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Maryam Mirzakhani: la matemática de Irán que desafió al islam desde adentro

La primera mujer en ganar la Medalla Fields vivió fuera de las normas impuestas por Irán y se convirtió en un símbolo incómodo para el régimen.

Maryam Mirzakhani, nacida en Irán, falleció en 2017 en Stanford, Estados Unidos.

Maryam Mirzakhani, nacida en Irán, falleció en 2017 en Stanford, Estados Unidos.

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Hay vidas que son, en sí mismas, un argumento. Maryam Mirzakhani no escribió manifiestos ni dio discursos políticos, sólo vivió de una manera que el Estado iraní consideraba ilegal, inmoral e imperdonable. Y el mundo la premió con el honor más alto que existe en las matemáticas.

Mirzakhani nació en Teherán en 1977 y de niña quería ser escritora. La matemática la sedujo tarde, casi por accidente, cuando descubrió que resolver problemas era una forma de narrar el mundo con otro lenguaje. A los 17 años ganó la medalla de oro en la Olimpiada Internacional de Matemáticas, siendo la primera mujer iraní en lograrlo. Luego hizo su doctorado en Harvard, enseñó en Princeton y terminó como profesora en Stanford.

En agosto de 2014, la Unión Matemática Internacional le otorgó la Medalla Fields, considerada el Nobel de matemáticas. Era la primera mujer en 78 años de historia del premio y también era iraní, lo que obligó al régimen de Teherán a celebrar a una mujer que no usaba el velo y que había construido su vida entera fuera de las normas del islam político.

Una vida que contradecía la ley de Irán

Mirzakhani vivía sin hijab desde que abandonó Irán. En la República Islámica, una mujer sin velo en público es un delito. Así, los medios iraníes, al cubrir su premio, enfrentaron un dilema absurdo porque algunos periódicos alteraron sus fotografías digitalmente para que su cabello no fuera visible, otros eligieron fotos de su juventud cuando aún lo usaba, y algunos recortaron las imágenes para mostrar solo su rostro.

El régimen que la celebraba como símbolo nacional era el mismo que consideraba su forma de vivir una transgresión cotidiana.

Pero el velo era solo el principio. En 2008, Mirzakhani se casó con Jan Vondrák, un matemático checo. Vondrák no es musulmán ni iraní. Bajo la ley islámica, una mujer musulmana no puede casarse con un no musulmán. Mirzakhani lo hizo de todas formas, en silencio, sin declaraciones, como si la ley simplemente no existiera.

La pareja tuvo una hija, Anahita, nombre de una diosa del zoroastrismo, la religión de Irán antes del islam. No es un nombre casual en una familia iraní, sino una declaración de identidad cultural que mira hacia antes de la conquista árabe. Anahita, sin embargo, no tiene derecho a la ciudadanía iraní. La ley islámica solo reconoce la herencia por línea paterna, y su padre no es ni musulmán ni iraní. El país que honró a su madre con monumentos y sellos postales le niega a su hija el pasaporte.

Oxford y la sociedad que lleva su nombre

En 2014, estudiantes de matemáticas de la Universidad de Oxford fundaron la Sociedad Mirzakhani, una organización para mujeres y estudiantes no binarios en la disciplina. Le pusieron su nombre como homenaje a su logro histórico. En septiembre de 2015, Mirzakhani visitó la sociedad en Oxford y no hizo objeciones a su definición ni a su carácter. En una época en que la identidad no binaria era materia de debate intenso en las universidades occidentales, esa visita sin reservas tiene un peso propio.

El final y la hipocresía póstuma

Mirzakhani murió el 14 de julio de 2017, a los 40 años, de cáncer de mama. Su memorial en Stanford incluyó una lectura del Corán, un gesto de su familia iraní que la reclamaba para el islam en la muerte como no pudo hacerlo en vida.

El régimen que la había obligado a usar velo en las fotos oficiales la lloró como heroína nacional. Los mismos parlamentarios que nunca modificaron la ley discriminatoria que niega la ciudadanía a los hijos de madres iraníes y padres extranjeros se apresuraron a proponer enmiendas para que Anahita pudiera tener pasaporte iraní. “Remedio después de la muerte”, escribió alguien en las redes sociales iraníes.

Maryam Mirzakhani no luchó contra el sistema, lo ignoró. Vivió sin velo, amó a quien quiso, nombró a su hija con el nombre de una diosa anterior al islam y visitó sin reparos una sociedad universitaria que desafiaba las categorías de género que el mundo árabe considera innegociables. No dejó manifiestos, sólo aportó teoremas y una vida que fue, en cada uno de sus gestos, un argumento silencioso e irrefutable.

Las cosas como son.

*Mookie Tenembaum aborda temas internacionales como este todas las semanas junto a Horacio Cabak en su podcast El Observador Internacional, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.