Nos mintieron: el cambio no empieza por casa

Nos mintieron: el cambio no empieza por casa

Evidentemente nuestro compromiso y nuestra paciencia tiene fecha de vencimiento, sobre todo en este contexto de pandemia, de más obligaciones que derechos. ¿Qué pasa si nosotros cumplimos y los demás no? ¿Y si quien nos exige es quien peor hace los deberes?

Juan Andrés Tuzzi

Juan Andrés Tuzzi

Durante mucho tiempo nos hicieron creer que "el cambio empieza por casa". Que, si en los pequeños actos hacemos las cosas bien, estaremos poniendo nuestro granito de arena para construir un mundo mejor, y bla bla. Nuestro costado optimista seguro seguirá pensando así. Pero esta nota la estoy escribiendo con el otro costado, el pesimista. Así que seguiré por esa línea, convencido de que nada de lo que hagamos va a enderezar este mundo torcido, o al menos nos va a costar horrores.

Cuando hablo de mundo, hablo del mío, del nuestro. De nuestro entorno, del mundo que nos rodea día a día. La rutina es agobiante. Nos levantamos pensando en hacer las cosas bien. Nos acostamos dolidos por todo lo malo que vimos durante el día. Y, a pesar de todo, nos levantamos al otro día con el mismo optimismo. Pero cansa. 

Y en ese cansancio está la resignación. "Ya fue, ¿para que vamos a hacer las cosas bien? ¿Para qué voy a hacer las cosas bien yo si los demás hacen lo que quieren? Vivamos como queramos. Con derechos, sin obligaciones. Sin reglas. ¿Para qué las queremos?". 

Vamos de menor a mayor. Nos fastidia el que tira el papel al piso, el que estaciona donde no debe, el que habla por teléfono mientras maneja, el que no deja sentar a la abuela en el colectivo, el que te choca en la cola del súper, y así podemos seguir durante todo el día.

Nos hicieron creer que, si logramos cambiar esas pequeñas cosas, cambiamos el mundo. Puede ser. Pero se nos va la vida y cada minuto que pasa nos convencemos más de que, quizás, debemos tirar el papel al piso, estacionar donde queramos, hablar por teléfono mientras manejamos, vivir sin reglas.

¿Por qué esta nota y por qué este pesimismo? Porque no hizo falta mediar palabras para entendernos el viernes por la noche en la redacción. No lo podíamos creer. Éramos varios. Vimos el video de Alberto Fernández en La Rioja, con el barbijo mal puesto, sacándose selfies con sus seguidores, todos amontonados, después de casi 90 días de cuarentena y a muchos se nos pasó por la cabeza este pensamiento. ¿Para qué? ¿En serio el cambio empieza por casa? ¿En serio vamos a tener obligaciones que cumplir? ¿Nosotros? ¿Y los demás?

En esta etapa de aislamiento por el coronavirus, esta sensación que teníamos antes, se multiplicó. La mayoría ha hecho un esfuerzo enorme por cumplir las reglas, por hacer lo que nos pidieron para frenar el avance de la pandemia. Pero ahora (y no solo fue el viernes), quienes son los encargados de predicar con el ejemplo nos están pateando en contra y es imposible que no pensemos una y mil veces: "¿Para qué? ¿Por qué yo y no ellos?"  

A pesar de todo, seguiremos pensando que "el cambio empieza por casa", pero ¡que difícil se hace sostenerlo de esta manera!
 

Temas

¿Querés recibir notificaciones de alertas?