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El triángulo imposible: la pelea por los minerales que enfrenta a Brasil, China y Estados Unidos

La disputa por los minerales estratégicos profundiza la tensión entre China, Brasil y Estados Unidos en plena guerra comercial.



Brasil posee el 23% de las reservas mundiales de tierras raras, el 94% del nióbio global, el 26% del grafito y reservas significativas de litio, níquel y manganeso. Es el segundo país del mundo en riqueza mineral crítica, después de China.

Sin embargo, en 2025 exportó apenas $12 millones de dólares en tierras raras, el 99,4% de ese volumen con destino a China. Esta paradoja define el problema que Brasil tiene los activos pero no el poder, con los recursos pero sin la cadena.

Esto hace de Brasil el epicentro de la disputa geopolítica más relevante del decenio.

La estrategia china en Brasil no es nueva, y se aceleró cuando las inversiones hacia minerales críticos brasileños aumentaron un 113% en 2024 respecto al año anterior, según el Consejo Empresarial Brasil-China.

Entre tanto, Anglo American vendió sus minas de níquel en Goiás a la firma china MMG, filial de China Minmetals, por unos $500 millones de dólares. Con esa adquisición, Beijing controla ahora alrededor del 60% de la producción brasileña de níquel.

China no compra tierras, sino que toma posiciones en la cadena. Su modelo está probado en Indonesia, así, cuando ese país prohibió la exportación de níquel sin procesar, las firmas chinas relocalizaron sus plantas de procesamiento allí, y desplazaron la actividad intermedia al país productor. Brasil, con escala continental y base exportadora diversificada, es el candidato natural para una operación análoga a escala mayor.

El objetivo de Beijing es asegurarse de que, aunque Brasil diversifique compradores, la refinación, es decir el paso que convierte el mineral en insumo industrial, siga en manos propias. China domina alrededor del 70% de la producción global de tierras raras y el 90% del refinado. Incluso si una región contase con reservas, necesita a Beijing para convertirlas en insumos industriales. Esa es la llave maestra que China no soltará.

La reacción de EE.UU.

Washington llegó tarde y llegó a los empujones. En febrero de 2026 solamente, EE.UU. firmó 11 memorandos de entendimiento con países ricos en minerales, cuatro de ellos en América del Sur con Argentina, Paraguay, Ecuador y Perú; pero no con Brasil a nivel federal. La omisión es elocuente.

La táctica estadounidense con Brasil tiene tres vectores simultáneos, no siempre coordinados.

Primero, el financiamiento directo a empresas privadas con cláusulas de compras futuras, como el préstamo del DFC a Serra Verde, donde garantizan destino estadounidense para la producción.

Segundo, la presión diplomática a nivel federal, a la que Brasilia respondió con ausencias deliberadas, demuestra que los esfuerzos de EE.UU. por forjar una gran alianza en minerales críticos con Brasil se estancan, mientras el país sudamericano enfrenta dificultades para definir sus propios planes para el sector.

Tercero, y aquí está el elemento más perturbador, Washington firmó un memorando de entendimiento directamente con el estado de Goiás, gobernado por Ronaldo Caiado opositor de Lula, para cooperar en la exploración y producción de tierras raras, maniobra interpretada por funcionarios brasileños como un intento de sortear al gobierno federal.

Ese tercer vector no es diplomacia sino interferencia interna en año electoral.

Lula estableció una doctrina clara, aunque no siempre coherente en su ejecución: los minerales son soberanos, y Brasil no se compromete con nadie en exclusiva. En marzo de 2026 declaró: “Ya se llevaron todo el oro, toda la plata, todos los diamantes y ahora no vamos a permitir que nos quiten los minerales críticos que son del pueblo brasileño.” Las palabras no nombran a EE.UU., pero el contexto sí.

En la práctica, Brasilia ejecuta una estrategia de diversificación activa. Firmó con India un acuerdo pionero en minerales críticos en febrero de 2026. Negoció con Rosatom, la estatal nuclear rusa, la creación de la empresa conjunta llamada Nadina Minerals, para la extracción y procesamiento. Y mientras EE.UU. organizaba un foro sobre minerales en São Paulo con representantes de seis agencias federales, ningún alto funcionario del gobierno de Lula asistió al evento.

El problema estructural que Lula no resuelve es que el debate en torno a los minerales críticos estuvo encuadrado durante años en términos de quién tiene el mineral y cuánto. Brasil puede tener las segundas mayores reservas del mundo y ser un exportador primario si no construye capacidad de procesamiento propia. Y ese procesamiento requiere tecnología que hoy solo China tiene a escala industrial.

La Dimensión Electoral: el Tablero dentro del Tablero

Las elecciones brasileñas son el 4 de octubre de 2026 y las de medio término en EE.UU. son en noviembre; el orden importa.

A sus 80 años, Lula busca un cuarto mandato frente a Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, preso por golpismo. Encuestas recientes muestran un empate técnico en segunda vuelta con Lula con 46% y Flávio Bolsonaro con 43%, frente a la ventaja de 15 puntos que llevaba el líder izquierdista en diciembre pasado.

La confirmación de Geraldo Alckmin como compañero de fórmula es una decisión defensiva. Alckmin, de 73 años y proveniente de la derecha moderada, dejó atrás su histórica rivalidad con Lula para formar una alianza en 2022.

En 2026, su función es la de amortiguar la pérdida de apoyo de centro que muestran las encuestas, y enviar una señal a los mercados y a Washington de que una eventual segunda administración Lula no sería ideológicamente radical en materia económica.

El punto crítico es la intersección entre la geopolítica mineral y la política interna. Washington firmó con Goiás, es el estado de Caiado, un candidato de centro-derecha que emerge como tercera vía electoral si Lula cae en octubre, y la siguiente administración, sea bolsonarista o de centro-derecha, tendrá un perfil más receptivo a los acuerdos de minerales con EE.UU. en términos exclusivos. La apuesta estadounidense es estructural ya que si no pueden negociar con el gobierno actual, se siembra en los estados y se espera el resultado electoral.

China, por su parte, ya tiene posiciones instaladas en el subsuelo brasileño independientemente de quién gobierne. Sus inversiones no dependen del signo político de Brasilia, sino de contratos privados con empresas mineras. Esa es su ventaja táctica porque opera por debajo del nivel político.

Lo que se viene

La demanda de minerales críticos recibe impulso por tres vectores simultáneos. El primero es la transición energética global, el segundo es la infraestructura de inteligencia artificial y, finalmente, los centros de datos y la guerra moderna. Esta última es una competencia en ciencia material aplicada, con drones, misiles de crucero y cazas de quinta generación que en el fondo son paquetes de minerales críticos en forma cinética.

En ese contexto, lo que se viene es un aumento de la presión sobre Brasil desde todos los flancos. Si Lula gana en octubre, mantendrá la ambigüedad estratégica, porque es la única postura que le permite maximizar el valor de sus reservas sin comprometerse. Si gana la oposición, EE.UU. conseguirá el acceso preferencial que busca, pero a costa de entregar a Beijing el procesamiento, porque sin tecnología china no hay cadena de valor. Y si Brasil industrializa sus minerales localmente, la única opción que convertirá la riqueza geológica en poder real necesita décadas de inversión en capacidad científica, refinación y manufactura que ningún acuerdo de compras anticipadas financia.

El triángulo Brasil-China-EE.UU. en minerales críticos no tiene solución limpia para ninguno de los tres. Brasil tiene los activos pero no el procesamiento. EE.UU. tiene el capital pero no la tecnología de refinación. China tiene la tecnología pero no la legitimidad política para operar abiertamente en el nuevo contexto de guerra fría de materiales. Los tres se necesitan, todos desconfían, y negocian en paralelo con todo el mundo para no depender del otro.

Eso se llama multipolaridad en su versión mineral y durará décadas.

Las cosas como son

Mookie Tenembaum aborda temas internacionales como este todas las semanas junto a Horacio Cabak en su podcast El Observador Internacional, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.