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Ni izquierda ni derecha: la soledad de Cuba agonizando ante el abismo

Cuba es una experiencia de la dignidad, pero también de la soledad. Bloqueada por Estados Unidos y echada a un lado por Rusia y China, agoniza.



Más vale sola que mal acompañada, decía una vieja y sola murió, fin del cuento. Cuba es una experiencia de la dignidad, pero también de la soledad. Lo bueno de Cuba se asienta en su dignidad y lo malo de Cuba es que su modo de ser digna la condena a la soledad, en un mundo en el que los quijotes siguen siendo doblegados por los molinos.

Ahora, la isla luce famélica y abandonada y no hay país sobre el cuero planetario dispuesto a jugarse para salvar el modo en que Cuba concibió su existencia, un modo valiente y honorable, es cierto, pero sin sustento propio en el abandono al que es sometida.

A veces, la valentía es intolerable para tu entorno, ya sea que tengas cerca a enemigos o amigos. En el fondo, nadie tolera a los valientes, porque fuerzan a tomar decisiones a la altura de sus ojos. Por eso, los valientes mueren solos: más vale homenajear a un valiente ante su tumba con poemas y canciones, que seguir sus pasos mientras viven y mueren por lo que creen justo.

Hace 64 años, Estados Unidos comenzó su bloqueo a la isla y lo ha mantenido, dando cuenta de que, como pocas, es una potencia doctorada en cabronadas. ¿Por qué lo hizo? Simplemente porque Cuba era distinta. El mundo, por aquellos años, estaba más polarizado que ahora, que se habla de “grietas”: grieta era la de antes, con una izquierda de izquierdas y una derecha de derechas.

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Cuba luce cansada de tanto intentar salir adelante. Foto Efe

Ahora, bueno, pues ahora hay mesas de negocios más allá de cualquier ideología. La reciente cita en Pekín de Xi Jinping y Donald Trump, a los abrazos y colmándose de adjetivos calificativos virtuosos, así lo atestigua. Y así volverá a ser en setiembre en Estados Unidos, cuando vuelvan a posar para las fotos y a repartirse el mundo, esa baraja gastada.

Para Cuba, las décadas han ido pasando y sólo algunos presidentes de Estados Unidos han amagado con el levantamiento de las sanciones. Barack Obama es quien más cerca estuvo de lograrlo, pero no consiguió el imprescindible apoyo del Congreso. Algo de alivio llevaron también Jimmy Carter, Bill Clinton y Joe Biden y hasta Donald Trump en su primer mandato, pero, ahora, en este segundo el ahogamiento es otra vez extremo.

Cuba está sola y se consume. Ya no puede sobrevivir con migajas. Sin petróleo, con crisis energética plena, con apagones masivos, falta de alimentos básicos, inflación, migración masiva incluyendo a sus calificados profesionales, envejecimiento poblacional, fractura en su sistema de salud, otrora ejemplar, Cuba está sola y ya no puede más.

Supo tener una amiga, hace mucho ya: la Unión Soviética, que durante 30 años la sostuvo y promovió, comprando sus productos y subsidiando su actividad económica, incluso armándola, pero eso se terminó, cuando se terminó la Unión Soviética. Y es que el mundo, con Rusia y China en el mundo, comenzó a perder sus banderas de izquierdas y derechas. De un modo u otro, todos se volvieron capitalistas, todos, menos Cuba.

La isla, ya en el tercer milenio, tuvo apoyos fundamentales en los intercambios con la Venezuela de Hugo Chávez y la exitosa China de Xi Jinping, pero nunca suficientes. El turismo ha sido prácticamente la única actividad propia y genuina que ha puesto a la isla en el mapa de las actividades económicas globales, también algo de exportación de servicios médicos, poco y nada de minería y producción azucarera. Sin embargo, la crisis energética se lleva puesta a la apuesta turística y toda actividad relevante.

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Un apagón en la Habana, Cuba. Foto Efe

Ahora, Cuba ya no sobrevive, sino que agoniza y tal vez sea el desenlace que Donald Trump ha urdido para ella: dejar que se desangre sin disparar un solo misil. ¿Qué hacen China y Rusia ante tal postal de la agonía? Nada, casi nada. Bueno, sí: negocian con Trump, en Pekín, en Alaska o donde sea.

Muchos cubanos sobreviven con las remesas familiares que les llegan desde Estados Unidos o Europa. La ayuda humanitaria es escasa. Sin combustible y energía eléctrica, el turismo se cae de a pedazos. Sin jóvenes renovando el tejido social, no hay mano de obra activa. Sólo el ejercicio de la dignidad parece sostener a ese valiente pueblo cubano, pero la dignidad no es parte de la dieta nutricional.

Y en medio de la tragedia de vivir, se acerca un epílogo con disyuntiva: ¿entregarse a morir con las banderas en alto o cambiar las banderas, como hicieron sus viejos socios de Rusia y China? El tiempo, en breve, nos dará su respuesta.

Ulises Naranjo.