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El pozo que cambió de nombre: el secreto de litio y tungsteno en Estados Unidos

Una empresa afirma tener la mayor reserva de tungsteno de Estados Unidos en un valle que antes promocionó por su litio y que la NASA busca preservar.

El litio fue primero; el subsuelo, mientras tanto, nunca cambió.

El litio fue primero; el subsuelo, mientras tanto, nunca cambió.

Generada con IA

Hay un valle en el desierto de Nevada donde no crece nada, se llama Railroad Valley pero su vacío es su riqueza. Debajo de esa planicie hay sales y aguas subterráneas que contienen litio, boro, potasio y, según su dueño, la mayor reserva de tungsteno de Estados Unidos. La historia llegó al público en agosto de 2026 mediante una exclusiva del Financial Times, y esa palabra, exclusiva, es parte del problema que analizamos. Porque la historia de ese valle es sobre dos formas opuestas de entender el valor, y también de cómo un diario respetado puede convertirse, sin proponérselo, en el vendedor de otro.

El tungsteno es el elemento con el punto de fusión más alto de la tabla periódica, así, resiste temperaturas que funden el acero. Por eso es indispensable en misiles, blindajes, herramientas de corte y componentes aeroespaciales. No existe guerra moderna sin tungsteno, pero China controla cerca del 80% de la producción mundial y desde febrero de 2025 restringió sus exportaciones. El precio subió casi 600% y los gobiernos occidentales descubrieron que un insumo esencial de sus arsenales depende de su principal adversario. Estados Unidos interrumpió la extracción de tungsteno hace una década y dejó una escasez real y también un pánico.

El negocio de la esperanza en la minería

Sobre ese pánico trabaja un tipo particular de empresa porque en la minería existen las compañías productoras, que extraen mineral y lo venden, y existen las promotoras, unas pequeñas que no producen. Su negocio es la adquisición de derechos sobre un terreno, luego perforan, publican informes sobre el tesoro que dicen tener debajo y con esos datos recaudan dinero de inversores. Desarrollar una mina cuesta miles de millones y demora una década. La promotora rara vez llega a ese final. Vive de la etapa anterior, la del relato. Durante esa etapa su producto no es el mineral sino la esperanza.

La Compañía de esta historia se llama 3 Proton Lithium. Es privada, tiene sede en Nevada y posee desde 2017 los derechos mineros sobre 58 millas cuadradas de Railroad Valley. El informe que el Financial Times vio en exclusiva declara 1,78 millones de toneladas de tungsteno, cinco veces más que el segundo depósito del país, con un valor estimado por la propia empresa en $152.000 millones de dólares. Su presidente declaró que no se trataba de una historia minera sino de una cuestión de seguridad nacional.

El nombre de la empresa hace una referencia al litio porque en 2023, cuando el litio cotizaba en máximos históricos por la fiebre de los autos eléctricos, la misma compañía presentó el mismo valle como el mayor depósito de litio de Norteamérica, un hallazgo que según sus directivos triplicaba las reservas del país de la noche a la mañana. Después el litio se desplomó y el entusiasmo se apagó. Tres años más tarde el tungsteno subió 600% y el mismo pozo resultó ser, ahora, el mayor hallazgo de tungsteno de la historia estadounidense.

Es perfectamente posible que ambos anuncios sean geológicamente ciertos. Las salmueras de este tipo suelen contener varios elementos a la vez, y nada impide que ese subsuelo guarde litio y tungsteno juntos. Existe incluso una explicación técnica que la empresa podría invocar. En minería se llama ley de corte a la concentración mínima de un mineral que hace rentable extraerlo, y esa frontera depende del precio. Cuando un metal sube 600%, algo que ayer era residuo sin valor se convierte hoy en el activo principal, sin que la geología cambie. El cambio de enfoque puede ser, entonces, financieramente racional. Pero racional y oportunista no son cosas excluyentes. De todos los elementos que dice tener, la corporación destacó en cada momento aquel cuyo pánico cotizaba más alto. En 2023 el mundo temía quedarse sin baterías y el valle fue un yacimiento de litio. En 2026 el mundo se inquieta por quedarse sin misiles y el mismo valle es un yacimiento de tungsteno. Cambió el precio de la angustia y el promotor no vende un mineral determinado, sino que ofrece el que el miedo del momento quiera comprar.

Los números merecen un examen aparte. Los $152.000 millones de dólares surgen de multiplicar las toneladas declaradas por el precio de mercado al momento del anuncio. Esa cuenta se llama valor en el terreno y es la cifra favorita de todo promotor porque suena enorme y no significa nada. No descuenta el costo de extraer, refinar ni transportar. Es como valuar el agua del mar multiplicando cada litro por el precio del agua mineral. El informe, además, lo produjo la misma empresa, sin certificación independiente conocida. Y el tungsteno jamás se extrajo comercialmente de salmueras en ninguna parte del mundo, sólo se intentó en California hace décadas y fracasó.

Aquí entra el segundo protagonista, la NASA. Un tercio de los reclamos de la empresa cae dentro de una zona que la agencia espacial usa desde hace casi 30 años para calibrar satélites. La calibración funciona con sensores que orbitan la Tierra miden la luz que refleja la superficie, y para verificar que miden bien comparan sus lecturas contra un lugar cuyo reflejo se conoce con exactitud. Ese lugar debe ser plano, uniforme, seco e inmutable. Railroad Valley es todo eso. En 2023 el gobierno federal prohibió por 20 años la minería en esa sección a pedido de la NASA, y concluyó que ningún otro sitio del país sirve para ese propósito. La empresa tuvo entonces su mejor argumento porque sostuvo que su método de extracción, el bombeo de salmuera mediante pozos, no requería excavaciones a cielo abierto y no alteraría la superficie. La NASA escuchó ese argumento, evaluó el riesgo y decidió que no valía la pena correrlo. La prohibición se dictó igual y desde entonces la compañía presiona al Congreso para revertirla.

La NASA y el conflicto por el tungsteno en Nevada

Muchos preguntarán por qué la NASA no se muda, pero el valor del sitio no es la geografía sino el tiempo, tiene tres décadas de registros de una superficie que nunca cambió. Esa serie histórica es lo que permite la verificación de los satélites que sostienen los pronósticos del clima, la agricultura de precisión y los sistemas de posicionamiento. Mudarse significaría un nuevo comienzo de un archivo de 30 años, algo que ningún presupuesto puede comprar. El activo de la NASA vale por lo que no cambió en tres décadas. Sin embargo, el activo del promotor cambia de nombre cada vez que cambia el precio. En el mismo valle conviven la forma más pura de la permanencia y la ocasión.

Queda el tercer protagonista, el Financial Times, este no cometió errores de hecho. Los precios que citó son correctos y el contexto chino es verdadero. Sin embargo, sus fallas fueron dos, y la primera es de método porque reprodujo la valuación de $152.000 millones calculada por la empresa sin explicar al lector que el valor en el terreno no es valor económico, y publicó cifras de un informe sin certificación independiente presentándolas como un descubrimiento. La segunda es de memoria, ya que jamás mencionó que la misma empresa vendió el mismo valle, tres años antes, con otro metal, aunque la historia estaba en los archivos de la prensa. Hay además un hecho que el propio diario admite en su nota porque el artículo se publicó mientras la empresa presionaba al Congreso para levantar la prohibición. Que esa coincidencia fuera buscada o casual es algo que imposible de demostrar, lo que sí se puede afirmar es el efecto, un promotor puede comprar perforaciones e informes, pero no puede obtener la legitimidad de un diario centenario, y en la práctica esa validación le llegó gratis y en el momento exacto en que más la necesitaba.

El rol del Financial Times y la validación de la empresa

La escasez de tungsteno es real. El dominio chino también lo es. Y, justamente por eso, el momento es peligroso cuando un miedo impacta y el promotor se vuelve indistinguible del pionero. Los dos cuentan la misma historia y solo el tiempo, o la química de una salmuera, revela quién decía la verdad. La prensa financiera existe para distinguirlos antes de que el tiempo lo haga. Cuando en lugar de separarlos les presta su firma, el lector queda solo frente al desierto, mirando un valle vacío donde cada uno ve el tesoro que su época le ordena ver.

Las cosas como son.

*Mookie Tenembaum aborda temas internacionales como este todas las semanas junto a Horacio Cabak en su podcast El Observador Internacional, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.