Viernes Santo: el Papa León XIV cargó la Cruz en un gesto de fuerte mensaje global
En su primer Vía Crucis, el Papa León XIV llevó la Cruz en las 14 estaciones y ofreció un mensaje sobre el dolor del mundo y la esperanza cristiana.
Vía Crucis en el Coliseo presidido por el Papa León XIV, Viernes Santo. Foto: @Vatican Media
En una imagen cargada de simbolismo, el papa León XIV encabezó el Vía Crucis de Viernes Santo en el Coliseo de Roma llevando personalmente la Cruz a lo largo de las catorce estaciones, en el primer rito de este tipo desde el inicio de su pontificado.
El gesto, inusual y de fuerte carga espiritual, buscó interpelar a la humanidad en un contexto global atravesado por conflictos, desigualdades y tensiones sociales. A través de este acto, el Pontífice propuso una reflexión sobre el sufrimiento contemporáneo y el sentido de la esperanza cristiana.
El mensaje del papa León XIV
Acompañado por autoridades eclesiásticas y dos jóvenes con antorchas, el Papa avanzó estación por estación, cinco dentro del anfiteatro y nueve en el exterior, en medio de una multitud de más de 30 mil fieles que colmaron el histórico escenario.
La ceremonia incluyó lecturas del Evangelio y meditaciones elaboradas por el fraile Francesco Patton, que invitaron a vincular el camino de Cristo hacia el Gólgota con los desafíos actuales, marcados por la fragilidad humana y las tensiones del poder.
En ese marco, el recorrido no se limitó a una representación litúrgica, sino que se transformó en una catequesis silenciosa, donde cada estación evocó el dolor de millones de personas y lo integró al misterio de la redención.
Un gesto con antecedentes históricos
Con esta acción, León XIV se convirtió en el segundo Pontífice en cargar la Cruz durante todo el Vía Crucis, un gesto que remite a Juan Pablo II, quien lo hizo durante varios años de su pontificado.
Días antes, el Papa había anticipado que su decisión pretendía enviar “una señal importante”, recordando que Cristo sigue sufriendo en el mundo actual y que la Iglesia debe acompañar ese dolor.
La celebración concluyó con una oración inspirada en San Francisco de Asís, que sintetizó un mensaje de entrega, confianza y renovación espiritual.
Durante todo el recorrido, los fieles rezaron y entonaron el tradicional “Stabat Mater”, en un clima de recogimiento que puso en el centro las virtudes de la fe, la esperanza y la caridad, entendidas no como conceptos abstractos, sino como prácticas concretas en la vida cotidiana.
Así, el Vía Crucis en el Coliseo volvió a convertirse en una de las postales más impactantes de la Semana Santa, con un mensaje que trascendió lo religioso para interpelar a la sociedad en su conjunto.