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Opinión

La gestión provincial en caída

Resultados de un estudio de opinión pública realizado en febrero.

El pasado mes de febrero –entre el 10 y 16-, efectuamos en Mendoza un estudio de opinión pública, cuyos resultados arrojaron algunos aspectos interesantes para el análisis. En primer lugar, las cifras dan cuenta de una considerable caída en la evaluación de la gestión provincial, señalando que la imagen positiva del gobierno de Paco Pérez, descendió del 40,1% en junio de 2012, a 29,7% en febrero de este año.

El informe destaca asimismo, el dato que ubica al gobernador en términos personales, bastante mejor calificado que su propia gestión, alcanzando un 38,4% de aceptación.

El fenómeno de un gobernador midiendo más que su administración, no es nuevo en la provincia. Se dio fundamentalmente durante la administración de Julio Cobos, en la cual la imagen acerca de su persona, era ampliamente mejor calificada que la de su gobierno.

La popularidad de Cobos tuvo su correlato en un particular estilo de gestión. El ex vicepresidente acotó durante su mandato la brecha que normalmente separa a un gobernador de sus gobernados, transformándose en un mandatario cercano a la gente. Ello le bastó para alcanzar altísimos niveles de aprobación, independientemente de la valoración respecto de su gobierno e incluso de su alineación al espacio kirchnerista.

Pérez por su parte, no logra imponer aún su propio carácter a la gestión. Sobre él recaen luces y sombras que explican de algún modo la grieta que separa la persona de su gobierno. En la opinión pública casi nadie desconoce su adscripción al modelo kirchnerista, aunque se lo reconoce más dialoguista y abierto, pero también dependiente y con mínimo margen de acción para resolver. “Hacemos una diferenciación muy clara entre el gobernador y los funcionarios nacionales. En la provincia nos escuchan, nos atienden y en algunos casos hemos encontrado soluciones. El problema es que el gobierno provincial tiene escasa influencia en el nacional y como consecuencia, las chances de acceder a vías que satisfagan nuestras necesidades son limitadas”, sintetizó un empresario.

Sólo Cristina

Quienes integran el firmamento kirchnerista, saben que sus posibilidades de sobresalir por encima de la figura de Cristina Fernández de Kirchner, son exiguas. Ella no permite que nadie a su alrededor lo haga. Aunque algunos gobernadores que conforman el “rebaño K”, como Gioja o Urtubey, han conseguido con el tiempo trascender y alcanzar al menos en sus respectivas provincias, cierto brillo propio. Seguramente dichos mandatarios no podrán aspirar a otra cosa que no sea una improbable bendición de Cristina para una eventual candidatura a la presidencia, pero mientras tanto, gozan de popularidad genuina en sus terruños. Muy diferente es la situación de Daniel Scioli, cuya proyección difiere sustancialmente del resto de los gobernadores K y por lo tanto, merece un análisis individual y pormenorizado que dejaremos para otra oportunidad.

Pérez en tanto, se mueve en un terreno fangoso. El gobernador decidió desde el minuto uno de su candidatura, atar su futuro al derrotero de CFK. Desde una perspectiva efectista, no cabe duda que dicha estrategia le resultó. Hoy ocupa el Sillón de San Martín. No obstante, se esperaba que el actual gobernador de Mendoza levantara con el correr de los meses vuelo propio y construyera su propio proyecto político, hecho que hasta el momento no se visualiza.

La realidad señala que la determinación de Pérez de mantener un alineamiento a ultranza con el gobierno nacional, sesga para bien o para mal, la evaluación de la gestión provincial por parte de la ciudadanía.

El gobierno provincial se expone a los vaivenes del humor social que promueve la gestión de Cristina y ello se verifica en las cifras que indican que la imagen positiva del gobierno de CFK, descendió también en Mendoza desde el 49,7% al 38,5% en los últimos siete meses. La calificación del gobierno de Pérez, cayó exactamente en la misma proporción que lo hizo la del gobierno nacional.

El desdoblamiento

Atento a lo expresado en párrafos anteriores, nos preguntamos en virtud de las muchas especulaciones que se hicieron últimamente, si fácticamente le conviene a Pérez desdoblar las elecciones legislativas provinciales de las nacionales. La respuesta es en principio negativa.

Las encuestas conspiran contra el desdoblamiento, más allá de los deseos –u órdenes- de Cristina, que seguramente preferirá comicios unificados en todo el país.

En primer lugar, aún con la merma, el gobierno nacional sigue conservando niveles de popularidad más elevados que los que ostenta la gestión provincial (38,5% contra 29,7%). Con lo cual, los candidatos oficialistas podrían beneficiarse más con la unificación que con el desdoblamiento. Por otra parte y aunque los mendocinos deberíamos priorizar los intereses provinciales por sobre los nacionales, desdoblar tampoco le reditúa al gobernador en términos de opinión pública, ya que casi el 60% de los ciudadanos lo rechaza.

En resumidas cuentas, Pérez quizás deba revisar su estrategia de posicionamiento, si desea imponer su identidad a la gestión y por qué no al mismísimo justicialismo mendocino. Al cual tal vez pueda rescatar de la feroz interna que hoy lo tiene a mal traer.