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Por qué los europeos no usan aire acondicionado en medio de la ola de calor

Con récords de calor en París, Madrid y Bruselas, Europa enfrenta un verano crítico: viviendas sin refrigeración, redes eléctricas bajo presión y ciudades poco preparadas.

En medio de la gran ola de calor en Europa, por qué se niegan a usar aire acondicionado.

En medio de la gran ola de calor en Europa, por qué se niegan a usar aire acondicionado.

Europa se asfixia bajo una ola de calor implacable. El inicio del verano golpea con fuerza al continente y expone una fragilidad que va más allá de las temperaturas extremas: la falta de adaptación de su infraestructura a un clima que cambió más rápido que sus ciudades, sus viviendas y sus sistemas de energía.

La peor situación se vive en Europa occidental. París roza los 40 grados, Madrid supera los 38, Frankfurt alcanza los 37 y Bruselas los 36. Los servicios meteorológicos ya registraron récords históricos para junio y advierten que nuevos máximos podrían romperse en los próximos días.

París como un punto crítico de la ola de calor

Las consecuencias ya empezaron a sentirse. En Francia, unas 68.000 viviendas se quedaron sin electricidad por la sobrecarga de la red. Londres activó la alerta roja por calor extremo y, en los últimos días, al menos 40 personas murieron ahogadas en Francia al intentar escapar del calor en zonas no vigiladas.

Francia, uno de los lugares más afectados por las altas temperaturas.

Francia, uno de los lugares más afectados por las altas temperaturas.

En ese contexto, una pregunta se repite: ¿por qué los europeos no usan aire acondicionado de manera masiva? La explicación principal es histórica. Durante décadas, gran parte de Europa tuvo un clima templado, especialmente en el norte, y el aire acondicionado fue considerado algo prescindible. No formó parte de la vida cotidiana ni de la planificación de las viviendas como sí ocurrió en otros lugares.

El por qué no se usan aires acondicionados en Europa

Hoy, esa diferencia queda al descubierto. Solo uno de cada cinco hogares europeos dispone de aire acondicionado, mientras que en Estados Unidos la cifra llega al 90 %. El problema es que las temperaturas extremas ya no son una excepción y millones de europeos enfrentan el calor prácticamente desarmados.

En algunos países europeos, el costo de la electricidad cuesta el doble que en Estados Unidos.

En algunos países europeos, el costo de la electricidad cuesta el doble que en Estados Unidos.

El costo también pesa. Los precios de la energía en Europa son considerablemente más altos que en Estados Unidos, y no todos pueden permitirse instalar y sostener un sistema de aire acondicionado. En 2025, el precio promedio de la electricidad en Estados Unidos era de aproximadamente 0,2 dólares por kilovatio-hora, mientras que en Alemania, Irlanda, el Reino Unido y Bélgica esa cifra era más del doble.

El problema edilicio

A eso se suma otro obstáculo: muchos edificios europeos fueron construidos antes de que los sistemas de aire acondicionado se generalizaran. Por eso, instalar equipos puede resultar problemático, tanto por cuestiones técnicas como por las características de las propiedades.

La burocracia también aparece como un factor clave. Richard Salmon, director de la empresa Air Conditioning Company, con sede en el Reino Unido, declaró a CNN que las autoridades británicas suelen rechazar solicitudes de instalación “por el aspecto visual de la unidad condensadora exterior, especialmente en áreas de conservación o en edificios declarados de interés histórico”.

Medios europeos reportan el verano más caluroso en años.

Medios europeos reportan el verano más caluroso en años.

Pero detrás de esas trabas también hay una lógica política. Europa hizo de la neutralidad climática para 2050 uno de sus pilares estratégicos. Una expansión masiva del aire acondicionado implicaría más consumo energético y podría poner en riesgo esos objetivos.

El problema es que la ola de calor no solo afecta a las personas dentro de sus casas. Europa es el continente que más rápido se calienta del planeta, a un ritmo de entre dos y tres veces el promedio mundial. Y su infraestructura no fue diseñada para soportar este nivel de calor: cuando las temperaturas se disparan, las vías de trenes se deforman, los cables eléctricos se rompen, las casas se convierten en trampas de calor y mueren miles de personas.