Pingüinización de la retirada
Desde adentro del kirchnerismo no hay análisis conspirativos alrededor del cambio de gabinete. Tampoco los hay –extrañamente- ideologistas, a los que son tan afectos y a pesar de la salida de una “ideóloga” del entorno inmediato de la Presidenta, como lo es Nilda Garré. Se habla, más bien, de una pingüinización y “pago de deudas” con la vista puesta en los dos años que quedan de gobierno que pueden pasar tan rápido –y ojalá que sin estruendo- como lo hizo el último asteroide “amenazante” 1998QE2.
El año pasado, los hombres más cercanos del entorno presidencial habían tomado nota de una serie de situaciones absolutamente pragmáticas:
- Poner a Garré para quitarle poder entre las fuerzas de Seguridad a Aníbal Fernández no funcionó. Su ideologismo la encapsuló y los uniformados siguieron libremente haciendo de las suyas, con o sin Aníbal.
- Los sectores más convencidos de tener un programa progresista de la seguridad sucumbieron por dos frentes: la fracturación del ministerio al colocar allí a Sergio Berni, un militar ultrapingüino, soldado de cualquier causa en la que haya un Kirchner al frente y hombre de Alicia K; y el bluff de Nilda, la ideológica, ante la denuncia de espionaje con el Proyecto X de sectores sociales, inclusive, algunos iconográficos del kirchnerismo.
- Terminó de cuajar su inexistencia el levantamiento de policías, prefectos y gendarmes por un error de gestión cometido por Raúl garré, el hermano que siempre la acompañó como mano derecha en todos los cargos que ocupó.
- El cuarto aspecto fue el fracaso de la administración de Arturo Puricelli, otro pingüino, no tan ultra como Berni, pero apto para todo servicio, en el Ministerio de Defensa. Las internas militares y las propias, sumado a que su equipo de colaboradores está compuesto, básicamene, por un hijo y dos sobrinos, lo han mostrado en más situaciones ridículas que como un líder de un área que, en cualquier otro país, es estratégica.
Los cambios no se produjeron entonces, sino ahora. Hacerlo en aquel momento expondría a una evaluación con mayor plazo de tiempo de la tarea de un ministro en un área cuyos resultados (o su carencia) están en la agenda social: la inseguridad, eso que preocupa tanto como la inflación.
El cambio, hecho ahora, pasa sin mayor ruido.
Nilda Garré se va premiada como embajadora a la OEA luego de no hacer nada de nada de nada. Esta evaluación se hace tanto en quienes se sintieron cercanos a ella como en sus detractores. Los unos, porque jamás avanzó en un programa de reformas del sistema de seguridad, porque las policías en el país siguieron fuera del control político y porque no supo, no quiso o no pudo sostener una estructura que, al poco tiempo de asumir el cargo, le fue seccionada e invadida por santacruceños prácticos a los que les importaba menos las políticas de seguridad que resolver “en el acto” los problemas coyunturales que pudieran minar la imagen del Gobierno.
A Puricelli nadie le apuesta una sola ficha: “Hará la plancha”, dicen. Dentro de los cuadros de seguridad kirchneristas y afines, nadie se atrevió a hacerse cargo de una problemática de esa dimensión tan solo durante dos años, sin posibilidad de delinear un mero plan táctico, ni siquiera estratégico. Berni seguirá siendo la cara y aunque en privado suele contar que poner la cara lo tiene harto, en público seguirá siendo un estoico alfil presidencial, hasta el último día, cubriendo la retirada, sea ésta estándar o complicada: los finales de ciclo (Alfonsín, Menem, Alianza) siempre llegaron acompañados por un clima enrarecido y violento.
De Agustín Rossi sólo se dice que “se merecía” un cargo ejecutivo. Es un pago por favores recibidos. En dos años tampoco podrá reconstruir el sistema de Defensa y tampoco tiene espacio para criticar a su antecesor, ya que terminó siendo compañero en el gabinete.
Un cierre de gestión con gente a la que se le puede dar una orden con solo mirarla a los ojos es lo que se está gestando y, por eso, la importancia de los cambios hechos y de los que vengan no estará en las expectativas de gestión de los ministerios, sino en qué hueco van a cubrir.
