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La misión Artemis II fue un éxito, pero ahora viene lo más difícil: los retos que enfrenta el programa espacial de la NASA

La misión fue prácticamente perfecta, pero aún quedan obstáculos considerables por superar antes de poder alunizar.

La misión Artemis II de la NASA ha logrado enviar a cuatro astronautas a sobrevolar la cara oculta de la Luna y los ha traído de vuelta a casa sanos y salvos.

La nave espacial Orión ha funcionado a la perfección y las imágenes captadas por los astronautas han despertado el interés de toda una nueva generación por las posibilidades de los viajes espaciales.

Pero, ¿significa esto que los niños fascinados por la misión podrán vivir y trabajar en la Luna a lo largo de sus vidas? ¿Quizás incluso ir a Marte, tal y como promete el programa Artemis?

Puede parecer grosero decirlo, pero dar la vuelta a la Luna fue relativamente fácil. Lo realmente difícil está por venir, así que la respuesta es "quizás sí, quizás no".

Un módulo de aterrizaje lunar de la era Apolo.
NASA
Un módulo de aterrizaje lunar de la era Apolo: era minúsculo en comparación con lo que se ha previsto para el próximo alunizaje.

Cuando Neil Armstrong y Buzz Aldrin se convirtieron en los primeros seres humanos en alunizar en julio de 1969, muchos dieron por hecho que aquello era solo el principio y que pronto habría gente viviendo y trabajando en el espacio.

Eso no sucedió porque el programa Apolo no nació del amor por la exploración, sino de la Guerra Fría, para demostrar la superioridad de Estados Unidos sobre la Unión Soviética. Esa hazaña se logró con el "pequeño paso" de Armstrong al salir de su módulo lunar: misión cumplida.

Apenas unos años después de que plantara la bandera estadounidense en la superficie lunar, la audiencia televisiva de las misiones posteriores se desplomó y las futuras misiones Apolo fueron canceladas.

En esta ocasión, el objetivo declarado de la NASA es diferente. El administrador Jared Isaacman ha presentado planes para realizar un alunizaje tripulado al año a partir de 2028, y la quinta misión Artemis (prevista para finales de ese mismo año) marcará el inicio de lo que la agencia denomina su base lunar.

Ilustración conceptual que muestra cómo la NASA tiene previsto construir una base lunar junto con sus socios internacionales.
ESA/P. Carril
Ilustración conceptual que muestra cómo la NASA tiene previsto construir una base lunar junto con sus socios internacionales.

Parece ciencia ficción, pero estas son las palabras de un experto en el sector espacial que maneja datos científicos: "La economía lunar se desarrollará", me dice Josef Aschbacher, director general de la Agencia Espacial Europea (ESA).

"Llevará tiempo poner en marcha los distintos elementos, pero se desarrollará".

Pero, como dijo el comandante del Apolo 13 cuando su nave espacial sufrió una avería de camino a la Luna: "Houston, tenemos un problema...".

El problema del módulo de aterrizaje

Para llevar a los astronautas a la superficie lunar, la NASA necesita un módulo de aterrizaje.

La agencia espacial estadounidense ha contratado a dos empresas privadas para que los construyan: SpaceX, de Elon Musk, cuya versión lunar del cohete Starship tendrá 35 metros de altura, y Blue Origin, de Jeff Bezos, cuya nave Blue Moon Mark 2 es más compacta, pero igual de ambiciosa.

Ambas están muy retrasadas.

La propia Oficina del Inspector General de la NASA expuso la situación con crudeza en un informe publicado el 10 de marzo.

El Starship lunar de SpaceX lleva al menos dos años de retraso respecto a su fecha de entrega original, y se esperan más retrasos. El Blue Moon de Blue Origin acumula al menos ocho meses de retraso, y casi la mitad de los problemas señalados en una revisión de diseño de 2024 siguen sin resolverse más de un año después.

Estos módulos de aterrizaje son muy diferentes del compacto módulo Eagle que llevó a Armstrong y Aldrin a la superficie en 1969 y que apenas tenía el tamaño suficiente para transportar a dos hombres para recoger algunas rocas y regresar.

Los nuevos módulos de aterrizaje deben transportar una cantidad muy significativa de infraestructura: equipos, rovers presurizados, los primeros componentes de una base. Y transportar esa masa requiere enormes cantidades depropulsor, mucho más de lo que se puede lanzar en un solo cohete.

Ilustración del módulo de aterrizaje de SpaceX, de Elon Musk. Aún no se ha construido, pero está previsto que se pruebe el año que viene.
SpaceX
Ilustración del módulo de aterrizaje de SpaceX, de Elon Musk. Aún no se ha construido, pero está previsto que se pruebe el año que viene.
El Blue Moon de Blue Origin.
Blue Origin
También lleva retraso el Blue Moon de Blue Origin, la empresa de Jeff Bezos.

El programa Artemis tiene previsto almacenar todo este combustible en un depósito que orbitará alrededor de la Tierra y al que se le repondrán suministros mediante más de diez vuelos de reabastecimiento independientes, todos ellos lanzados a intervalos regulares a lo largo de varios meses.

El plan parece elegante, pero es tremendamente difícil.

Mantener estables el oxígeno líquido y el metano a temperaturas extremadamente bajas en el vacío del espacio, y luego transferirlos entre naves espaciales, es uno de los retos de ingeniería más exigentes del programa.

"Desde el punto de vista de la física, tiene sentido", afirma el Dr. Simeon Barber, científico espacial de la Open University. Sin embargo, señala que el lanzamiento de Artemis II se retrasó dos veces este año, antes de que finalmente despegara, debido a problemas de repostaje.

"Si es difícil de hacer en la plataforma de lanzamiento, va a ser mucho más difícil hacerlo en órbita", afirma.

La próxima misión Artemis —Artemis III— está diseñada para probar cómo acopla la cápsula de tripulación Orión en órbita terrestre con uno o ambos módulos de aterrizaje. Está prevista para mediados de 2027.

Dado que Starship aún no ha completado con éxito un vuelo orbital y que el cohete New Glenn de Blue Origin solo ha logrado dos lanzamientos, este objetivo parece, como dice Barber, "una tarea muy difícil".

La nueva carrera espacial

La NASA ha mantenido su objetivo de 2028 para el primer alunizaje de la misión Artemis, en parte por motivos políticos: ahora coincide con la renovada política espacial del presidente Trump, que prevé el regreso de los estadounidenses a la superficie lunar para 2028, un plazo que se inscribe dentro de su actual mandato, que finaliza ese año.

Los analistas independientes no creen que el objetivo sea realista. Pero el Congreso ha respaldado la fecha con miles de millones de dólares del dinero de los contribuyentes, en parte porque hay un nuevo competidor en el horizonte.

Un vuelo de prueba del cohete chino
VCG / China Manned Space Agency
Un vuelo de prueba del cohete chino "Larga Marcha 10", el vehículo diseñado para llevar a los astronautas chinos a la Luna.

El surgimiento de China en este siglo como superpotencia económica y militar ha venido acompañado de un rápido avance de sus capacidades espaciales, y ahora se ha fijado el objetivo de llevar a un astronauta a la Luna hacia el año 2030.

Si el calendario de Artemis se retrasa, como creen muchos expertos, China podría llegar a la Luna primero. Su enfoque es más sencillo. Utiliza dos cohetes, un módulo de tripulación y un módulo de aterrizaje independientes, y evita la complejidad del reabastecimiento en órbita del plan estadounidense.

Marte, el sueño distante

Más allá de la Luna se encuentra Marte.

Musk ha hablado de llevar a los seres humanos al Planeta Rojo antes de que termine esta década.

Muchos expertos creen que es mucho más probable que sea, como muy pronto, en la década de 2040.

El viaje en sí mismo —de siete a nueve meses, a través de una intensa radiación y sin posibilidad de rescate— plantea retos que eclipsan con creces cualquier dificultad que suponga llegar a la Luna.

La escasa atmósfera de Marte hace que el aterrizaje de una nave espacial tripulada de tamaño real —y su posterior despegue— sea un problema de una complejidad abrumadora.

Una imagen de Marte.
NASA
Marte nos espera, pero ¿es un paso demasiado grande para la exploración humana?

Artemis II ha vuelto a poner los vuelos espaciales tripulados en el punto de mira. Las empresas privadas están construyendo cohetes y módulos de aterrizaje con auténtica urgencia. Europa debate actualmente hasta qué punto debe implicarse.

Mientras conducía por el Centro Espacial Kennedy tras el lanzamiento de la misión Artemis, me llamaron la atención los nuevos edificios construidos por Blue Origin y otros que SpaceX tiene en construcción: infraestructuras del sector privado situadas muy cerca de una agencia gubernamental que en su día envió astronautas a la Luna.

Aunque los plazos se retrasen, esta nueva colaboración parece indicar que algo especial está sucediendo en la costa de Florida, y la NASA ya ha recuperado parte de su antiguo encanto.

El astronauta de la ESA Alexander Gerst le dijo una vez a Aschbacher, tras regresar de la Estación Espacial Internacional, que la vista desde el espacio lo cambia todo.

Gerst le dijo al director de la ESA que desearía que los ocho mil millones de personas de la Tierra pudieran ir al espacio aunque fuera una sola vez y ver lo que él vio: un planeta pequeño, frágil y hermoso, al que la especie que tiene la suerte de vivir en él no cuida lo suficiente.

"Eso", dice Aschbacher, "crearía una vida muy diferente en el planeta Tierra".

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BBC

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FUENTE: BBC