Trump, Putin y Xi: el nuevo unicato que redefine el poder
Los líderes de las grandes potencias ya no buscan solo controlar la política: también construyen una imagen personal que invade todos los ámbitos sociales.
La lectura simplista (y con obvia carga política) es que Trump o Putin son iguales a Hitler o que Xi Jinping es como Stalin o Mao.
Archivo.En una columna anterior analicé la geopolítica actual a partir de la dinámica de las relaciones entre las tres superpotencias (Estados Unidos, Rusia, China). Hoy quiero hacer un zoom para enfocar no a los Estados, sino a sus líderes (y, por “derrame” a los líderes de muchos otros países y movimientos políticos). La lectura simplista (y con obvia carga política) es que Trump o Putin son iguales a Hitler o que Xi Jinping es como Stalin o Mao.
Y, sí, cualquiera de los tres puede ser fácil y merecidamente tildado de autoritario o cualquier otro tipo de descalificación. Pero eso no los convierte automáticamente en líderes de corte totalitario como los otros mencionados. Por más que podamos encontrar similitudes, nuestro mundo y los países que lo conforman no tienen nada que ver con los de las décadas del siglo pasado en las que se desarrollaron los totalitarismos. Y si los movimientos políticos ni las sociedades son iguales, sus líderes tampoco pueden ser comparados. Y no es solo una cuestión de “brutalidad”, hay miles de factores que hacen imposible siquiera que los imiten. Si no son “dictadores totalitarios” como los de antes, ¿cómo calificar a líderes como Trump, Putin o Xi? Yo creo que son líderes que desarrollan una suerte de “unicato” de nuevo cuño.
Del totalitarismo al unicato
La palabra unicato se creó para definir puntualmente el Gobierno de Miguel Juárez Celman, quien ejerció un poder enorme al ser a la vez Presidente de la Nación y líder del PAN. A la posteridad, define un estilo de poder político en el que el titular del Poder Ejecutivo concentra todos los resortes de la política. Desde ya que cualquiera de los líderes actuales antes mencionados (y los de cualquier otra latitud) podrían perfectamente inscribirse en el concepto tradicional del “unicato”. Pero el del siglo XXI no es un unicato tan restrictivo, limitado únicamente a lo político. La “política espectáculo” trastocó absolutamente la percepción que se tiene de los líderes políticos. Quienes están a cargo de los Gobiernos ya no son solo administradores de lo público o referentes de un movimiento o partido y de su ideología. Son “personajes” en cualquier acepción que queramos darle al término.
El líder como espectáculo
Esta tendencia se cruza con una cultura profundamente individualista, que se extiende en todo el mundo. Esta filosofía conlleva que un líder político no vale por sus ideas, sino por sí mismo, por su identidad particular. En consecuencia, los líderes políticos que consolidan poder lo hacen para ser vistos y admirados como “los mejores”, no en el arte de gobernar, sino en cualquier ámbito. Esa es la característica de este “unicato del siglo XXI”, que ha traspasado las fronteras de la política para mezclarse con otras esferas de la vida. Como ejemplos lo tenemos a Trump posteando imágenes generadas por IA que lo representan como el Papa o el mismísimo Jesucristo, a Putin vanagloriándose de su físico como si fuera deportista de elite y a Xi contando historias sobre cómo recuerda al dedillo las obras de Confucio y Mencio. Y sus émulos en otros países también buscan posicionar sus imágenes en ámbitos que exceden la política, o se enfrascan constantemente en debates con figuras populares (cantantes, actores, deportistas o, incluso, referentes religiosos)
La política convertida en personaje
De esta forma, los políticos buscan mostrarse por encima de otras figuras públicas, reforzando su propia superioridad en distintos ámbitos. Al mismo tiempo, intentan eliminar la apreciación pública que tienen otras figuras para ser ellos los “únicos” depositarios de la admiración popular. Esto podría ser apenas una nota al pie cuasi humorística (al fin y al cabo, un Presidente que se pelea en Twitter con un actor o una cantante no pasa de nota de color de un día cualquiera), pero representa algo peligroso. Hitler, Stalin y Mao pueden haber sido los líderes más horribles de la Historia, pero todos tenían ideologías, partidos y estructuras que, en teoría, estaban por encima de sus individualidades. Pero los líderes de hoy, los “personajes” de la política actual no reconocen límites ni contrapesos a sus designios y deseos más allá de “su propia moral”.
El peligro de no tener límites
Un mundo de superpotencias que actúan de forma iliberal, comandadas por líderes que pretenden llevar el “unicato” a todos los ámbitos de la vida social dibujan un mapa que puede ser menos sanguinario que los del pasado, pero que conlleva desafíos y peligros nunca antes vistos.
* Ignacio Gallelli. Politólogo y Periodista.