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Las impresionantes imágenes de criaturas marinas que logra la intrépida buceadora que se sumerge en el mar de noche

Cuando la fotógrafa Jialing Cai se sumergió en el océano en plena noche, descubrió que las criaturas de las profundidades habían salido a su encuentro.



En el buceo en aguas oscuras, el fondo del océano es invisible, dice Jialing Cai. Flotas en un vacío negro infinito.

"No hay ningún punto de referencia que te permita saber dónde te encuentras en este espacio tridimensional", explica la fotógrafa submarina especializada.

"Si no eres consciente de la profundidad a la que te encuentras, podrías empezar a hundirte cada vez más".

Sin embargo, dice que durante su primera inmersión nocturna, la emoción superó a su miedo.

Cai pronto descubrió que ese "espacio vacío" negro estaba, de hecho, repleto de vida: desde pulpos bebés, medusas y cangrejos, hasta peces juveniles y todo tipo de copépodos, o "insectos del mar".

Cai, oriunda de Chongqing, China, es una galardonada fotógrafa de aguas oscuras.

En 2023, fue nombrada Fotógrafa Oceánica del Año por la revista Oceanographic por su imagen de un nautilo de papel, un pulpo poco común con un caparazón delgado como el papel.

Luego, en 2025, Cai ganó el Female Fifty Fathoms Awards de Oceanographic por su colección de fotografías que capturaban a algunos de los visitantes más carismáticos del océano desde las profundidades.

Sin embargo, Cai no necesita sumergirse a gran profundidad para capturar a estas criaturas del fondo del océano.

Simplemente espera a que salgan de lo más hondo por la noche, cuando suben a la superficie para alimentarse, en lo que constituye la mayor migración masiva de animales de la Tierra.

Se sabe muy poco sobre la verdadera naturaleza de la vida en las capas intermedias del océano.

Por lo general, los especímenes se recogen con redes. Una vez sacados de su entorno natural, sus cuerpos sin vida —a menudo dañados— se conservan en frascos.

Pero estas impresionantes imágenes revelan la asombrosa vida cotidiana del interior del océano, afirma Jon Copley, profesor de exploración oceánica en la Universidad de Southampton, en Reino Unido.

"Contar con evidencia fotográfica de estos animales es importante porque rara vez se les ve en su hábitat natural. Tradicionalmente, los especímenes de animales de las capas intermedias del océano como estos se recogen con redes, y estas no conservan las estructuras complejas que se pueden apreciar en una foto".

Kim Aristorenas
Jialing Cai bucea por la noche, cuando los animales de las profundidades del océano migran hacia la superficie.

En diciembre de 2018, con solo 19 años, Cai se embarcó en su primera inmersión en aguas oscuras en la bahía de Batangas, Filipinas.

En el agua, el color desaparece muy rápido a medida que desciendes, dice Cai.

"Tienes que acercarte mucho al sujeto si quieres capturar una buena imagen. Debes mantenerte relativamente quieta, incluso cuando ellos se mueven. Y a veces encuentras un sujeto, te acercas a él y entonces empieza a nadar. Ahí tienes que perseguirlo".

Totalmente concentrada en fotografiar su primera especie de las profundidades del océano, Cai se alejó nadando del barco y de su guía de buceo, que estaba en el agua con ella.

Fue entonces cuando capturó la imagen de un pulpo wunderpus (que se ve arriba).

De adulto, este wunderpus tendrá rayas parecidas a las de una cebra, pero en su etapa juvenil, dice Cai, sus células de color aún no se han desarrollado.

"Casi transparente, puede camuflarse en el espacio oscuro y vacío".

Cai utilizó tres luces brillantes para capturar esta imagen, lo que también atrajo a todo tipo de zooplancton —larvas de camarones, cangrejos y gusanos— para unirse a la diversión. "Hay una enorme diversidad de vida aquí. Es como un festival".

De repente, sin embargo, Cai se dio cuenta de que había nadado tan lejos del barco que ya no podía ver sus luces. Sola en la oscuridad, se dio la vuelta en el agua y no vio nada.

"Apagué todas mis luces: las de la cámara y las de caza". Esperaba que esto le permitiera detectar la tenue luz del barco en la distancia.

Aun así, no había nada más que la oscuridad del océano nocturno.

Cai salió a la superficie y encendió sus luces. Fue entonces cuando la tripulación del barco de buceo la vio y, tras unos minutos que parecieron una eternidad, la pusieron a salvo.

Una buceadora común y corriente

Cuando Cai estudiaba biología marina en la Universidad de Virginia, en Estados Unidos, pensaba que explorar las profundidades marinas sería tan ambicioso como ir al espacio.

Entonces, un día, su profesor le explicó el fenómeno de la migración vertical diurna (MVD).

Cada noche, le explicó, billones de diminutos zooplancton ascienden desde las profundidades marinas para alimentarse bajo la relativa seguridad que les brinda la oscuridad.

Nadan cientos de metros hacia aguas poco profundas, y algunos incluso llegan a la superficie.

Durante esta migración nocturna, el océano vibra con un "coro vespertino". Se trata del murmullo de innumerables peces, camarones, medusas y calamares que se dirigen hacia la superficie.

Más tarde, justo antes del amanecer, regresan al abismo.

"La migración vertical diurna se da en todos los entornos marinos y de agua dulce del planeta", explica Laura Hobbs, profesora de ciencias marinas árticas en la Asociación Escocesa de Ciencias Marinas.

"Se trata de la mayor migración en términos de biomasa del planeta, y ocurre todos los días".

"Me impactó como un rayo", dice Cai. "No pude evitar interrumpir a la profesora. Le pregunté: '¿Está diciendo que en realidad no tengo que sumergirme en las profundidades del mar para ver a las criaturas por mí misma? ¿Puedo ser simplemente una buceadora común y corriente?'.

"Me di cuenta de que podía echar un vistazo a un mundo al que mi cuerpo mortal nunca me permitiría llegar. Solo tengo que lanzarme al océano abierto por la noche, y las profundidades del mar vendrán a mí!", pensó.

Así que Cai aprendió a bucear y a usar una cámara.

Hoy en día, se especializa en fotografiar zooplancton en la oscuridad del océano abierto por la noche.

Sin sumergirse a más de 30 metros de profundidad, Cai fotografió a estos animales del fondo del océano que nadaban para encontrarse con ella.

La danza de la medusa inmortal

Jialing Cai/ Fotógrafa Oceánica del Año
Esta medusa inmortal bailaba "como un tornado", afirma la fotógrafa Jialing Cai.

Esta medusa inmortal adulta "parecía un bombillo de luz en la noche del océano", cuenta Cai.

La medusa inmortal recibe su nombre por su capacidad para "revertir su estado a la etapa de cría, la etapa de pólipo", al detectar un peligro, como la presencia de patógenos en el agua, explica.

"Puede reiniciar su ciclo de vida una y otra vez". En teoría, las medusas inmortales pueden vivir para siempre.

La medusa se asustó con la luz brillante de Cai y retrajo inmediatamente sus tentáculos cuando ella se acercó.

Así que ella cambió a una luz roja, utilizando un flash blanco para capturar la imagen en un instante.

De inmediato, la medusa comenzó a extender sus tentáculos, bailando como un tornado arremolinado.

"A veces hay que usar este tipo de trucos para que las criaturas marinas nos muestren cómo se comportan realmente", dice Cai.

Veneno prestado

Jialing Cai/ Fotógrafa Oceánica del Año
Un pez joven con una medusa con la boca.

El grupo que participa en la migración vertical diaria es una multitud en la que se mezclan depredadores y presas.

"Estas pequeñas criaturas constituyen la base de la cadena alimentaria", afirma Hobbs, "por lo que son realmente importantes para todos, desde los peces hasta las ballenas".

Para sobrevivir y evitar ser devorados por depredadores más grandes —o entre ellos mismos—, muchos de estos animales han desarrollado ingeniosas estrategias de defensa para protegerse.

Este pez joven ha capturado una medusa con la boca, aprovechando las toxinas de sus tentáculos.

"Este es un comportamiento muy típico en estos peces jóvenes»", señala Cai. "Se aprovechan de los tentáculos venenosos de la medusa. Cada vez que intentaba acercarme al pez, este dirigía inmediatamente su escudo químico hacia mí".

Visión fascinante

Jialing Cai/ Fotógrafa Oceánica del Año
Estos diminutos animales se enfrentan a una serie de depredadores durante su migración hacia la superficie.

"Aquí se puede ver un jurel juvenil, una especie de pez de la familia de los carangídeos, posado sobre la campana de una medusa", explica Cai.

Dentro de la medusa, se puede ver cómo se está digiriendo un pulpo bebé.

"Sus ojos blandos y teñidos de sangre son visibles dentro del estómago gelatinoso. Para el pulpo bebé, esta medusa es despiadada".

Para muchos pequeños zooplancton, dice Cai, el intestino de la medusa se convierte en su lugar de descanso final. Para otros, como el pez jurel, la medusa ofrece refugio.

Las imágenes de Cai, dice Hobbs, ofrecen una visión fascinante de la diversidad de la vida a esta escala en el océano.

"Estas enormes migraciones ocurren como parte de un complejo entorno tridimensional, donde el diminuto zooplancton se desplaza hacia la superficie para alimentarse mientras, al mismo tiempo, se enfrenta a una variedad de depredadores.

"Es asombroso pensar que cada una de estas especies sigue su propia estrategia, moldeada por su presa preferida, sus depredadores potenciales y sus necesidades reproductivas".

Refugio en la basura

Jialing Cai/ Fotógrafa Oceánica del Año
La vida en la zona crepuscular no puede escapar al impacto de la actividad humana.

Aquí, "dos pececitos, cada uno no más grande que la uña de mi pulgar, navegan por el océano abierto de noche bajo el frágil refugio de un trozo de envoltorio de caramelo a la deriva", dice Cai.

"Un refugio involuntario en un mundo cada vez más marcado por los desechos humanos".

La zona crepuscular —o zona mesopelágica— es una vasta capa de agua que se extiende por todo el planeta.

Alcanza desde los 200 metros de penumbra bajo las olas hasta la oscuridad total a 1.000 metros de profundidad.

Esta parte del océano alberga la gran mayoría de la vida marina —con más peces que el resto del océano en su conjunto— y es fundamental tanto para los ecosistemas oceánicos como para el ciclo global del carbono.

Hay varias formas en las que la actividad humana afecta negativamente a la zona crepuscular, dice Copley.

"Estas son profundidades en las que se pescan algunas especies de peces. Luego, por supuesto, el otro gran impacto en todo el océano profundo es el cambio climático. Esto afecta a la zona crepuscular y a lo que vive allí. Las predicciones indican que la abundancia de vida allí disminuirá".

Esta zona necesita protección urgente, expone Copley, ya que las investigaciones muestran que el cambio climático reducirá la vida allí hasta en un 40% para finales de siglo.

Metamorfosis

Jialing Cai/ Fotógrafa Oceánica del Año
En su fase larvaria, los cangrejos flotan a la deriva en la columna de agua y pasan por múltiples etapas de metamorfosis.

Algunas de estas diminutas criaturas emprenden viajes épicos antes de llegar a nuestras costas.

Los cangrejos, por ejemplo, suelen considerarse habitantes del fondo marino. Sin embargo, al igual que la mayoría de los animales marinos que encontramos en las zonas costeras, pasan por una etapa planctónica, explica Cai.

En su fase larvaria, van a la deriva en la columna de agua, pasando por múltiples etapas de metamorfosis, antes de establecerse finalmente en su hábitat definitivo.

"Esta imagen captura a un cangrejo juvenil en pleno proceso de muda, despojándose de su viejo exoesqueleto casi como si se quitara un suéter", detalla Cai.

"Si se observa con atención, se pueden apreciar sutiles diferencias en la forma y la estructura entre la muda transparente y el cuerpo recién emergido del cangrejo".

Así que, la próxima vez que veas a un cangrejo común de playa correteando por la arena, piensa que bien podría haber viajado más de 100 kilómetros en las profundidades del océano, sobreviviendo contra todo pronóstico.

*Este artículo fue publicado en BBC Future. Haz clic aquí para leer la versión original (en inglés)

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FUENTE: BBC