Mirá cuánto cambió (y cambia) el consumo en la Argentina
Andrés Rosberg, Presidente de la Asociación Argentina de Sommeliers, acaba de editar un libro de diálogos sobre vinos con el crítico cinematográfico Eduardo Antín, más conocido como Quintín. El libro, amigable y desestructurado, se llama “Más allá del Malbec – Conversaciones sobre vinos sin dogmas”.
En un par de párrafos muy sustanciosos, Andrés cuenta cómo cambió el “mainstream” de los vinos argentinos, es decir sus lineamientos generales. El párrafo dice así:
“Parecería por momentos que es estático, pero en verdad en los últimos treinta años pasó de los blancos a los tintos, de lo dulce a lo seco, de los blends a los varietales, de los Cabernet Sauvignon a los Malbec, de los vinos elaborados en tonel a los elaborados en barrica, de los vinos añejos a los jóvenes, de la baja percepción de la madera a la abundancia de la madera, de aromas terrosos a notas frutadas, de texturas aterciopeladas a vinos potentes, casi masticables”.
“Hemos pasado de lo tradicional a lo moderno, pero lo moderno está empezando a cambiar también al mismo tiempo que escribimos esto: hoy, lentamente, estamos volviendo a consumir blancos, saliendo del Malbec para descubir Petit Verdot, Cabernet Franc y otras cepas, volviendo a apreciar los aromas terciarios y la acidez en los vinos, disminuyendo la percepción de la madera y privilegiando la fruta y la frescura, tomando espumosos todo el año y no sólo en las fiestas, rescatando la complejidad y el equilibrio por sobre la potencia. Estas tendencias incipientes de hoy van a influir en el mainstream de mañana, es un concepto mucho más dinámico de lo que parece”.

