Juzgadlas y seréis mejores
La muerte de Priscila y de Luciana, la reina de la vendimia vetada por embarazada, la salud mental de la Presidenta, el noviazgo de político con modelo top… podrían tener algo en común? Existe algún tipo de invisible hilo conductor, que sólo en términos teóricos, ligue a una niña fallecida por violencia en su familia, con una modelo top?
No es difícil verlo, mejor dicho, es dificilísimo.
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En los últimos tiempos, siento que hemos retrocedido décadas… ¿o será que nunca evolucionamos?
Aparece ante nuestros ojos la violencia que no lastima con sangre, la que no se ve ni deja huellas, la que no deja marca, ni pruebas, ni culpables. ¿O no aparece?
La lucha contra la violencia simbólica, la que no mata pero asfixia en forma lenta y dolorosa, es una batalla perdida de antemano.
La forma en que las mujeres somos exhibidas por los medios de comunicación, y re exhibidas hasta el hartazgo en cada uno de los lugares donde tengamos la osadía de ser, de estar, de existir o dejar de existir, es cada día que pasa un retroceso.
Así, podemos titular, y hablar, y construir a una monstruosa madre culpable del fallecimiento de su hija, pero no hay por más que realice la tarea, ni un solo titular que hable del padre. La realidad es que él no existe, nunca existió, por lo menos en la vida de esa niña, abandonada por él desde su concepción.
Miles de teorías en las que este monstruo, construido a medida de nuestra necesidad de opinar por las dudas, siempre será culpable.
Porque si es de ella, la culpa no es nuestra. Porque asumir la violencia como un hecho individual, exime a la sociedad de este hecho social.
A esta altura, es una obviedad aclarar que esta madre fue abusada, golpeada, desocupada, víctima de un estado ausente, y de una sociedad aún más ausente?
A esta altura resulta muy obvio sostener que la violencia de género no es problema de (pongamos) María?
Es casi un catecismo diario, explicar que cosas que en el cotidiano trajinar son etiquetadas como inocentes o inocuas, toman en conjunto la magnitud de un monstruo que no para de crecer. De crecer encima de nosotras, de consumirnos.
CONSUMIRNOS: cuando hablamos de los hombres para decir mujeres, cuando nuestra felicidad tiene que ver con que la cocina quede más blanca que ayer, y cuando Mr X viene en nuestra ayuda para explicarnos cómo se logra, cuando no importa lo que decís si sos linda, cuando no importas si no lo sos…
Nuestra sociedad debería tener un onceavo mandamiento que exprese: Juzgadlas y seréis mejores.