La Casa Blanca con ruedas: así viaja Donald Trump
La caravana de Donald Trump, apodada "La Bestia", es un vehículo blindado de alta supervivencia construido sobre un chasis de camión pesado con múltiples capas de seguridad.
Donald Trump baja del Air Force One y automática, excepto ocasiones aisladas, sube rápidamente a "La Bestia".
Evan El-Amin / Shutterstock.comDonald Trump, presidente de Estados Unidos, viaja por tierra dentro de un sistema de protección que combina ingeniería militar, coreografía operativa e inteligencia en tiempo real. Quien lo observa por televisión percibe apenas un puñado de autos negros con luces, pero la realidad es otra.
La Casa Blanca rodante: un bunker móvil
La caravana presidencial es una Casa Blanca rodante con su oficina de comunicaciones, servicio médico, cuerpo de prensa y fuerza de combate. Es a la vez el lugar más seguro y el más peligroso de la ruta. La seguridad se deriva de las capas de blindaje y vigilancia, el peligro se sigue de la concentración del hombre más buscado del mundo en un solo punto en movimiento.
Antes de cualquier viaje, el Servicio Secreto inicia un trabajo invisible. La flota presidencial consta de un número finito de limusinas, estimado entre 16 y 20 unidades. Cada destino requiere que las más nuevas y capaces lleguen primero. Estos vehículos no recorren los kilómetros por sus propios medios, sino que cruzan el océano en aviones de carga pesados del Comando de Movilidad Aérea, casi siempre un Boeing C-17 Globemaster III o un Lockheed C-5 Galaxy. Por lo tanto, cada visita presidencial mueve, junto con el avión que transporta al mandatario, otro avión enorme que carga los autos, y a veces un tercero con helicópteros. El gasto en combustible y horas de vuelo supera al de muchos viajes empresariales internacionales completos.
Los "White Tops": Helicópteros Presidenciales
A los helicópteros conviene dedicarles un párrafo aparte. La unidad encargada se llama Marine Helicopter Squadron One, conocida como HMX-1 y apodada Nighthawks. Tiene base en Quantico, Virginia, a unos 60 kilómetros al sur de Washington. Opera una flota mixta de helicópteros con techo blanco, distintivo que les valió el nombre de White Tops. Hay tres modelos vigentes. El Sikorsky VH-3D Sea King, en servicio desde 1978, todavía vuela. El Sikorsky VH-60N White Hawk, prima cercana del Black Hawk militar pero pintada de blanco y modificada para transporte de altísimo perfil, entró en 1987. El Sikorsky VH-92A Patriot se incorporó en 2024 como reemplazo gradual de los modelos anteriores. Cualquiera de estos helicópteros, al transportar al presidente, recibe la denominación Marine One. Al transportar al vicepresidente, se llama Marine Two. El nombre, entonces, no pertenece al aparato sino al pasajero.
-
Te puede interesar
El motivo por el que Donald Trump no está contento con Benjamín Netanyahu
Vamos a la caravana. El orden cambia según la misión, el destino y el nivel de amenaza, pero la estructura típica sigue un patrón estable. A la cabeza marchan dos vehículos exploradores. El Route Car, o auto de ruta, va minutos por delante verificando el camino, informando de obstáculos y guiando a las unidades que despejan el tránsito. El Pilot Car, o auto piloto, va apenas un minuto o unos segundos por delante. Funciona como antesala inmediata de la caravana principal; lo acompañan motociclistas que cierran intersecciones y cruces elevados. Detrás vienen los sweepers, o barredores. Estos son pelotones de motociclistas y patrulleros locales cuya misión consiste en abrir paso para que la caravana mantenga una velocidad constante. Si alguna vez quedó atrapado en un atasco mientras el presidente visitaba su ciudad, la culpa fue de los barredores y de los cortes que ellos generaron.
El Lead Car, o auto guía, encabeza el núcleo de la formación, sirve de amortiguador y de guía. Suele ser una camioneta Chevrolet Suburban del Servicio Secreto; a veces es un patrullero local. En el Reino Unido fue alguna vez un BMW alquilado, sin embargo la identidad importa menos que la función.
"La Bestia": la limusina de Donald Trump
En el centro del paquete viaja el corazón del operativo. La limusina presidencial recibe el código Stagecoach, o diligencia, cuando lleva al presidente, y Spare, o reserva, cuando funciona como respaldo. Su apodo más famoso es The Beast, la Bestia. El nombre apareció hacia 2001 con la limusina de George W. Bush. La versión en servicio entró en 2018 con Donald Trump y toma sus líneas exteriores del Cadillac CT6. Su predecesora, basada en el Cadillac DTS y estrenada por Barack Obama en su asunción de enero de 2009, circula como reserva. Lo que parece un Cadillac muy pesado en realidad es un blindado de altísima supervivencia y lujo, construido sobre un chasis de camión pesado y vestido con una carrocería de aspecto civil. Si lo viéramos cortado al medio descubriríamos un blindado tipo MRAP, vehículo militar resistente a minas, escondido bajo una superficie elegante.
Las cifras dan vértigo. Las puertas miden más de veinte centímetros de espesor. El vidrio del parabrisas pasa los doce centímetros. Cada puerta pesa cerca de lo que pesa la puerta de un Boeing 757. La cabina permanece sellada herméticamente, con suministro de aire independiente, y resiste ataques nucleares, biológicos o químicos. El tanque de combustible va envuelto en una espuma que evita la explosión por impacto. Las cubiertas son llantas reforzadas con Kevlar capaces de seguir rodando aunque reciban un disparo. A bordo viaja una reserva de sangre del tipo del presidente. El peso oscila entre 6.800 y 9.100 kilos. La velocidad máxima ronda los 97 kilómetros por hora. El consumo de combustible llega a apenas tres kilómetros por litro. Es, en cierto sentido, el peor auto del mundo si lo medimos con criterios civiles. Pero se convierte en el mejor del mundo si lo medimos por capacidad de supervivencia. El precio público se sitúa entre $300.000 y $1.500.000 de dólares por unidad.
Sus críticos lo describen como un camión de asalto disfrazado de auto. La descripción es justa porque la altura del chasis es la de un sedán, lo cual le quita la libertad de movimiento de un blindado militar real. Resulta difícil maniobrar en calles estrechas y sufrió averías memorables. Una versión quedó atascada en una rampa de la embajada estadounidense en Dublín en 2011; otra falló en Roma durante una visita de Bush en 2007. La versión más reciente también tuvo episodios incómodos.
Conviene aclarar algo que muchos ignoran. Aunque Stagecoach suene como el nombre del auto, en rigor es el nombre del lugar donde va el presidente en ese momento. Si el presidente cambia de vehículo, el código Stagecoach lo acompaña. Toda otra limusina idéntica recibe el nombre de Spare, o reserva, y se numera. Los conductores ejecutan un juego de trile constante. Así, cambian de posición, se cruzan y fingen movimientos al tiempo que las placas de matrícula son idénticas en todos los autos. Un eventual francotirador debe apostar a ciegas a cuál de las tres o cuatro limusinas disparar. La probabilidad juega del lado del presidente.
Entrenamiento del Servicio Secreto
Los conductores son personal de máxima confianza dentro del Servicio Secreto. Se entrenan en el complejo James J. Rowley, en Beltsville, Maryland. Allí practican conducción defensiva, ofensiva, evasión bajo fuego, embestida controlada, frenado en condiciones extremas y escenarios tácticos con múltiples vehículos. La instalación cuenta con maquetas urbanas y rurales para reproducir cualquier escenario. Lo que ocurre allí dentro nunca llega a la prensa aunque las calles del mundo son la prueba final de que ese entrenamiento funciona.
Hasta aquí vimos cómo se prepara cada viaje, con una logística aérea que cruza océanos al tiempo que los helicópteros esperan en silencio en algún hangar cercano. Esta es la descripción del centro del operativo, esa Bestia blindada en el centro de la caravana. En la próxima entrega recorremos el cinturón que rodea a la limusina y veremos quiénes son los hombres armados que asoman por los portones traseros de las camionetas negras; qué hace ese vehículo extraño cubierto de antenas que viaja detrás del presidente; y qué pasa adentro de la furgoneta que mantiene al mandatario en contacto cifrado con el Pentágono incluso durante un traslado por carretera. También veremos cómo se transforma todo este sistema cuando el presidente recorre el interior rural del país a bordo de un autobús blindado del tamaño de un colectivo de larga distancia.
Las cosas como son.
*Mookie Tenembaum aborda temas internacionales como este todas las semanas junto a Horacio Cabak en su podcast El Observador Internacional, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.

