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Rodrigo Rey Rosa y su novela inspirada en la megacárcel de Bukele: "Con el giro a la derecha en el mundo, estos centros de detención pueden volverse la norma"

El premiado escritor guatemalteco dice en una entrevista que le preocupa que en América Latina vean como modelo la política de seguridad de El Salvador: “hay mucha gente ahí encerrada injustamente”.

Rodrigo Rey Rosa dice que "hay cosas que estamos viendo a diario que hace 20 años eran ciencia ficción".
Rodrigo Rey Rosa dice que "hay cosas que estamos viendo a diario que hace 20 años eran ciencia ficción". Daniel Mordzinski / Centroamérica Cuenta

En un lugar imaginario de Centroamérica abren una megacárcel para pandilleros. Pero se sospecha que muchos presos allí son inocentes. Y surge un plan de fuga.

El país no es El Salvador gobernado por Nayib Bukele, sino Nueva Verapaz, una república ficticia surgida de la división de los Estados de la región, presidida por una mujer: La Dama Fuerte.

Y la megacárcel no es el Centro de Confinamiento del Terrorismo (Cecot) que inauguró Bukele en 2023 como símbolo de su política dura de seguridad, sino un presidio denominado Infiernón.

Allí transcurre "Animal colonial", la novela que acaba de publicar Rodrigo Rey Rosa, el escritor nacido en Guatemala en 1958 que conoció en Tánger (Marruecos) al gran novelista estadounidense Paul Bowles y se volvió su protegido, y que recibió galardones como el Premio Nacional de Literatura de su país en 2004.

Radicado en Grecia desde la pandemia de covid, el autor de otros libros como "Severina" o "El material humano" dialogó con BBC Mundo sobre su nueva obra en la antesala del festival literario Centroamérica Cuenta, que se desarrolla este mes en Panamá.

Lo que sigue es una síntesis del diálogo telefónico con Rey Rosa, a quien el escritor chileno Roberto Bolaño llegó a elogiar por su prosa.

¿Qué te llevó a escribir un libro inspirado en la megacárcel de Bukele?

He escrito varias cosas sobre cárceles: "Cárcel de árboles", algo sobre esas prisiones privadas en Estados Unidos que eran un negocio redondo... Es un tema que me ha interesado.

Guatemala puede ser una cárcel también, si no tienes posibilidades de salir.

Nunca sé exactamente cómo es la génesis, pero empecé a leer mucho sobre Bukele y el misterio que había acerca de esa cárcel. Y me dieron ganas de intentar algo a la manera de ese cuento mío que se llama "Cárcel de árboles", que pasa en un lugar apartado. Lo contrario a una cárcel como esta, que es una especie de orgullo nacional.

Empecé a tomar notas, de pronto vi un personaje que me parecía que podía ser el hilo conductor y así me fui, poco a poco.

¿Cuál es el mayor desafío de llevar a la literatura una situación real como la de El Salvador y su megacárcel?

Como es una cosa tan política, para mí exactamente era ese. Pasé tal vez dos o tres meses viendo cómo le entraba, hasta que vi a ese personaje que es enviado desde La Haya a investigar. Está inspirado un poco en dos personas amigas mías que son como investigadoras, una de ellas que trabaja en La Haya.

Pensé que era un personaje al que podía seguir y que no era improbable que penetrara en ese mundo tan hermético.

Así solucioné ese problema. Si no conociera a esa persona, tal vez no se me hubiera ocurrido un personaje simpático que se metiera en un mundo tan hostil.

Presos en una celda de la megacárcel de Cecot en El Salvador, en enero de 2026.
AFP via Getty Images
"En una cárcel para 40.000 personas, hay mucha gente ahí encerrada injustamente", dice Rey Rosa en alusión al Cecot salvadoreño.

Como en obras tuyas anteriores, esta nueva novela incluye elementos de ciencia ficción entrelazados con la realidad. ¿Qué encuentras en la ciencia ficción como escritor?

La posibilidad de hablar cada vez más de nuestro presente, que ya parece de ciencia ficción. Hay cosas que estamos viendo a diario que hace 20 años eran ciencia ficción.

Entonces creo que ese modo de escribir se vuelve más realista.

La única ciencia ficción que he escrito es relacionada con cárcel, es cierto. Nunca pensé en el porqué.

Pero en Guatemala hubo un caso que me vino a la mente cuando empecé a pensar en el Cecot: se descubrió por la década de 2010 que, durante el gobierno de la revolución (en la década de 1940), lamentablemente médicos norteamericanos llevaron a cabo experimentos, sobre todo de penicilina, con presos, gente en manicomios y soldados que no sabían.

Eso está ampliamente documentado: a un tal doctor Cutler no le permitieron seguir sus experimentos en EE.UU. y a través de una amistad lo invitaron a Guatemala.

E infectaron enfermedades de transmisión sexual como sífilis y gonorrea a prisioneros y otros...

La penicilina avanzó gracias a eso y Cutler quedó desgraciado, porque en efecto había hecho unas barbaridades. Curaban a unos y otros no.

Con ese antecedente… La verdad es que no me extrañaría mucho que esté pasando, que esa gente que está ahí condenada a cadena perpetua sean conejillos de indias.

¿Dices que no te extrañaría que esté pasando algo similar?

En las cárceles de países totalitarios, sí. Incluso tal vez más. Creo que es como el tipo de población ideal para que gente sin escrúpulos experimente.

He oído que es un poco nuevo lo que hacen en el Cecot, los presos no ven la luz del día, nunca se apagan las luces eléctricas… Supongo que debe haber un interés científico perverso.

Guardias sobre un puente de la cárcel de Cecot, El Salvador, abril de 2025.
AFP via Getty Images
"Lo que hace a esta cárcel tan criticable es que no hay salida, es puro castigo", dice Rey Rosa sobre el Cecot de El Salvador.

"Animal colonial" también plantea algo que parece imposible en la vida real: la idea de escapar de una megacárcel similar al Cecot. ¿De dónde viene eso?

Cualquier ficción que implique una prisión, implica la idea de la fuga.

Me gusta leer y ver películas con ese tema. Son fugas que parecen imposibles, porque las cárceles están hechas para que sea imposible fugarse. Pero mira, de Alcatraz se han fugado.

Fui de visita a Guatemala en septiembre y hubo una fuga masiva, pero no tan ingeniosa: le pagaron dinero a los guardias y salieron caminando varios de los presos más peligrosos. Eso casi lleva a un golpe de Estado, porque hubo una protesta y renunció el ministro del Interior.

Volviendo a tu pregunta, creo que el tema de la cárcel pide el tema de la fuga, se llegue a realizar o no: creo que es el sueño de cualquier preso que tenga todavía los instintos básicos.

Otro dato sorprendente de esta novela es que la megacárcel es creación y símbolo de poder de una presidenta, La Dama Fuerte. ¿Algo en particular te llevó a poner a una mujer y no un hombre en ese lugar?

Sí, también es anecdótico guatemalteco. La hija de Efraín Ríos Montt, el dictador acusado de genocidio, se lanzó como candidata a la presidencia. Y una de sus promesas era construir una cárcel más grande que la de Bukele.

Una mujer bastante atractiva, tuve la suerte de conocerla y hablar con ella en un evento cuando no era candidata. Y era muy abordable; muy simpática, pero daba miedo.

Ella es mi modelo: esta mujer fuerte, inclemente y muy moderna.

"En vez de preguntarnos por qué esos muchachos están presos, deberíamos preguntarnos para qué", plantea una frase de tu novela. ¿Cómo responderías a esa pregunta sobre la situación real de los presos en la megacárcel de Bukele?

Lo que hace a esta cárcel tan criticable es que no hay salida. Es puro castigo, no hay ningún impulso de rehabilitar.

Las condiciones en que viven, por lo que lo he leído, parecen algo inhumano. Y creo que es válida la pregunta que hace un personaje: si tal vez sería mejor la muerte a esa vida.

Presos en el Cecot, El Salvador, sentados en filas detrás de rejas durante una audiencia judicial remota en abril de 2026.
AFP via Getty Images
Rey Rosa dice que no le extrañaría que usen a algunos presos como "conejillos de indias", como ocurrió en Guatemala en la década de 1940.

Sin embargo, muchos en América Latina ven como un modelo lo que ocurre en El Salvador...

Eso es lo que me preocupa. Se llevan a mucha gente que es inocente y la estructura legal alrededor de la cárcel no permite que se revisen esos casos.

En una cárcel para 40.000 personas, hay mucha gente encerrada injustamente.

Si hubiera mecanismos para que la gente inocente pueda salir, es otra cosa. Pero, a sabiendas de que eso no es posible, es muy dañino.

Además, con el giro a la derecha que está viéndose en casi todo el mundo, puede volverse la norma este tipo de centros de detención.

¿Cómo ves la situación de tu país, Guatemala, bajo el gobierno de Bernardo Arévalo, que fue elegido para enfrentar la corrupción y ampliar la democracia?

Creo que está atado de manos. No lo conozco personalmente; conozco gente que colabora y cree en sus buenas intenciones, en las que yo también creo. Pero no creo que tuviera la personalidad, el conocimiento ni la energía necesaria para un cambio.

Y aún teniéndola, no sé si se podría, por el grado de corrupción que existe en Guatemala. Y también por el racismo.

La población maya ha demostrado ser para mí la única esperanza de un cambio profundo. Pero como es un país sistemática y estructuralmente tan racista, es muy poco probable que llegue a dominar una de las etnias mayas.

Bernardo Arévalo
AFP via Getty Images
Aunque dice creer en las buenas intenciones del presidente guatemalteco, Bernardo Arévalo, Rey Rosa lo considera "atado de manos".

Veo una podredumbre tal que no es fácil vislumbrarlo, por lo menos no en las próximas décadas. Soy muy pesimista y no se me ocurre ningún modelo.

En ese sentido, creo que estamos peor que cuando había una especie de esperanza, que tal vez era un espejismo, de que una revolución socialista fuera a mejorar las cosas en Latinoamérica. Ahora creo que nadie tiene esa ilusión en serio.

Arévalo logró recientemente algo que se había propuesto desde que fue electo: la salida de la fiscal general Consuelo Porras, acusada de usar su poder con fines políticos y señalada como corrupta y antidemocrática por EE.UU. ¿Qué opinas de esto y de la designación de Gabriel García Luna como nuevo fiscal general?

Creo que no habrá grandes cambios con esta elección; parece que se trata de mantener la estructura de antes, con algunos ajustes que permitan que el estado de las cosas, que no es nada bueno, se preserve.

¿Hasta qué punto crees que en Guatemala se puede reducir el poder de la élite económica, considerada una de las más voraces de América Latina?

Sí y eso no es nuevo: desde el siglo pasado ha estado dominado por la misma gente.

Tal vez ahora comparten un poco el poder con el ejército, porque sin el ejército no hubieran logrado mantenerse después de la contrarrevolución (a partir del golpe de 1954 contra el presidente Jacobo Árbenz).

Entonces el ejército se volvió más poderoso de lo que era. El ejército, digamos, es la clase social que subió más. Si no, poco ha cambiado: no se ha movido mucho la forma de la pirámide.

"Animal colonial" transcurre en una nación ficticia de Centroamérica. En una parte dice que "la fragmentación de los pequeños países de esta región en estados todavía más pequeños y autoritarios representa una etapa más del avanzado proceso de desintegración política del subcontinente". ¿Temes que esto ocurra en la realidad, o también es pura ciencia ficción?

En Guatemala, precisamente, hay pueblos mayas que tienen un derecho aceptado: puedes acogerte a ese sistema en vez de al occidental. Y ha habido el deseo de separarse.

De hecho, líderes mayas ofrecieron proteger en su territorio a Iván Velásquez (el colombiano que dirigía la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala, a quien el gobierno de turno le prohibió entrar al país en 2018). Eso ya para mí era un signo de cierta fragmentación.

Rodrigo Rey Rosa
Getty Images
Rey Rosa dice que podría volver a vivir en su Guatemala natal, aunque ahora mismo no tenga ganas de hacerlo.

Sí, creo que en Guatemala por lo menos, la región maya y las regiones no mayas podrían llegar a dividirse. Desde fuera difícilmente se ve dónde está la frontera. Pero hay una gran diferencia entre el mundo maya que se rige por ciertos principios, y el mundo occidental o mestizo. Y ahí habría un corte natural.

Si hablas con los líderes mayas, estarían muy contentos con eso, porque los dejarían tranquilos. Lo que quieren es vivir tranquilos. No tienen deseo de dominar al resto del país, al contrario.

¿Qué significaría eso para Guatemala?

Un abrir de ojos, de que realmente dependen de esa gente. Porque la agricultura y mucha de la riqueza guatemalteca viene de ahí, pero son tratados con ese racismo despreciativo, como que no valieran nada. Y no están representados en el gobierno realmente.

¿Piensas volver a vivir en Guatemala alguna vez?

Mira, al cumplir 18 años me fui. Volví 20 años después. Viví otros 20 años ahí. Y si me queda vida, al final tal vez vuelva. Ahora no tengo ganas de volver.

Pero sí me mantengo en contacto y voy a pasar algunos meses cada año. No excluyo esa posibilidad.

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BBC

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FUENTE: BBC