz de Cristina Kirchner, a quien le habían preparado un momento summum de mística con la “espontánea” entrega de una estatuilla de la Virgen de la Carrodilla que presidió el acto, justo cuando mencionaba su amor, pasión y devoción por los “santos” populares como la Difunta Correa (a la que llamó virgen y se rectificó luego) y al Gauchito Gil.

En el acto reaparecieron todos los que fueron parte de su propia gestión con Celso Jaque, incluido de cuerpo entero y presente en el lugar y hasta con trato especial para acceder al corredero de la candidata a vicepresidenta como muy pocos) y el ausente Pérez.

Son los mismos. Ni uno más, los que quieren “volver”.

Lado C

Cristina Fernandez en San Martin

Si hay un responsable de que el acto de Cristina Kirchner tuviera el éxito que a todas luces tuvo para sus seguidores y lo que ellos puedan transmitirle al resto de la ciudadanía para conseguir apoyo, se llama Mauricio Macri, y en su nombre sintetizada la gestión nacional de estos últimos años.

Algunos de sus libretistas se dieron cuerda tarde de que a la expresidenta había que olvidarla, darla por superada, en lugar de invocarla. Al hacerlo, se hace presente y el macrismo parece no tener en su poder el conjuro para volverla inocua: no le salen las cosas, cometen errores que hasta Cristina Kirchner los considera tales, sin cargarles una cuota de mala intención al equipo gobernante, pudiendo hacerlo.

El gobierno de Macri no logra convencer con sus hechos y mucho menos, con lo que no hizo. Se trata de una batalla de “esperanzas” sin horizonte a la vista. Las de Macri, a largo plazo, “por una Argentina en serio”. Las de Cristina, a volver al pasado reciente. Ambas propuestas aparecen como “mágicas”. Ambos parecen burlarse de una ciudadanía a la tratan como una clientela de oportunidades, saldos y retazos. Y lo peor del caso, es que no hay mucho más fuera de esa batalla de dos gigantes de los que, como se duda de qué lado de los Avengers están, se les apoya o critica por igual, desconcertados, desde la tribuna, pudiéndoseles festejar una u otra ocurrencia, y poco más.

Cristina Kirchner mencionó dos o tres veces, mezclado con alguna anécdota guiada previamente, a su candidato a presidente a quien solo mencionó por su nombre de pila, Alberto.

¿Alguien imagina que esta mujer se limitará ante un eventual triunfo de Los Fernández a coordinar las sesiones del Senado de la Nación en su rol de vicepresidenta?

¿A dónde meterá a trabajar a los que quieren “volver” (y hasta su deseo de retorno al control de lapiceras, calculadoras, maletines y decretos lo han vuelto un himno, una loa, una razón de ser)? ¿Al Senado, acaso?

Cristina demostró con su stand up nada inocente que no va sólo por la campanilla de la vicepresidencia. “Gloria a ti, señora”.

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